¿Y si incorporamos genes de tardígrado en nuestro ADN para protegernos contra la radiación?

Imagen al microscopio de un tardígrado en estado activo. (Crédito imagen: Wikipedia).

Hace muchos años, traduje por placer algunos ensayos que Stephen Hawking escribió sobre temas variados, como el viaje al espacio. Lamentablemente todos aquellos textos, que estaban publicados en castellano en aquel germen de internet anterior a los blogs y a las redes sociales, han desaparecido de la red. Recuerdo que en una de aquellas charlas, Hawking especulaba sobre el futuro de la humanidad, a la que veía en riesgo de verse remplazada por otro tipo de ser mejorado genéticamente, un “superhumano” para hablar más propiamente, con el que nos resultaría imposible competir. Seguro que si habéis visto la muy recomendable película “Gattaca” (1997) sabéis de qué hablo.

Aquella distopía me parece cada vez más posible. De hecho hace apenas unos días os hablé en este mismo blog sobre una herramienta de edición genética llamada prime editing, que promete hacer maravillas en el tratamiento contra enfermedades genéticas basadas en mutaciones dañinas. Más o menos todos entendemos que un padre aquejado de un gen capaz de provocar enfermedades mortales en sus hijos decida – si la tecnología lo permite – librar a su descendencia de esa pesada carga. ¿Pero dónde empieza la prevención y donde el salto a esa generación de superhombres que podría remplazarnos tal y como temía Hawking? Llegado el momento ¿quién decidirá cuándo una modificación genética es aceptable y cuándo no?

Imagen de Marte tomada por la orbitadora Viking. (Crédito imagen: NASA/JPL/USGS).

Pensemos en la expansión de la humanidad por el espacio, o si lo preferís para ir paso a paso, del viaje a Marte. Uno de los principales riesgos a los que se expondrán los futuros astronautas es el de la exposición a los altos niveles de radiación. Sin la protección de la magnetosfera terrestre, su ADN se podría ver alterado al enfrentarse a niveles letales de radiación solar, rayos gamma, rayos cósmicos etc.

Y ahora pensad en algunas soluciones que la naturaleza ha encontrado a este problema aquí mismo, en la Tierra. Seguramente habéis oído hablar en múltiples ocasiones de los tardígrados u osos de agua, unos animales microscópicos asombrosamente resistentes que precisan del agua para prosperar, pero que en su ausencia puede encogerse, desecarse y prácticamente desconectarse de la vida durante años o incluso décadas.

Pues bien, estas diminutas criaturas pueden sobrevivir a los entornos más brutales conocidos por el hombre, incluidas las temperaturas cercanas al cero absoluto del espacio profundo, mientras soportan niveles de radiación hasta 1000 veces más elevados de los que cualquier otra criatura de la Tierra podría encarar. ¿Su secreto? La hibernación intensa, que básicamente consisten en una deshidratación en la que se remplaza toda el agua de sus cuerpos con un azúcar que se endurece formando un bio-vidrio. Además, los núcleos de las células de estas criaturas cuentan con una proteína (llamada Dsup, abreviatura del inglés “supresor de daños”)  que les protege contra la radiación.

¿Podríamos modificar el genoma humano con ADN de tardígrado para que nuestras células sobrevivan al viaje a Marte? Esa es la pregunta que se ha hecho Chris Mason, un genetista y profesor asociado de medicina y biofísica de la Universidad Weill Cornell de Nueva York.

 

Scott Kelly (izqda.) y su hermano Mark Kelly (dcha.) durante una conferencia de prensa. (Crédito imagen NASA).

Mason es el líder de uno de los 10 equipos de investigadores que la NASA eligió para el estudio médico de los gemelos astronautas Mark y Scott Kelly, de los que también os he hablado en este blog. El conocimiento extraído de todos esos estudios debería servir para crear estrategias de soporte a la salud de los futuros astronautas.

En lo relativo a los problemas con la radiación, a corto plazo esas estrategias comenzarán basándose en fármacos y en construcción de escudos protectores. Pero si queremos establecer bases en Marte o viajar más allá tendremos que encontrar trucos que permitan a las células hacerse más resistentes a los efectos de la radiación. ¿Y si esas estrategias pasan por modificar genéticamente a los humanos para incorporar esa proteína Dsup que protege a los tardígrados?

Para Mason, que cree que en dos décadas de trabajo podríamos ser tecnológicamente capaces de semejante logro, dicha modificación podría superar los límites éticos a los que cualquier modificación genética se enfrenta si logramos un mecanismo que la “active o desactive” a voluntad. Sería genial contar con dicha ventaja cuando se caminase por el suelo rojo de a Marte, y que luego se pudiera “apagar” cuando regrásaramos a la Tierra.

Mason cree además que dicha tecnología sería también de ayuda en oncología. Si los médicos pudieran proteger contra la radiación solo a las células pulmonares sanas, los tratamientos radiológicos contra tumores de pulmón serían mucho más eficientes.

¿Y tú, verías con buenos ojos que se modificara el genoma humano de loas astronautas para conferirles alguna ventaja de cara a la expansión espacial de nuestra especie?

Me enteré leyendo Space.com