Más de 4 millones de mujeres en México reportaron que conflictos familiares iniciaron o aumentaron por la pandemia

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Más de 4 millones de mujeres en México percibieron que los conflictos en el ámbito familiar iniciaron o incrementaron durante la emergencia sanitaria por COVID-19, entre octubre de 2020 y octubre de 2021. De ellas, 1 millón 365 mil 577 dijeron haber experimentado al menos un incidente de violencia por parte de algún familiar, lo que representa el 23.7% del total de mujeres que reportaron haber vivido violencia en la familia en la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH). 

Por otro lado, para 26 millones 981 mil 618 mujeres (53.4%) los conflictos en el ámbito familiar se mantuvieron igual durante la emergencia sanitaria, lo cual, explicó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), no significa que estos no existieran antes de marzo de 2020. De hecho, de entre ellas, casi 3 millones reportaron haber vivido al menos un incidente de violencia familiar, aunque no hayan percibido que la situación se modificara, para bien o para mal, a partir del confinamiento. 

De acuerdo con la ENDIREH, las mujeres separadas, divorciadas o viudas percibieron en mayor medida que los conflictos iniciaron o aumentaron durante la emergencia (14.8%), seguidas de las solteras (8%) y casadas (5.3%). Mientras tanto, las solteras percibieron mayor disminución de conflictos (18.5%), seguidas de las casadas o unidas (16.7%) y las separadas (14.8%). En cambio, fueron las casadas quienes más reportaron que los conflictos se mantuvieron igual (55.7%), seguidas de las separadas (52.2%) y las solteras (42.6%). 

Sin embargo, otros indicadores recabados por diferentes instancias desde el inicio de la pandemia, como las estadísticas de la Red Nacional de Refugios (RNR), muestran que el incremento de violencias fue mayor que lo reflejado por la ENDIREH. Según la asociación civil, entre 2020 y 2021 las atenciones que brindó a mujeres víctimas aumentaron 55.59%, además de que recibió por lo menos una petición de ayuda vía telefónica cada hora. 

Ante el aumento de las violencias machistas, decenas de mujeres tuvieron que huir de sus hogares para salvar sus vidas y las de sus hijas e hijos, lo que acrecentó un 300% los rescates realizados por la RNR en 2020, en comparación con 2019. La Ciudad de México, el Estado de México y Puebla fueron las entidades donde se presentaron más casos. Para 2021, el aumento fue de 8%.

De las mujeres que contactaron a la RNR, el 38% denunció vivir violencia psicológica, 24% física y 9% varios tipos de violencia, incluida la sexual, económica y patrimonial; cuatro de cada 100 reportaron un intento de feminicidio. En tanto, el número de llamadas al 911 por violencia familiar y de pareja creció 3% entre 2020 y 2021, según los reportes del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), que muestran que las solicitudes de auxilio pasaron de 925 mil 950 llamadas a 949 mil 747.

Antes de la publicación de la ENDIREH, incluso el propio INEGI, en los indicadores que presentó como “La COVID-19 y su impacto en las mujeres en México”, señaló que el delito de violencia familiar registró la segunda mayor frecuencia y es el único que muestra un aumento importante de 5.3% entre 2019 y 2020.

Según estos datos, en el periodo de enero a septiembre de 2020, 9.2% de mujeres de 18 años y más declararon haber sufrido violencia en el entorno familiar. Sin embargo, en el mismo periodo de 2021, al relajarse las medidas de confinamiento y darse la reapertura de actividades económicas, este porcentaje disminuyó dos puntos para ubicarse en 7.2%.

¿Por qué la ENDIREH no refleja el incremento de violencia por COVID-19?

Katia Guzmán, del Observatorio Género y COVID-19, explica que existen varias hipótesis por las cuales la ENDIREH podría no haber reflejado el incremento de violencia durante la pandemia que se ha documentado con otros indicadores, como el periodo que abarca la encuesta, la distancia que hay entre este y la declaratoria de inicios de marzo de 2020 y el planteamiento de la pregunta. 

“En general, lo que encontramos es que no hay un indicador que nos detone el hecho de que la violencia empeoró, o al menos estas preguntas no lo capturan. La ENDIREH es un gran instrumento para entender las entrañas de la violencia hacia las mujeres, y para 2021 sí hay un aumento, pero de tres puntos porcentuales. ¿Por qué creemos que pasa esto? La violencia ya es un fenómeno tan extendido, tan generalizado, que sí llega a haber cierto techo, como una población de mujeres que ya no les toca vivir eso dadas sus condiciones”, señala Guzmán.

Lo anterior, considerando que la prevalencia general de la violencia hacia las mujeres, de cualquier manera, sigue siendo alta: mientras en la edición pasada, de 2016, el porcentaje general fue de 66.1%, para 2021 alcanzó el 70.1%. En tanto, el bajo porcentaje de las mujeres que detectaron el inicio o aumento de los conflictos a raíz de la pandemia puede explicarse mediante varias hipótesis.

Por ejemplo, el fraseo de la pregunta, que hace referencia específicamente a la declaratoria. “Haber elegido ‘el gobierno federal decretó el inicio de la emergencia sanitaria’ como referencia: el decreto no fue lo que nos cambió la vida, sino los confinamientos, los contagios, las defunciones. Ese fraseo muy específico, muy rebuscado, hizo a lo mejor que no conectáramos”, explica Guzmán.

Otra posible explicación por la que el incremento de violencias no fue capturado por la ENDIREH es la probable normalización dado el periodo extendido que había transcurrido entre la declaratoria de emergencia por COVID-19, el levantamiento de la encuesta y el periodo que refleja, de octubre de 2020 a octubre de 2021.

“Al ser un periodo de más de dos años, tiendes a normalizar; es literalmente la nueva normalidad. No hubo un fraseo que permitiera distinguir estos dos momentos de la vida. Esa parte de normalización, no solo de la violencia, sino de lo que ocurre en tu vida por el periodo extendido de la pandemia, puede explicar en parte que no se hayan registrado estos aumentos que las llamadas de auxilio y otros indicadores sí capturan”, precisa. 

Aunque el observatorio considera acertada la inclusión de esas preguntas para tratar de capturar el fenómeno de las violencias durante la pandemia, las circunstancias de levantamiento tuvieron efectos en las respuestas, además de que el incremento de violencias no solo se relaciona con quedarse en casa —como lo señala una de las preguntas—, sino con las muy diversas consecuencias derivadas de ese hecho. 

Alejandra Ríos Cázares, directora general adjunta de Desarrollo, Análisis e Indicadores de Gobierno, señala que se están dando lecturas erróneas de los resultados de la ENDIREH, ya que los datos del INEGI muestran que sí hubo un aumento en la percepción del inicio de conflictos durante el confinamiento, y que aquellas que reportaron que la situación se mantuvo “igual” no negaron la existencia de violencias, sino que percibieron que estas continuaron de la misma forma.

Ríos Cázares destaca, además, que los resultados de la encuesta están acotados a un periodo que no abarca por completo la temporalidad del confinamiento en México, ya que se preguntó a las mujeres su percepción sobre lo ocurrido solo entre octubre de 2020 y el mismo mes de 2021, además de que los datos presentados no distinguen las diferentes medidas de mayor o menor prohibición en los distintos estados del país.

“Los datos son congruentes con lo que se ha venido anunciando, o sea, las mujeres que vivieron violencia entre octubre del 2020 y octubre del 2021 nos están diciendo, en una mayor proporción, que la contingencia sí agravó los problemas”, afirma.

En el espacio público y privado, la violencia persiste

El Observatorio Género y COVID-19 y el Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) de la UNAM coinciden en que, más allá de los indicadores, es necesario subrayar la gravedad de que la violencia persista en el espacio público y privado. 

Edith Ortiz, académica del CIEG, destaca que, aunque el incremento de las violencias varió dependiendo del tipo —la violencia familiar aumentó más que los feminicidios y homicidios dolosos—, en ninguna medida se registró una disminución ante el confinamiento de las familias, que supuestamente permanecieron en un lugar que se percibe como más seguro, lo que, de entrada, elimina todos los prejuicios respecto de que las mujeres son violentadas por estar en la calle en determinados horarios o conductas.

“Es ahí donde tenemos que indagar y ver que el fenómeno es muy crudo: pensar que las mujeres estando dentro de casa vivieron violencia. Esto viene a romper la falsa idea que nos han hecho creer: que las mujeres son violentadas por estar fuera de su casa, en las noches, en un lugar oscuro, por ir a una fiesta, por la forma en la que se visten, por provocar a los hombres… la violencia está ahí, y está presente no solamente en los actos de maltrato físico o psicológico; hay una relación de poder que siempre se ejerce”, asegura.

En “La COVID-19 y su impacto en las mujeres en México”, el INEGI detalla que en marzo de 2020, al inicio de la pandemia, 78.6% de las mujeres consideraba que vivir en su ciudad era inseguro y, al iniciar el confinamiento, se dio una baja de ocho puntos porcentuales. En tanto, en el caso específico de la casa, percibido como lugar seguro para desarrollar sus actividades, 20% de las mujeres de 18 años o más reportó sentirse insegura en 2021. 

Entre enero y septiembre de 2020, el 9.2% de las mujeres mayores de 18 años reportó al INEGI haber sido violentada en el entorno familiar, principalmente por parte de personas con las que no tienen parentesco (42%); en segundo lugar, por su esposo o pareja sentimental (25.3%), seguidos de otros familiares (20.2%), la madre, padre, madrastra o padrastro (16%), un hermano (11.8%) o su hijo (8%).

“Un dato, por ejemplo, muy importante, de un panorama que venía ya desde antes de la pandemia, es que nos dice ONU Mujeres que cada día 137 mujeres son asesinadas por miembros de su propia familia. Ya veníamos cargando con estos números y de acuerdo a la Red Nacional de Refugios, hay un porcentaje muy alto, 57%, que reportó vivir violencia por parte de sus esposos o parejas”, subraya Ortiz.

De acuerdo con el INEGI, para 2021, entre enero y septiembre, cuando los reportes de violencia disminuyeron dos puntos, la madre, el padre, la madrastra o el padrastro se identificaron como agresores en 14.8% de las ocasiones, los hijos y las hijas en el 7.3%, los hermanos en 9.7% y otros familiares en 17.8%.

En cuanto a los actos de violencia cometidos por ​​el esposo o pareja sentimental, estos se incrementaron a 27.1%, aun cuando las medidas de confinamiento ya se habían relajado en el país, mientras que los incidentes provocados por agresores sin parentesco subieron a 44.9%.

“Los datos nos pueden ayudar a dimensionar, pero si no suben o bajan, más allá de eso habría que analizarlos con todo este contexto: la violencia que se dio durante la pandemia, y el confinamiento específicamente, la gravedad del asunto es que no bajó, se mantuvo, y eso también indica una problemática. Habría que desmenuzar, poco a poco, qué pasa con los datos”, señala la académica. 

A esto se suma que, probablemente, las cifras de ese periodo, incluso con los incrementos documentados, mantienen un subregistro, dado que las posibilidades de denuncia y el funcionamiento de algunas instancias también se limitó, agrega. La ENDIREH señala que el 78.3% del total de mujeres que vivió violencia no solicitó apoyo o presentó denuncia, 27.7% por considerarlo algo sin importancia o que no le afectó, 22.2% por miedo a las consecuencias y 18% por vergüenza. 

Para Katia Guzmán, los indicadores e información arrojados por la encuesta tampoco significan que haya que aspirar a volver a los niveles prepandemia: “Es ponernos la vara bajitita; hay que reconocer que hubo un cambio a partir de la pandemia en la forma como se manifestó la violencia contra las mujeres, pero regresar a los niveles prepandemia es una cosa que descartaríamos en absoluto; lo que queremos es erradicar la violencia hacia las mujeres”.

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