Volver a la escuela, a la escuela real

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Las escuelas no darán clases, pero continuaran abiertas. Se reemplazarán los comedores por entregas de viandas
Diego Lima

Gustavo Iaies fue una de las voces autorizadas que pidió a lo largo de las restricciones por el coronavirus Covid-19 que los estudiantes estuvieran en las aulas. La siguiente columna fue publicada el 17 de junio de 2020; solo habían pasado cuatro meses desde el inicio de la pandemia y el autor ya destacaba la importancia del regreso a las clases presenciales.

Las galletitas “Manón” en el bolsillo, el delantal blanco planchadito, los cuadernos forrados con araña azul, eran algunas de las rutinas de la llegada a la escuela. La maestra que conocíamos al llegar, el beso que nos daba y la felicitación por los cuadernos, o por lo blanco del delantal: “Esperemos que dure así todo el año, nos decía”. No era un comentario sumamente gracioso, pero era un modo de decirnos que nos había visto y que nos iba a cuidar.

Muchos años después, la pandemia y la cuarentena se apropiaron de muchos de estos valores, de los compañeros, del desayuno en la escuela, de la compañerita que nos gustaba, de la maestra recta, etc.

¿Dónde está todo esto en el Zoom? Ese primer encuentro con la sociedad, con "los otros", con el conocimiento, se lo ha tragado la cuarentena, no lo trae ninguna plataforma.

La vuelta a la escuela requiere un encuentro con muchas de esas cosas, los chicos, las experiencias, entre los docentes y un proyecto de trabajo para ver hasta dónde han llegado los alumnos en términos de aprendizaje y qué les ha pasado en el terreno afectivo.

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En cuanto a los contenidos y competencias, hay que trabajar con alguna evaluación que nos permita tener una foto respecto del punto de partida en la nueva etapa. Ese punto de partida incluye, lo que se ha aprendido y el nivel de los hábitos de trabajo que transmita la prueba.

No es malo realizar algún trabajo de meta-cognición, preguntarle a los chicos por lo que han podido aprender y lo que sienten que no han logrado. Es bueno sentarse con ellos y ellas a conversar sobre la experiencia que han atravesado, la situación en la que se encuentran, lo que esperan del futuro.

Por otro lado, hay que mirar el currículum con el criterio de definir lo que es básico enseñar y lo que no resulta tan importante. Y dentro de lo importante, trabajar sobre lo que se debe enseñar en la escuela y lo que puede derivarse a proyectos de trabajo en casa. Allí las plataformas digitales pueden ayudar mucho, y eso es quizás lo que hemos aprendido en este tiempo.

Reencontrarse con los chicos después de tanto tiempo, en una situación tan particular, implica reconstruir los hábitos, los vínculos, y empezar a trabajar desde un punto cierto que permita avanzar. Tengamos claro que eso ocurre en un proceso, que se irá dando en el tiempo. El beso de la maestra, el encuentro con los compañeros, las rutinas cotidianas, deben estar entre lo primero.

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Es fundamental que la escuela actúe en equipo, con un director que articule y contenga a los diferentes docentes, que constituya un equipo. Los docentes también necesitarán encontrarse, conversar de lo que han sido sus experiencias, y acordar un proyecto de trabajo a futuro.

Es preciso entender que tanto los alumnos como los docentes, deben ir recorriendo un camino que les permita avanzar a todos, un camino de construcción de hábitos y rutinas de trabajo. Para hacerlo, es importante tener un plan, con metas claras para el conjunto de los actores.

La escuela debería construir un nuevo diálogo con los padres, acordar con ellos el modo de acompañar a los chicos en este nuevo momento, explicitar las expectativas de cada uno.

El nuevo camino debe empezar a ser pensado; ha quedado claro que la escuela es una combinación de conocimiento, afecto, rutinas y parámetros. La reconstrucción, tiene un poco de todo, la tecnología debe participar, quizás más que hoy, pero debemos volver a escuchar a esa maestra que espera que el delantal dure blanco todo el año.

Los chicos necesitan de contención, afecto, parámetros, además del conocimiento, sin perder el vínculo con ese mundo en el que hay personas con las que podemos construir muchas cosas.

Director de la Escuela de Gestión Educativa-ESEADE

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