¿Cómo es posible que un plátano pegado a la pared se venda por 120,000 dólares en una feria de arte?

Muchos la tomarán como una broma colosal; quizá un selfie indispensable. Otros la admirarán como la quintaesencia de la genialidad. Hay quienes, inclusive, estarán dispuestos a desembolsar decenas de miles de dólares por el plátano. Pero lo cierto es que para nadie pasará inadvertida la pieza.

El plátano maduro pegado a la pared con un pedazo de cinta adhesiva plateada, puesto a la venta en Art Basel Miami Beach primero por 120,000 dólares -y ahora por 150,000 dólares en su tercera edición-, ha reabierto el debate sobre las fronteras del arte y los precios que se practican en ese activo mercado.

La obra firmada por el artista italiano Maurizio Cattelan fue exhibida por primera vez en Miami por la galería Perrotin y vendió en pocas horas no una, sino dos de las singulares instalaciones por 120,000 dólares, según informó el sitio web de compra y venta de arte Artnet.

De acuerdo con la galería de arte contemporáneo con sede en París, que mantiene una relación de más dos décadas con el controversial artista, se trata del primer trabajo en 15 años que saca Cattelan a una feria. Tal vez eso explique la rapidez con que se vendió la pieza llamada ‘Comedian’.

Maurizio Cattelan. (AP photo/Keystone/Regina Kuehne)

De los presuntos compradores se sabe que son franceses, uno de ellos una mujer que, a pesar de ser clienta de la galería, nunca había adquirido nada de Cattelan, contó el galerista Emmanuel Perrotin. “Es un milagro; ¡No sé cómo sucedió!”, declaró sin salir de su asombro el propietario de la galería, que también tiene sucursales en New York, Hong Kong, Seúl, Tokio y Shanghái.

Ante el éxito inmediato, la galería y artista decidieron producir una tercera pieza al precio de 150,000 dólares, una valorización de la obra de 25% en menos de 24 horas. La idea es que esta última obra sea vendida a un museo y, según Perrotin, dos instituciones de arte ya habrían mostrado interés.

Pero ¿qué hace que una fruta pegada a la pared alcance ese valor de mercado?

La respuesta quizá haya que buscarla en el campo del marketing. Ya sabemos que las marcas tienen un valor y usarlas conlleva pagar el precio. En el mercado de arte parece no ser diferente, pesa la firma del artista.

“Se trata de un artista conocido, altamente cotizado. Los valores en que se cotizan los artistas y sus obras se van construyendo con el tiempo, las galerías aumentan los precios según el renombre que el artista adquiere. Lo mismo pasa con las casas de subastas, que al final dictan los precios del mercado, a veces de manera justa otras injustamente”, explica Irina Leyva, Consultora de Arte de Valia Garzón Art Services.

Leyva se dice apreciadora de la obra de Cattelan, pero en el caso de ‘Comedian’ no ve motivos que justifiquen ese valor. “Si es arte o no, es debatible, hay que ver si tiene una explicación conceptual la obra y hay que estar abiertos a otras alternativas, el artista tiene otra mirada del mundo. Parece como una gran burla, vas a comprarlo porque yo digo que es arte, deben estar divirtiéndose mucho”, ironiza la especialista.

A la crítica de arte cubana radicada en Miami, Janet Batet, no le sorprende el valor alcanzado por la pieza. “Si convenimos que el mercado del arte no es sino esa esfera donde la especulación cultural se convierte en valor mercantil es obvio que no hay mucho campo para la sorpresa”, asegura la también historiadora del arte.

“Si en principio hay unos cuantos índices que parecen predeterminar la lógica detrás del valor de una obra (antigüedad, poco inventario, reputación del autor, originalidad de la propuesta), es, curiosamente, su valor lo que determina el absurdo de los precios que maneja hoy el mercado del arte, la más de las veces empujados por los mismos coleccionistas y art dealers”, amplía Batet.

Piero Manzoni, Merda D'artista, 1961. (Crédito: Jens Cederskjold/ Wikipedia/CC BY 3.0)

Ejemplos de esto, sobran en el mercado del arte. “Merda d'artista (1961), del italiano Piero Manzoni, alcanzó los 275,000 euros. La obra es una excelente burla al exacerbado culto al artista en tanto genio y el atrofiado mercado del arte. Tengo entendido que algunas de las latas (con excremento) han comenzado a explotar con el tiempo, una ironía ultima de Manzoni”, recuerda Batet.

Pero no hay tres sin dos, y si por un lado se “tensan” los precios del arte, por otro no faltan coleccionistas dispuestos a pagar “por un gesto, una declaración y, sobre todo, por la unicidad, la originalidad, de ese gesto que lo hace diferente del resto”, explica Batet.

Sin embargo, en el mercado de arte no todos celebran el éxito comercial de la pieza. “Hay galeristas totalmente enfurecidos, alegan que es el tipo de obra que le resta valor a otras más elaboradas, lo que acaba siendo perjudicial para el mercado”, revela Irina Leyva.

El futuro del plátano

Otro de los aspectos considerados por los museos en sus adquisiciones es la cuestión de la conservación de la pieza y del material usado.

Para su ‘Comedian’, Cattelan no divulgó instrucciones sobre qué hacer cuando la fruta se descomponga.

De acuerdo con Perrotin, tampoco preocupa que alguien se robe el plátano – o se lo coma en sorpresiva performance. Para eso tiene otras bananas a la mano, que pueden sustituir la “original” sin necesidad de un certificado de autenticidad del artista. O sea, que el valor de la pieza, como es obvio, no está en la fruta, sino en el concepto todo.

“En instalaciones de carácter efímero, el artista suele dejar estructurado el futuro de la obra y pacta la repetición y sustitución del objeto”, explica Irina Leyva, haciendo alusión a otra obra que usa material perecedero: el Retrato de Ross en LA, del artista de origen cubano Felix Gonzalez-Torres.

"Ross en LA", de Felix Gonzalez-Torres, 1991. (Crédito WikiArt @Fair Use)

En la instalación minimalista de González-Torres, una montaña de caramelos envueltos en celofán de distintos colores se levanta en algún rincón de la sala de exposiciones. El artista determinó que la cantidad de caramelos debe alcanzar exactas 175 libras: el peso de su pareja sentimental, Ross Laycock, antes de contraer SIDA.

El público que pasa por la obra se sorprende al darse cuenta de que puede tomar los caramelos. Con el tiempo, se reduce el tamaño de la montaña y la obra se desvanece, aludiendo a la pérdida de peso y el tormento vivido por Ross hasta su muerte en 1991. Así, el espectador, lejos de deteriorar la obra, ayudó a realizarla. Una especie de renacimiento ocurre cuando al terminarse los caramelos, el expositor renueva las 175 libras; una prolongación eterna de la obra y el homenaje a Ross. Concepto en estado puro.

Cattelan trabajó la idea de ‘Comedian’ en bronce y resina durante aproximadamente un año. "Al final, un día me desperté y dije 'se supone que un plátano es un plátano'", contó el artista en entrevista con Artnet.

La inspiración vino en parte por la gran cantidad de pinturas que exhiben las galerías en los últimos tiempos, asegura el artista. "No estoy en Miami, pero estoy seguro de que también está lleno de pinturas. Pensé que tal vez un plátano podría ser una buena contribución", dijo.

La pieza en oro del artista italiano Maurizio Cattelan, apodada "América", fue expuesta una vez en el museo Guggenheim de Nueva York/(AFP/Archivos | William EDWARDS)

¿Broma o promoción?

Cattelan es conocido por sus obras provocadoras, en las que prima el sentido del humor. En septiembre de este año acaparó titulares cuando una obra suya, un inodoro de oro macizo de 18 quilares – valorado en más de 5 millones de dólares- fue robado de una exposición en el Palacio de Blenheim en Oxfordshire, Inglaterra, la casa natal del ex primer ministro Winston Churchill. El paradero del inodoro “América”, que se encontraba en pleno funcionamiento durante la exposición "La victoria no es una opción", aún se desconoce.

‘Comedian’ es quizá hoy el plátano más famoso del mundo y, de lejos, el más cara. “Como promoción es lo mejor que hay, sin dudas les ha funcionado tremendamente”, comenta Irina Leyva. “Es todo como una gran provocación al mercado del arte, en la que el artista está cuestionando qué se define como arte, los parámetros para determinar los costos, quién define lo que es arte”, amplia Irina Leyva.

La misma opinión comparte Batet, que cita como obra paradigmática de estas provocaciones “Zone de sensibilité picturale immatérielle”, del francés Yve Klein, representante del neodadaísmo y uno de los fundadores del llamado Nuevo Realismo.

“El artista vendía literalmente la nada (espacios de la galería vacíos) y luego la transacción era consumada por la quema del recibo de la obra y arrojando el oro al mar. Por supuesto, había todo un trasfondo Zen en el caso de Klein, pero también una desarticulación y burla del mercado del arte”, explica la historiadora.

“En cuanto a la banana de Cattelan, a mí me parece un chiste muy divertido que resume el absurdo de las ferias y el mercado de arte, cada vez más excéntrico y antojadizo, donde, sí, cualquier cosa es posible”, concluye la crítica.