Venezuela caliente: la mecha de la protesta social vuelve a encenderse

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CARACAS.- La protesta no cesa en la Venezuela profunda. Una semana después del inicio de la última rebelión ciudadana, los reclamos continúan hoy en distintos puntos del país. Y lo hacen sin descanso, porque el desespero nacional animó anoche el sonido metálico y las consignas contra el "hijo de Chávez" en al menos 16 de los 23 estados del país.

Una orquesta de cacerolas cerró la jornada más intensa de protestas de una sociedad harta del desabastecimiento crónico de gasolina, las fallas continuas en el servicio eléctrico, los cortes en el suministro de agua en el 90% de los hogares y la falta de gas, que ha obligado a miles de familias a volver a cocinar con leña.

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Y todo ello cuando el salario mínimo y las pensiones de los mayores no alcanzan ni siquiera un dólar al mes. Hoy se necesitan casi 10 salarios mínimos para comprar en Venezuela un kilo de carne, otro de pollo, un cartón de 30 huevos y un kilo de arroz.

El Observatorio de Conflictos documentó ayer 76 protestas en 19 de los 23 estados del país antes de la salva metálica de cierre de jornada. En isla Margarita, que fuera un paraíso turístico en los buenos tiempos, claman desde hace tres días por la sed de agua y gasolina, una protesta que ha continuado esta mañana. En Punto Fijo, a unos pocos kilómetros de una de las mayores refinerías de gasolina del continente, se peleaban por el combustible en las estaciones de servicio. En Cumaná quieren gas y en San Mateo, como les falta de todo, gritaron pidiendo libertad.

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"Venezuela sigue en la calle. Organizar y canalizar toda esa fuerza y energía en torno a una solución a esta tragedia es la clave. Para eso, llamamos a consolidar los comandos por la libertad y elecciones libres para exigir nuestros derechos", exhortó Juan Guaidó, presidente encartado reconocido por 60 democracias occidentales y de la región.

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"Las protestas que hemos visto en los últimos días son la respuesta de un país que se niega bajo la sumisión y miseria de Maduro. Es la presión interna, y su sincronía con la presión internacional, la que nos permitirá acorralar a la dictadura y forzar una transición", subrayó Julio Borges, canciller de la presidencia encargada.

Fue el estado llanero de Yaracuy, otrora chavista, quien la semana pasada se hartó del desastre nacional y tomó las calles. Como si de un efecto dominó se tratara la epidemia de la protesta corrió de municipio en municipio, incluso en uno de ellos, Bruzual, los protestantes quemaron parte de la Alcaldía y desarmaron a los militares.

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El Foro Penal ha acreditado 34 detenciones, aunque se calcula que llegaron a un centenar. De ellos han quedado privadas de libertad 7 personas, "a quienes se les imputa delitos de instigación al odio por protestar", reseñó Alfredo Romero, presidente del Foro Penal, quien destacó la captura de un padre y un hijo menor, que recibió golpizas de la policía. "La persecución ha llegado hasta las casas de las personas, sin órdenes judiciales", remachó Romero.

"Continúan redadas en Yaracuy contra la población de los pueblos que han protestado. Persiguen además a todos los miembros de organizaciones de defensa de los derechos humanos. Yaracuy es la prueba de la verdad contenida en el Informe de la Misión de Naciones Unidas", denunció el obispo Víctor Hugo Basabe, una de las voces de la Iglesia Católica más crítica contra los abusos de la revolución. En el informe de la ONU se señalaba al propio Maduro y a sus dos generales favoritos por crímenes de lesa humanidad.

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El rechazo contra la revolución no ha frenado, sin embargo, la precampaña prosigue al ritmo que marca el gobierno. El primer cacerolazo del lunes retumbó en los tímpanos del general Justo Noguera, gobernador del estado Bolívar (fronterizo con Brasil), y de varios candidatos chavistas para las elecciones del 6 de diciembre. Ajenos a la realidad nacional, los dirigentes revolucionarios ocuparon la cancha Bicentenario de Upata con su habitual corte, dispuestos a escenificar un acto electoral.

No hubo bienvenida, sino todo lo contrario. El acto proselitista acabó antes de lo previsto por la presión popular. Actos, que pese al evidente uso de los fondos de Estado, son publicitados desde el mismo chavismo: desde reparto de mortadelas en barrios populares, "enviadas por Nicolás Maduro", hasta las bombonas de gas que no se consiguen en la calle.

"Las protestas espontáneas, como respuesta al deterioro exponencial del país y la caída dramática en su calidad de vida son naturales, justas y respaldadas por los derechos constitucionales. Reprimirlas es una acción bárbara, típicas de las autocracias buscando generar miedo", resumió Luis Vicente León, presidente de Datanálisis.

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