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En el nuevo álbum de Residente, un revoltoso abre su corazón

El rapero puertorriqueño de Calle 13 sitúa el romance junto a la resistencia en “Las letras ya no importan”.

Residente —el cantautor puertorriqueño René Pérez Joglar— miente, o al menos despista, con el título de su segundo álbum en solitario, Las letras ya no importan. Las palabras siguen importándole a Residente, y le salen a borbotones. Como siempre, es un rapero contundente, de largo alcance, que habla rápido y está decidido a comprometerse en varios frentes: el político, el cultural, el mitificador, el cibernético, el sardónico y —ahora más que nunca— el plano personal.

Residente surgió a principios de la década de 2000 como vocalista de Calle 13, el dúo con su hermanastro Eduardo Cabra (alias Visitante). Con Residente rapeando y Visitante supervisando los fondos musicales, Calle 13 conquistó el continente americano con canciones rebeldes, contundentes y que lo devoraban todo sónicamente. El virtuoso rap en español de Residente hacía alarde de una dicción impecable y una compulsión por transgredir los límites. A menudo era crudamente obsceno, científico e ideológicamente sofisticado en la misma canción. A medida que crecían la popularidad y las ambiciones de Calle 13, el grupo formó alianzas musicales y de activismo internacional con canciones como el manifiesto panamericano “Latinoamérica” en 2011. El dúo tomó caminos separados en 2015.

Para su primer álbum en solitario,
Residente
, de 2017, Pérez se hizo una prueba de ADN y siguió los resultados hasta sus tierras ancestrales, inspirándose en las tradiciones musicales locales y, en algunos lugares, visitando zonas en conflicto. El nuevo álbum no es tan ordenado a nivel conceptual.

Con las 20 canciones que Residente ha acumulado a lo largo de los últimos siete años, Las letras ya no importan es una enorme cosecha de ideas variadas, las hay minimalistas y fastuosas, arrogantes y justas, humildes e inesperadamente románticas.

El álbum está repleto de colaboradores, como los raperos Busta Rhymes, Big Daddy Kane y Vico C (un pionero puertorriqueño del reguetón) y los cantantes Rauw Alejandro y Christian Nodal, entre muchos otros. Se sumerge en el rock, el hip-hop de la vieja escuela, el flamenco, el son cubano, la música palestina, el electro y —en tono de burla— el pop. (“Quiero ser baladista” pasa repentinamente de un beligerante rap sobre acordes de guitarra eléctrica a un ardiente coro de canción de amor de nada menos que Ricky Martin).

El conjunto recupera sencillos de Residente como el ferozmente percusivo “This Is Not America” de 2022, que insiste en que “América no es solo EE. UU.”, y “Problema cabrón”, un rap blues-rock que se regodea en ser alborotador. El álbum concluye con el single de Residente de 2020 “René”, una confesión visceral de siete minutos que pone sus miedos y dudas sobre sí mismo al son de unas cuerdas sombrías y sostenidas de música de cámara, hasta que aparece Rubén Blades para un colofón impulsado por la conga.

Parece que “René” abrió el lado introspectivo de Residente. El single que presentó esta semana, “313”, recupera las cuerdas orquestales —junto con un coro, una poética introducción hablada de la actriz Penélope Cruz y una voz invitada con tintes flamencos de la cantante española Silvia Pérez Cruz— mientras Residente canta, más que rapea, sobre el amor, el tiempo y la eternidad. (Una versión de la pista de acompañamiento de la canción sin Residente, en la que el coro recita números sobre una orquesta, aludiendo a “Einstein on the Beach” de Philip Glass, reaparece como el corte que da título al álbum).

“313” es lo más tierno que Residente se ha permitido hasta que, casi al final del álbum, se une a Jessie Reyez en “El encuentro”, una balada desenfadada sobre el amor que persiste. Residente sigue reflexivo en “Ron en el piso”. Es una elegía por un primo, Julián, que gira en torno a pensamientos sobre hacerse mayor y haber pasado de ser una sensación rebelde a “una leyenda”. Residente cumple 46 años esta semana. Al rapear sobre acordes de balada de piano, musita: “Yo sé que ya no soy tan relevante”.

Pero aunque ya domina los tempos lentos, Residente no se vuelve complaciente, ni mucho menos se ablanda. Apoya los movimientos de resistencia en “Bajo los escombros”, una canción sobre los niños palestinos con Amal Markus, y en “En talla”, que cuenta con la colaboración del rapero cubano Al2 El Aldeano; la canción encuentra paralelismos entre el estatus de Puerto Rico como territorio estadounidense y la represión de Cuba, denunciando la corrupción gubernamental. A pesar de todos sus accesorios como “leyenda” —producción exuberante, colaboradores famosos— Residente sigue siendo controvertido, sigue pensando en propósitos y aspiraciones artísticas más elevados, sigue decidido a cumplir la promesa del hip-hop de que los que no tienen voz puedan hacerse oír.

Residente rinde homenaje al hip-hop vintage, reviviendo samples de los 80 en “Estilo libre” (con Big Daddy Kane y Vico C), y desatando un rap vertiginoso —sobre un ritmo lentísimo— de Busta Rhymes en “Cerebro”. Pero no promueve la nostalgia. En “El malestar en la cultura”, Residente insiste en mirar hacia delante y agitar las cosas, aunque su apoyo elegido sean acordes de piano medidos, violonchelo y un coro. “La cultura no se queda igual. Se adapta, cambia, se mezcla, se fusiona”, rapea. Luego establece una nítida, rítmica y decisiva declaración de intenciones: “Todo lo estructuro todo rompiendo las estructuras”.

Residente
Las letras ya no importan
(5020 Records)

Jon Pareles ha sido el crítico principal de música pop del Times desde 1988. Es músico, ha tocado en bandas de rock, grupos de jazz y conjuntos clásicos. Antes fue editor en Rolling Stone y el Village Voice. Más de Jon Pareles

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