Nueva York, entre el miedo a frenar la economía y el miedo a ómicron

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Invierno en Nueva York: entre el miedo a la crisis y el miedo a Omicrón
Invierno en Nueva York: entre el miedo a la crisis y el miedo a Omicrón

Sobre la acera de la calle 58, cerca de la terminal naval de la zona sur de Brooklyn —uno de los cinco distritos que conforman a una de las ciudades más famosas del mundo— la gente espera agarrotada. Aunque la mayoría lleva chamarra, gorros, guantes, botas y debajo de todo eso la ropa térmica, la mañana de 0 grados y la sensación térmica de -6 seis pega sin demasiada clemencia. El frío asusta hasta a las ganas de charlar. El silencio es lo que predomina.

La gente espera por una prueba gratuita para saber si se está contagiada de COVID-19 toma de dos a tres horas en este sitio (en otros rebasa las seis) aunque el recabar la muestra no lleva más de cinco minutos. Y luego viene otra espera, la de los resultados: de 48 a 72 horas para que el positivo o negativo llegue al correo electrónico.

En la misma ciudad, pero en un distrito distinto —Manhattan— también abundan las filas, aunque de otro tipo. Afuera del popular restaurante de pizzas “John´s of Times Square” la gente espera con impaciencia por un lugar dentro del establecimiento. Aquí el frío no ahuyenta la charla. En la línea hay de todo: desde jóvenes bromeando hasta parejas de turistas tomando fotografías. El único requisito para ingresar al local, además de paciencia, es enseñar el certificado que prueba que la persona se ha aplicado las vacunas contra el COVID completas.

Y a una cuadra de distancia, una fila más: la del famoso cine “Empire”. Decenas de personas aguardan su ingreso para ver la cinta del momento, Spider-Man No Way Home, que en su primer fin de semana ha recaudado más de 200 millones de dólares en Norteamérica. Por si fuera poco, las pantallas gigantes de la esquina de la 8va y la 4ta ya anuncian el inminente estreno de Matrix 4 para este miércoles 22, el otro gran blockbuster de diciembre.

Así, el invierno encuentra a una ciudad de Nueva York dividida en dos. Por un lado, se palpita un creciente miedo a la propagación del COVID-19 impulsada por la variante ómicron; pero por el otro, se advierte el miedo del impacto que traería frenar la actividad económica y turística si se privilegia el cierre de negocios para frenar los contagios.

“Tenemos que movernos rápido para buscar soluciones como ciudad. La propagación es real, pero detener las actividades económicas no es un escenario deseable. No al menos ahora”, declaró apenas el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio.

El presidente de los Estados Unidos, John Biden, anunció en un mensaje dirigido a la nación el reforzamiento de la estrategia sanitaria con acciones como ampliar la capacidad hospitalaria, impulsar la distribución de mascarillas y pruebas de COVID en sitios aislados, incrementar los puestos de detección que ya suman más de 20 mil en el país y acelerar la aplicación de terceras dosis… pero nada que implique frenar o suspender un negocio, evento o actividad.

La situación que los datos oficiales revelan, sin matices, es crítica. Este 21 de diciembre se confirmaron, tan solo en Nueva York, 23 mil nuevos contagios de COVID en el estado. Por cuarto día consecutivo es un nuevo récord. El promedio de contagios, en general, se ha elevado más del 90% en diciembre y la tasa de hospitalizaciones entre personas no vacunadas se duplicó en menos de cuatro semanas.

Las calles reflejan el miedo creciente al contagio. En los 80 sitios públicos de pruebas de COVID gratuitos ubicados en Nueva York se reportan grandes filas cuando hasta hace dos semanas estaban desiertos. Por ejemplo, en el puesto ubicado en la clínica “MedRite Urgent Care” del vecindario conocido como “Park Slope”, en Brooklyn, la fila llegó a ser hasta de 100 personas. El tiempo de espera, con temperaturas de cero grados, superaba las seis horas de acuerdo con lo que dijo personal a cargo del puesto a Animal Político.

Las principales cadenas de farmacias en la ciudad y en el país, Walgreens y CVS, anunciaron que tienen problemas para abastecer sus estantes con un mayor número de pruebas rápidas, ante lo que denominaron como “una demanda sin precedentes”. Hacerse de una de ellas en uno de sus establecimientos es tarea casi imposible.

A través de las redes sociales de las distintas colonias abundan los mensajes de vecinos preguntando por tiempos de espera en cada sitio de pruebas para elegir uno que esté menos congestionado. La ciudad anunció que se prevé incrementar para el fin de semana a 120 los puestos de pruebas gratuitos en un esfuerzo por agilizar los procesos.

El gobierno también ha fortalecido los llamados de emergencia para que la gente se vacune, pero ahora con la clara advertencia de que ómicrón puede poner en riesgo serio a quien no esté inmunizado. A diferencia de lo que sucede en México y en otros países, en Estados Unidos la gente puede vacunarse hasta en su farmacia local y escoger si prefiere Moderna, Pfizer o Johnson. Pero muchos no han querido hacerlo.

Sin embargo, el surgimiento de la nueva ola combinado con el temor a enfermarse y tener que aislarse parece estar animando a los indecisos. Por ejemplo, en el complejo instalado por el Departamento de Salud de Nueva York en la Terminal Naval de Brooklyn se han vacunado a dos mil personas en diciembre, el doble que en el mes pasado.

El proceso, como pudo verificar Animal Político, es sencillo y rápido. Se puede programar una cita a través de una página de internet para agilizar el registro, pero si se prefiere, basta con llegar y mostrar una identificación para que una asistente capture los datos. Todo el procedimiento, incluyendo los 15 minutos de reposo tras la aplicación de la vacuna o del refuerzo de esta, no toma más de una hora. La vacuna es gratuita y no importa si eres residente o no de esta ciudad, o incluso si eres inmigrante o un turista de paso.

En un esfuerzo por potenciar la inmunización el alcalde De Blasio anunció el relanzamiento de una estrategia que ya se había puesto en marcha en mayo pasado: una gratificación de 100 dólares, pero esta vez, para todos aquellos que se pongan la dosis de refuerzo o booster, como se le denomina en este país a la inmunización complementaria.

Entre seguir o parar

“Detener todo no es una opción que estemos considerando…” es la frase que ha pronunciado el alcalde De Blasio, y con la que concuerdan la mayoría de los vendedores, comerciantes, trabajadores, meseros y en general la población de Nueva York. “Apenas nos estamos recuperando”, dice Luisa, una empleada de un supermercado ubicado en la Quinta y Unión Street, en Park Slope.

Seguir o parar… privilegiar la salud o la economía. La ciudad se bate en esta contradicción. La partida, por ahora, parece aventajarla la apuesta por tratar de mantener las cosas en marcha, de no cerrar negocios, de no limitar cupos. Tampoco restringir el desplazamiento en las calles o las clases en las escuelas. Nada parecido a esos cierres casi totales que han anunciado otras naciones como Bélgica o los Países Bajos.

“Esto no es marzo de 2020. Hoy tenemos más de 200 millones de personas totalmente vacunadas. Estamos mejor preparados para afrontar la pandemia”, repitió en al menos tres ocasiones el presidente Biden.

En lo que sí se ha pedido hacer hincapié es en dos medidas que ya estaban desde hace meses en Nueva York, pero que se habían relajado: el uso del cubrebocas obligatorio en los locales cerrados, y la presentación del carné de vacunación completo para permanecer o incluso para ingresar a un establecimiento. En los famosos museos de la capital neoyorquina, por ejemplo, se advierte que el ingreso y permanencia de los visitantes depende del irrestricto cumplimiento de estos dos requisitos.

Los centros escolares tampoco han frenado actividades. Ni los colegios de nivel básico, ni planteles de educación superior como la Universidad de Columbia o la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY) han detenido sus actividades de fin de semestre, aunque los avisos de nuevos contagios entre estudiantes y profesores se han multiplicado. La apuesta va por el autoaislamiento de los contagiados, y pruebas para todos aquellos que hayan estado en contacto.

Pero la decisión de seguir pese a los contagios en algunos casos ya ha topado con pared. Por ejemplo, en el famoso circuito teatral de Broadway se ha anunciado la suspensión temporal de 31 obras que estaban en exhibición, luego de que los contagios se propagaran entre los elencos y el personal técnico. “El Rey León”, “Hamilton” y “Aladdin” figuran entre los shows que han sido cancelados.

El musical de “El Cascanueces” a cargo del prestigioso Ballet de la Ciudad de Nueva York, también sufrió un importante revés. La función programada para la tarde de este martes en el emblemático Lincoln Center fue suspendida después de que se confirmara el contagio positivo de miembros de la producción y no hay ninguna certeza de que pueda continuar.

La famosa celebración de año nuevo en Times Square, que convoca cada año a decenas de miles de personas al centro de Manhattan, también pende de un hilo. El alcalde De Blasio declaró que se estaba analizando seriamente la continuidad de dicho evento y reconoció que cancelarlo es una de las posibilidades. Hasta este martes los preparativos seguían en marcha.

Los partidos de la liga nacional de hockey sobre hielo (NHL por sus siglas en inglés) ya fueron suspendidos, al menos hasta diciembre 25, luego de que se reportaran numerosos contagios en varios equipos. Incluso la preparación y participación de varios jugadores para los próximos juegos olímpicos de inviernos (ha desarrollarse en febrero en China) está en riesgo.

La cadena de cancelaciones alcanzó incluso a la gala en la que Eric Adams, el alcalde electo de Nueva York, tomaría posesión del cargo en sucesión a De Blasio, quien se rumora buscará la gubernatura del estado para 2022. El evento se realizaría antes de que acabe el año, pero la decisión del equipo del candidato electo fue cancelarla para evitar la exposición de los asistentes al evento a puerta cerrada.

“Seguir hasta donde se pueda sin cerrar…” es lo que dice Adan, un mesero de una famosa cadena de cafeterías en la séptima avenida al norte de Brooklyn. Esa parece ser la apuesta no solo de ellos, sino de las autoridades de la ciudad y del país entero.

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