Venezuela: cómo fue el plan del chavismo para asediar a la oposición en Caracas

Daniel Lozano
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CARACAS.- "Lo que está ocurriendo en la Argentina es la misma dosis que aplica este tipo de regímenes autoritarios, que usan la fachada de la democracia pero que al fin y al cabo nunca respetan la leyes ni la descentralización de poderes". Si alguien ha sufrido en sus propias carnes la embestida del chavismo para arrebatarle el mandato que le dio el pueblo de Caracas, ese es Antonio Ledezma, exalcalde metropolitano de la capital y dirigente exiliado hoy en Madrid tras protagonizar una fuga de película desde su encierro domiciliario.

Hugo Chávez encajó la victoria de Ledezma en noviembre de 2008 como una afrenta personal y así se lo hizo sentir a todo el país. Entre amenazas e insultos, ordenó la puesta en marcha de un plan para arrebatarle poderes, competencias y subvenciones tan "exitoso" que ha servido como modelo durante 12 años contra quienes se atrevían a derrotarlos en las urnas.

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La primera víctima fue Ledezma, segunda autoridad del Estado entonces, y la penúltima, la propia Asamblea Nacional, que desde la histórica victoria de 2015 fue asediada por la revolución por tierra, mar y aire: detenciones, asaltos, palizas, asfixia económica, cortes de luz y, sobre todo, el secuestro de sus poderes legislativos. Ni una sola ley aprobada en cinco años está vigente ante la negativa de Nicolás Maduro. Las elecciones fraudulentas del domingo que vienepretenden poner punto y final al Parlamento democrático para instalar un hemiciclo títere del Palacio de Miraflores.

"No había transcurrido un mes cuando ya el alcalde saliente estaba consumiendo lo que quedaba de presupuesto haciendo pagos irregulares. También comenzaron a montar nóminas paralelas y protestas reclamando cumplimiento de obligaciones que no me correspondían. Para el 17 de enero de 2009, cinco semanas después de mi juramentación, un grupo de 40 hombres con pasamontañas y portando fusiles asaltaron mi despacho. Lo protesté y la respuesta que dio el vicepresidente de entonces es que era una protesta sindical. En qué parte del mundo los sindicalistas hacen protestas con pasamontañas y con fusiles de alto calibre", rememora para LA NACION Ledezma, perseguido durante años hasta convertirse en preso político durante mil días.

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Tras los primeros escarceos contra Ledezma en 2008, el gabinete de Chávez redactó por vía de urgencia una ley para crear un gobierno paralelo, "que absorbió más de un 95% de los presupuestos de la Alcaldía que nos correspondían legalmente. También asaltaron e invadieron 13 edificios y nos quitaron prácticamente todas las competencias y los recursos que nos correspondían. Y como si todo ello no fuera suficiente, nos impusieron una plantilla de más de 2600 personas, que no eran trabajadores sino activistas y miembros de colectivos (paramilitares)", desvela el exalcalde metropolitano de Caracas.

Ni policías ni bomberos, ni despachos ni ambulancias por orden presidencial. "Venezuela siempre fue muy centralista, a pesar de que la Constitución habla de federalismo. Pero Chávez terminó por centralizar todo el poder en sus manos. Lo primero que hizo fue quitarles el dinero, la posibilidad de cobrar impuestos. En Venezuela como son pocos los impuestos, alcaldías y gobernaciones vivían del situado constitucional, el pedazo de la renta petrolera que el gobierno les daba. Fueron reduciendo los traspasos de fondos hasta convertir el poder central en absoluto. Este fue el primer paso y el más efectivo, pero luego también les quitaron competencia en materia de seguridad ciudadana y otras muchas", explica Ramón Muchacho, exalcalde del municipio caraqueño de Chacao, quien también ejerció como prefecto de Caracas.

Ledezma luchó con todas sus fuerzas contra la apisonadora bolivariana mientras el mundo miraba a otro lado. Consiguió recursos en empresas y combatió para llevar adelante algunas de sus políticas. "Eso fue un asalto que me obligó a hacer una huelga de hambre en la sede de la Organización de los Estados Americanos (OEA) en Caracas para denunciar este tipo de atropello", recuerda.

"Desmantelaron la Alcaldía, nos arrebataron las potestades asignadas por ley pero no pudieron con nuestra capacidad de reinventarnos. Acudimos a organismos internacionales, la Unión de Capitales Iberoamericanas (UCI), a instituciones venezolanas y a nuestra propia capacidad de resiliencia", resume el dirigente opositor, quien recibió un premio inesperado en las siguientes elecciones: la reelección en 2013 frente al ministro Ernesto Villegas.

"El ataque de Chávez contra la descentralización comenzó con la artillería lanzada contra mí. Muchos pensaron que se trataba de un caso aislado, pero no, fue una señal muy clara. Comenzamos a encender las alarmas de lo que tramaba contra la democracia en Venezuela, incluso mantuvieron preso durante ocho meses al prefecto de Caracas en la cárcel peligrosísima de Yare. También encarcelaron a 34 trabajadores de la Alcaldía durante las protestas, a mí también me atropellaron y golpearon", subraya el dirigente opositor.

La embestida contra Ledezma abrió la puerta a otras muchas que aún se mantienen. Al propio exgobernador Henrique Capriles le arrebataron en el estado de Miranda la administración de los hospitales y las carreteras y autopistas. "Fueron eliminando progresivamente las leyes que permitían dotar con recursos especiales a estados y municipios. Fue una bomba atómica contra la descentralización que tuvo su epicentro en la Alcaldía Metropolitana de Caracas. Y como no pudieron doblegarme, terminaron metiéndome preso", concluye Ledezma.

Otras gobernaciones como Táchira, conquistada por una dirigente opositora, cuenta con un llamado protector, el expolicía Freddy Bernal, conocido represor de opositores quien también controla a las fuerzas policiales y paramilitares en la frontera con Colombia.

Esta estrategia oficialista ha convertido a Maduro en una especie de monarca todopoderoso, que reparte dineros y competencias a su antojo. Las elecciones del próximo domingo suponen un escalón más de la misma escalera