Venezuela perfecciona la "tortura blanca" con asesoría de Rusia y Cuba

“En 2018 no puedes aceptar que lancen a alguien de un piso 10” dijo el activista venezolano Lorent Saleh sobre la muerte del opositor Fernando Albán en uno de los centros de detención de la policía política. Saleh habló a la prensa en Madrid dos semanas después de ser liberado y desterrado por el gobierno de Nicolás Maduro. (REUTERS/Juan Medina)

La Tumba es un “manicomio futurista” diseñado para aplastar y aniquilar la voluntad de los presos políticos en Venezuela.

Frío glacial, luz blanca, silencio absoluto, aislamiento, ausencia de color son algunos de los elementos descritos por el activista de derechos humanos Lorent Saleh para explicar el sufrimiento y las vejaciones que vivió durante los 26 meses que estuvo en el centro de detención construido por el Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) a unos 15 metros bajo tierra en una céntrica zona de Caracas, la capital de Venezuela.

El escalofriante testimonio de Saleh no describe las acciones de un pequeño grupo de funcionarios desalmados. Confirma las declaraciones de otros presos menos prominentes y apunta hacia una política de estado para neutralizar a los líderes opositores, sembrar miedo en la población y reforzar la idea de que los problemas de la Revolución Bolivariana no son causados por su propia ineficiencia sino por la influencia maligna de la derecha internacional.

Sus palabras también son relevantes porque Saleh permaneció 4 años secuestrado por el gobierno de Nicolás Maduro sin haber sido presentado ante los tribunales. Más que un detenido, el activista fue un rehén y sus denuncias concretas pudieran poner en el banquillo de los acusados a altos funcionarios venezolanos ante la Corte Penal Internacional de la Haya por delitos de lesa humanidad.

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La actuación de los organismos de seguridad del gobierno del presidente venezolano Nicolás Maduro ha acaparado la atención mundial desde la muerte en extrañas circunstancias de Fernando Albán, un concejal opositor que fue detenido por el Sebin cuando regresaba de reunirse con líderes políticos que se encuentran en el exilio. Las autoridades venezolanas dijeron que Albán se suicidó al lanzarse de un piso 10, donde se encuentran las oficinas de la Contrainteligencia del Sebin. Pero la ONU y el Parlamento Europeo han reclamado una investigación independiente para esclarecer los hechos.

El horror de la tortura blanca

La crueldad y la eficacia de la tortura blanca explicada por Saleh ha sobrecogido a la opinión pública venezolana, acostumbrada a la tortura clásica de palizas, ahogamientos y descargas eléctricas relatadas por sobrevivientes de los servicios de inteligencia de las dictaduras del siglo XX.

“La sensación de haber sido aplastado por el Estado en su mayor expresión de violencia y terror. Literal y figuradamente. Escuché el ruido del Metro sobre mi cabeza. Pensé en toda esa gente, esos viajeros más o menos despreocupados. Me dije a mí mismo: “Ninguno de ellos sabe que yo estoy aquí, debajo, enterrado en un sarcófago blanco“. Y también: “Jamás saldré vivo de este agujero”. En un lugar así, ni siquiera hace falta que te pongan un dedo encima. Tú deseas que te golpeen”, dijo Saleh en una entrevista publicada por el diario El Mundo.

Saleh ya había advertido días antes, en su primera aparición pública en el auditorio de la Asociación de Prensa de Madrid, las claras diferencias entre La Tumba y otros centros de detención de presos políticos como el Helicoide.

No tiene la menor duda de que en la creación y dirección de La Tumba está la mano extranjera de Rusia y Cuba.

“El Helicoide es lo criollo. Es la tortura física, es el golpe, es la corriente, es el bastón, es la madera. La tumba es el aislamiento absoluto y el silencio. El Helicoide es el hacinamiento y la descomposición. En la Tumba estás tú con tus temores. En el Helicoide estás tú con los banqueros, con los narcos, con los ‘picagente’, con cientos de inocentes”.

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La similitud entre los relatos de los presos del gobierno venezolano y los métodos de tortura usados en Irán durante el mandato del Mohammad Reza Shah Pahlavi son inquietantes.

“Las torturas en mi país son para obligarte a decir algo que no hiciste, para obligarte a declarar algo que es mentira, es para someterte para ser parte de la simulación de un hecho punible. Por eso esa necesidad de agarrarte, golpearte, aplastarte, encerrarte, burlarse de todo, pasar por encima de la justicia, de los abogados, de todo, hacerte sentir como la cosa más inferior del planeta, no dejarte ver a la familia, a tus abogados, demostrarte todo el peso del estado”, dijo Saleh conmovido junto a su madre.

“Los prisioneros son detenidos en bloques de celdas aisladas, muchos en centros de detención secretos, generalmente bajo tierra, con luz artificial las 24 horas. No se les permite comunicarse con otros detenidos ni acceso a sus abogados, a familiares ni a profesionales de la salud”, dijo un informe de  Human Rights Watch (HRW) publicado en 2004 sobre las condiciones de confinamiento en solitario de activistas escritores e intelectuales en Irán conocido como enferadi.

Al igual que Saleh, los torturados que fueron entrevistados por HRW, aseguraron que ese tipo de confinamiento era mucho peor que el abuso físico y verbal. Todos temían a la locura.

En el caso del activista de 30 años casi lo logran. Durante su cautiverio en La Tumba intentó suicidarse 4 veces.

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La tortura blanca venezolana también se asemeja a los métodos usados por la policía de la República Democrática Alemana, conocida como Stasi a los desertores del pensamiento comunista, antes del desmembramiento del Bloque Soviético y la caída del Muro de Berlín.

Jorge García Vázquez, traductor cubano que estuvo preso en Hohenschönhausen, uno de los 17 centros de tortura blanca que existían en Alemania Oriental, dijo a National Geographic que la “tortura blanca” no golpeaba sus cuerpos sino sus mentes. “Amenazas, insomnio forzoso con ruidos, música a todo volumen, largos interrogatorios. También llamadas falsas que los presos recibían y en las que se anunciaba la muerte de sus seres queridos”. dijo a García Vásquez a National Geographic.

Saleh aseguró que el Sebin tiene otros centros de detención y tortura en el país donde permanecen al menos 300 presos políticos.

La publicación digital venezolana La Vida de Nos recogió varios testimonios de tortura en una galardonada serie sobre los familiares de los presos políticos en Venezuela.

El Tigrito

Uno de esos centros funciona en Maracaibo, la segunda ciudad más poblada de Venezuela. Allí permaneció Eduardo García durante casi tres años por una larga lista de delitos como intimidación pública con artefacto explosivo, agavillamiento e instigación al odio. Los siete meses en aislamiento absoluto lo afectaron de tal manera que dijo a sus familiares que deseaba acabar con su vida.

Fénix

El diputado Gilber Caro declaró que los 17 meses que permaneció como preso político fueron mucho más duros que los 10 años que estuvo tras las rejas cuando era joven por un delito común.

“Fueron días muy duros. Me daban dos cubetas de agua a la semana para mi aseo personal y para lavar el uniforme y tenía 30 días sin recibir luz solar hasta hoy”, declaró Caro a la publicación Caraota Digital al momento de su liberación en junio de 2018

 

Con presos comunes

A Efraín Ortega lo acusaron de asociación para delinquir y fabricación de explosivos en diciembre de 2015 y lo enviaron al Internado Judicial de El Rodeo, una cárcel de presos comunes donde sus familiares deben llevar alimentos y agua potable para que permanezca con vida. Pero en los días siguientes de su detención fue torturado en la división de terrorismo de Centro de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas, donde permaneció vendado, encadenado y mojado en pestilentes aguas de cañería.

 

A oscuras

Andrea González y Dany Abreu permanecieron 10 días encerrados a oscuras en una oficina luego de su detención en 2015 por planificar un atentado contra la hija de Diosdado Cabello, uno de los hombres fuertes de la Revolución Bolivariana.

La abuela de Andrea, Alexandra Jukisz, relató en una premiada crónica de La Vida de Nos, que tuvo que comprarle tapones para los oídos que pudiera conciliar el sueño porque las torturas nocturnas no la dejaban dormir. También afirmó que su nieta escuchó una violación desde su celda en el Helicoide.

“No estoy segura de que no les hayan hecho nada. Esto es un infierno, y uno no puede hacer nada. Solo rezar para que sea Dios quien la ayude. ¿Cuándo va a salir la chiquita de ahí?”, dijo Jukisz desde la isla canaria de Tenerife antes de la liberación de la pareja en diciembre de 2017.

Andrea González y Dani Abreu fueron liberados en diciembre de 2017 y obligados a abandonar Venezuela. Fueron galardonados por premio Sájarov para la libertad de conciencia del Parlamento Europeo junto a otros presos políticos como Lorent Saleh (captura de pantalla del blog libertadparadanyyandrea)