Vivos y muertos tienen cita esta 'Noche de Muertos' en Michoacán

Hacía 2 años que –a causa de la pandemia de Covid 19- Teodoro Pérez Joaquín no regresaba a los panteones; “fue el miedo a morir de esa mendiga enfermedad lo que me alejó de mis muertos”, confiesa en una mezcla de temor y enojo. Ahora, sabiéndose vacunado pero sin descuidar las medidas de higiene, con mayor confianza ha retornado para, junto a su esposa y sus padres ya finados, celebrar la Noche de Muertos.

Teodoro tiene 85 años de edad, y desde hace por lo menos 17 años ha visitado constantemente la tumba de su esposa. Ella murió en el 2005, y desde entonces nunca le habían faltado las flores y las veladoras durante la celebración de la Noche de Muertos. “Solo en el 2020 y 2021 no vine a traerles sus ofrendas de muertos”.

Ahora que ya ha pasado la contingencia sanitaria por la pandemia, dice don Teodoro con algo de pícaro alivio, “ahora sí ya estoy de regreso. Estoy aquí para convivir con mis muertos”. Él no está solo, lo acompaña su hija Maria de la Salud Pérez, la que afanosa también hace los arreglos sobre las tumbas de sus abuelos y su madre.

En el panteón de Tzintzuntzan, la antigua capital del imperio Purépecha, en la zona lacustre de Michoacán, vivos y muertos ya se dieron cita para la Noche de Muertos. Luego de dos años de pandemia por fin se vuelve a celebrar la milenaria tradición que nunca –al menos no existe registro oficial- se había suspendido antes.

El regreso de la Noche de Muertos es una festividad cargada de misticismo y tradición que en esta parte del epicentro michoacano vuelve a dar vida a los pueblos indígenas, los que se visten de amarillo y morado, con sus flores de cempasúchil y mota de obispo para darle la bienvenida a los miles de paseantes que habrán de recorrer esta región, en la Ruta Don Vasco, entre la noche del 31 de octubre y el 2 de noviembre.

De acuerdo a la Secretaría de Turismo del estado de Michoacán, en la zona lacustre, que comprende las localidades de Pátzcuaro, Quiroga, Tzintzuntzan, Santa Fe de la Laguna y Zacapu, se estima que entre la noche del 31 de octubre hasta la noche del 2 de noviembre, acuda una afluencia turística de más de 760 mil paseantes, los que atestiguaran el renacimiento de la Noche de Muertos.

Y claro que se trata de un renacimiento de esta tradición, explica la regidora de Turismo del municipio de Tzintzuntzan, Ivania Robledo la que estima que luego de la pandemia Covid 19, en este primer año en que se vuelve a celebrar la tradicional Noche de Muertos, se espera un reajuste turístico con todo lo que ello representa:

“Esperamos repunte importante en la derrama económica que dejan los turistas, principalmente en gastos de alojamiento, transporte alimentación y consumo de artesanías locales”, pero no solo eso. También se espera que la tradición de la Noche de Muertos resurja con más fuerza entre todos los pobladores locales, los que luego de estar lejos de los panteones por dos años, ahora regresan con más ánimos de reunirse con sus muertos.

El pensamiento místico

En la cosmogonía del pueblo purépecha, entre las noches del 31 de octubre y del primero de noviembre, el alma de todas las personas que han muerto siempre regresa para seguir conviviendo con sus familias. Las almas de los niños, son las primeras en llegar. Se hacen presentes apenas cae el sol del 31 de octubre y todavía apenas amanecido el día primero de noviembre sus ánimas juguetean entorno a sus tumbas o en los altares que se les levantan en sus casas.

Las animas de los muertos adultos llegan siempre, muy puntuales, con las primeras sombras de la noche del 1 de noviembre. Las atrae el olor de las flores. El olor es el rastro que siguen desde el inframundo hasta el panteón en donde les esperan sus familias, según cuenta la tradición local.

“Los muertos ven el color amarillo de las flores (cempasúchil). Les gusta ese tono de amarillo, porque es muy parecido al amarillo del sol de las mañanas y de las tardes sobre el lago de Pátzcuaro –explica don Teodoro-. Por eso les colocamos las flores amarillas sobre sus tumbas para que no se pierdan en el camino”.

Cuando los muertos, infantes y adultos, transmutados en danzantes ánimas que conviven sobre sus tumbas con sus familias que salen a recibirlos, llegan al panteón, es cuando comienza la verdadera celebración de la vida, la que en la cosmovisión del pueblo purépecha está estrechamente ligada a la muerte.

“La muerte no es el fin de la vida –explica don Teodoro, mientras coloca unas flores sobre la tumba de su esposa-. La muerte es la continuación de la vida. Sin la muerte la vida no estaría completa, igual que la vida no está completa sin la muerte, y sin la muerte no podría resurgir de nueva cuenta la vida”.

Michoacán, un estado de muerte

La cosmovisión del pueblo Purépecha sobre la muerte, sino fuera porque se trata de una filosofía milenaria, podría resultar chocante tanto romanticismo sobre la muerte frente a la realidad social que viven los michoacanos: la celebración de la Noche de Muertos, solo es un oasis en la cotidianidad de la violencia que se vive en esta entidad.

De acuerdo a cifras oficiales el estado de Michoacán desde hace por lo menos un año, desde que el actual gobernador, Alfredo Ramírez Bedolla, emanado de las filas del oficialista partido Morena, mantiene un registro promedio de muertes que oscila en forma mensual entre los 760 a los 790 homicidios dolosos, la mayoría de ellos relacionados con eventos de violencia generados por los grupos asociados a la delincuencia organizada.

El estado de Michoacán, donde se venera a la muerte en estas celebraciones ancestrales, no está distante de ese culto en la práctica: Michoacán es el tercer estado más violento de todo México, apenas superado por las cifras de homicidios dolosos que se registran en Guanajuato y Jalisco, en donde también prevalece el culto a la muerte.

Como única respuesta a la situación de crisis de inseguridad que padece Michoacán, el gobierno federal solo ha atinado a destinar un grupo de 4 mil militares para que, en una remasterización de la estrategia de la llamada Guerra Contra el Narco de Felipe Calderón, ayude a garantizar la seguridad de todos los michoacanos.

Si no fuera por el turismo…

Pero frente a la violenta realidad que encara Michoacán, la única salida es el oasis de la celebración de la Noche de Muertos, que como dice la regidora Ivana Robledo “es una celebración de vida que muestra al mundo el mejor de los rostros de la cultura purépecha y la vocación de servicio y hospitalidad de los michoacanos”.

Lo único que lamenta la regidora Ivana Robledo es que el gobierno federal no entienda la importancia de la promoción de la Noche de Muertos a nivel nacional y mundial, pues en esta ocasión la federación y el gobierno de Michoacán solo invirtieron la suma de 180 mil pesos para promocionar las festividades entre los turistas nacionales e internacionales.

Esa es también otra forma de violencia. El tener eventos de talla mundial y no invertir para su promoción, apostándole a que se muera la tradición milenaria, es también una forma de negar alternativas de desarrollo social y cultural a las nuevas generaciones de michoacanos.

Gracias al turismo que incipientemente -por parte de los gobiernos locales- sigue siendo apoyado en inversiones en esta parte de Michoacán, se estima que son cientos los jóvenes que tienen trabajo y ocupaciones honestas, que les alejan cada vez más de la posibilidad de convertirse en carne de caño de cualquiera de los 13 carteles de las drogas que se disputan la geografía michoacana.

La Noche de las Ánimas

En el panteón de Tzintzuntzan los rezos han comenzado desde muy temprano este 31 de octubre. Las primeras ánimas de los niños muertos han comenzado a llegar con el viento helado de la tarde. El aire se inunda de olores a cera, veladoras y flores de cempasúchil. Los rezos se tienden sobre el pueblo y hacen latir los corazones.

En el templo de la Soledad, Los Santos Cuatitos son los más visitados por los dolientes que siguen a la espera de la llegada de las ánimas de sus niños. Las plegarias a los Cuatitos van acompañadas de flores y juguetes. A veces, solo por no dejar, los devotos que esperan la llegada de sus muertos le dispensa una oración a la Virgen de la Soledad o al Cristo que Crece.

En el panteón es noche de vigilia…

Este artículo fue publicado por primera vez en Los Angeles Times en Español.