500 pesos por unos tacos: la incómoda sorpresa al llegar la cuenta en un restaurante de CDMX

Restaurantes en Ciudad de México han sido fuertemente criticados por sus cargos injustificados. (Getty Images)
Restaurantes en Ciudad de México han sido fuertemente criticados por sus cargos injustificados. (Getty Images)

Un nuevo caso de malestar en restaurantes de la Ciudad de México ha estallado en las redes sociales. El asunto no es nuevo. De hecho, en los últimos años las quejas por precios desorbitados, cargos injustificados, porcentajes absurdos (y obligatorios) de propina se han vuelto una constante. Y muchas de esas quejas provienen justamente de esta zona de la capital.

En esta ocasión, la polémica surgió luego de la usuaria Betzabé Zumaya reportara la increíble cifra que pagó en el establecimiento Terraza, ubicado en la corazón del Zócalo. "Me vieron la cara de turista en mi propio país, qué decepción. Llevé a unos amigos chilenos a una terraza frente a Palacio Nacional y esta fue la cuenta, unos tacos de arrachera de casi 500 pesos, sigo sin creerlo", comentó Zumaya en Twitter.

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En su cuenta se puede ver que, efectivamente, le cobraron cada orden de tacos de arrachera a 420 pesos. También le cobraron una cerveza en 385 pesos y una limonada de medio litro en 135 pesos. Además, pagó 200 pesos por cargos de servicio, y adicionalmente, un 20% de propina. Entre todo, fueron 4,415 pesos. Aunque su publicación recibió muchas muestra de apoyo, contando experiencias similares o compartiendo la indignación. Pero no faltaron los comentarios reclamándole y culpándola por la situación. "¿Eres periodista, recorres el mundo y no conoces buenos restaurantes en la capital de tu país? Existe una cosa llamada 'Carta de precios'. Te mereces que te cobren casi $400 pesos por una caguama".

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Las acusaciones contra restaurantes con terrazas, en la zona del Centro, no han parado en los últimos tiempos. En febrero de este año, la usuaria Sandra Garduño reportó que ella y sus acompañantes terminaron pagando 1,540 pesos (por los llamados "cargos de servicio"), cuando la cifra original era de 850. Al final, cuando intentó reclamar, el gerente del lugar adoptó un tono violento y rápidamente llegaron otros cuatro hombres al lugar, por lo que se vio orillada a aceptar el pago ante la intimidación.

Se puede decir, con razón y tomando en cuenta todos los antecedentes, que ver la carta es fundamental al momento de acudir a cualquiera de estos establecimientos. Hacerlo debería darse por descontado y, así, también se evitarían muchas sorpresas negativas. Porque un remedio infalible para el mal servicio consiste en no volver a acudir al lugar donde se ha padecido la peor de las atenciones. Pero, cuidado, porque esa sana costumbre para nada tendría que servir para justificar los precios elevados de cualquier comercio.

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Es como si dijeran: sí, que ellos den las cosas al precio que quieran, que abusen, que pongan porcentajes altísimos y absurdos de propina (la cual, se ha dicho hasta el cansancio, no es obligatoria): total, la culpa es de quien lo paga. Esa cultura es sumamente perjudicial para todos pues funciona como coartada perfecta para solapar y eternizar los abusos.

¿Cómo podría asistir uno con confianza a un sitio en el que no sabes cuánto terminarás pagando? Porque es verdad que cada salida contempla un presupuesto, y hay casos en los que dicho presupuesto se puede volver "pesimista" (como si se tomara en cuenta que los precios serán desproporcionados), pero son costos que se asumen por cuenta propia, que no imaginas que se puedan salir de un determinado margen.

Por alguna extraña razón, esa tendencia a culpar al consumidor y librar de los dardos a los comercios goza de cabal salud. ¿Qué lo explica? ¿Acaso sentimos superioridad cuando vemos que alguien ha sido estafado y agradecemos no haber estado en su lugar? ¿Nos congratula tener la inteligencia para entender que no comeremos en el lugar maldito ahora que sabemos a qué nos arriesgamos?

Los abusos no se detendrán de la noche a la mañana, porque, lastimosamente, se trata de una práctica generalizada en muchos restaurantes. Pero, en cambio, sí que se puede contrarrestar esa vocación estafadora y no hay mejor vía para hacerlo que generar una cultura que empatice con las quejas y que no las desestime sólo por "no haber visto la carta". Entender que un cliente estafado no tiene la culpa de los engaños, juegos sucios y demás trampas de un restaurante.

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