¿Los nuevos tratamientos contra la COVID-19 serán tan difíciles de conseguir para los países pobres como las vacunas?

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Casi un año después de que iniciaron las primeras campañas de vacunación contra la COVID-19, la gran mayoría de las vacunas han ido a parar a los habitantes de los países ricos, sin que haya un camino claro para resolver la disparidad.

La noticia de este mes de que un medicamento antiviral demostró ser eficaz contra el coronavirus en un ensayo clínico de gran tamaño trajo nuevas esperanzas de que habría un punto de inflexión en la pandemia: un futuro no muy lejano en el que una simple píldora podría evitar que las personas infectadas mueran o enfermen de gravedad.

El molnupiravir, el medicamento fabricado por Merck, es fácil de distribuir y puede tomarse en casa. Los resultados del ensayo demostraron que reducía a la mitad el riesgo de hospitalización y muerte entre las personas de alto riesgo en las primeras fases de la infección. La empresa ha solicitado una autorización de uso urgente a la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por su sigla en inglés); la decisión podría llegar a principios de diciembre.

A diferencia de los fabricantes de vacunas Pfizer y Moderna, que se han resistido a las peticiones de acuerdos de licencia para dejar que los fabricantes extranjeros elaboren sus vacunas, Merck permitirá a los fabricantes de genéricos de la India vender el medicamento a un precio mucho más bajo en más de cien países más pobres. La mayoría de los países del África subsahariana, donde las tasas de vacunación son de apenas un 3 por ciento, están cubiertos por el acuerdo.

Los defensores del acceso a los medicamentos dicen que el acuerdo de licencia de Merck es un comienzo alentador, pero solo un pequeño paso hacia la equidad. Merck ya comenzó a producir el medicamento, pero no se sabe qué cantidad del producto genérico estará disponible el próximo año. Los acuerdos dejan fuera a muchas naciones donde la vacunación es baja, como Ucrania, que se han visto muy afectadas por la COVID-19. Y un antiviral debe combinarse con pruebas fiables y asequibles, que también son limitadas en muchos lugares.

Se espera que otros fabricantes de medicamentos, entre ellos Pfizer, anuncien los datos de eficacia de los ensayos de medicamentos similares; las empresas dijeron que era demasiado pronto para comentar si llegarían a acuerdos como el de Merck.

Todo esto significa que los tratamientos podrían quedarse en gran medida en las naciones capaces de pagar por el acceso temprano, como sucedió con las vacunas.

“Un fármaco como este, que se mantiene a temperatura ambiente, podría llegar incluso a las partes más remotas del mundo. Es justo decir que este fármaco podría evitar cientos de miles de hospitalizaciones y muertes”, afirma John Amuasi, experto en enfermedades infecciosas y salud global del Centro de Investigación Colaborativa en Medicina Tropical de Kumasi, en Ghana. “Pero la barrera va a ser el precio. Fíjense en el tiempo que han tardado las vacunas en llegar a África. Mi preocupación es que estamos en camino de hacer lo mismo con los medicamentos”.

Después de más de 18 meses de pandemia, la COVID-19 sigue siendo una enfermedad que hay que soportar más que tratar. Los pocos medicamentos que han mostrado algún beneficio (como los anticuerpos monoclonales) son costosos, complejos de administrar y, en las naciones pobres, escasos o inexistentes. Sin embargo, sin una vacunación generalizada, esas poblaciones siguen siendo vulnerables a la COVID-19 y necesitan medicamentos asequibles.

El año pasado, el gobierno de Estados Unidos compró gran parte del suministro del antiviral remdesivir después de que las primeras investigaciones demostraran que podría acelerar la recuperación de la COVID-19. Ese país está siguiendo una estrategia similar para el molnupiravir: ya celebró un acuerdo de 1200 millones de dólares para comprar 1,7 millones de dosis del medicamento si recibe la autorización de la FDA. Esto supone el 20 por ciento de lo que la empresa dice que puede producir este año. Otros países relativamente adinerados, como Australia, Corea del Sur y Nueva Zelanda, también firmaron acuerdos.

Hace dos décadas, Merck fue criticada por vender sus medicamentos contra el VIH a precios inasequibles en África. Esta vez, la empresa reconoció el imperativo de ampliar el acceso desde el principio.

“En verdad teníamos la responsabilidad de que, si se descubría que este medicamento era un fármaco oral seguro y eficaz que alguien podía tomar en casa, teníamos que asegurarnos de que tuviera un acceso muy amplio, en especial en los países de ingresos bajos y medios, donde no se tienen los sistemas de atención sanitaria más sólidos”, comentó Jenelle Krishnamoorthy, vicepresidenta para la política mundial de Merck.

Las licencias voluntarias que la empresa negoció con las farmacéuticas indias ofrecen la posibilidad de que los gobiernos en las naciones más pobres puedan comprar molnupiravir por menos de 20 dólares para un tratamiento de cinco días, en comparación con los 712 dólares del acuerdo con Estados Unidos.

Las ocho empresas indias están realizando ensayos clínicos con sus versiones del medicamento y cuatro confirmaron a The New York Times que esperaban dar a conocer los resultados en breve; un ejecutivo de la industria que no estaba autorizado a hablar en público dijo que esperaba que su empresa produjera el fármaco por menos de 10 dólares por ciclo de tratamiento.

Suerie Moon, experta en el tema del acceso a los medicamentos, calificó las licencias de genéricos de Merck en la India como un precedente positivo para los tratamientos contra la COVID-19 y agregó que era una estrategia comercial inteligente para la empresa.

“No es coincidencia que Merck tenga experiencia con el VIH; internamente, con su liderazgo y su cultura, saben que si no abordan los problemas de acceso, serán muy criticados”, señaló Moon, codirectora del Centro de Salud Global del Instituto Universitario de Estudios Internacionales y de Desarrollo de Ginebra.

Merck también está negociando con Medicines Patent Pool, una organización sin fines de lucro respaldada por la ONU que trabaja para dar acceso a los tratamientos y las tecnologías médicas. Charles Gore, director de la organización, dijo que espera que Merck acepte un acuerdo de licencia que permita a las empresas de otros lugares fabricar el medicamento a la par que la farmacéutica vende su propio producto en los países ricos. Tal acuerdo, dijo, sentaría un importante precedente para otras empresas.

Si Merck, Pfizer y otras farmacéuticas no garantizan la disponibilidad generalizada de los tratamientos contra la COVID-19, podrían enfrentarse a un uso generalizado de las licencias obligatorias, en las que los gobiernos anulan las restricciones de propiedad intelectual para permitir la fabricación de medicamentos, a menudo en situaciones de emergencia. Aunque Merck obtendrá regalías por los medicamentos vendidos por los fabricantes de genéricos y es probable que también por los acuerdos alcanzados a través del consorcio de patentes, en el marco de las licencias obligatorias la empresa no tiene voz ni en el precio del medicamento ni en la cuantía de las regalías.

Todas las licencias voluntarias de Merck para el molnupiravir son con empresas de la India, una concentración que podría plantear riesgos. COVAX, la alianza de organizaciones respaldada por la ONU que trabaja para suministrar vacunas a las naciones más pobres, contaba con que el Instituto del Suero de la India produciría la mayor parte de las vacunas. Pero tras el repunte del virus en marzo, el gobierno indio prohibió las exportaciones de vacunas, que recién se están reanudando.

También existe la cuestión de la cadena de suministro: las licencias del Medicines Patent Pool de la ONU podrían hacer que empresas de todo el mundo fabricaran tratamientos genéricos. Pero la mayoría de las materias primas de los medicamentos se fabrican en India y China, que se han visto afectadas por la crisis durante la pandemia.

Las pruebas serán un desafío adicional. Los medicamentos funcionan mejor si se toman en cuanto aparecen los síntomas y los pacientes deben estar seguros de que se contagiaron de coronavirus. Pero las pruebas son escasas en muchos lugares: por ejemplo, la OMS estima que en África se detectan menos del 15 por ciento de las infecciones de COVID-19.

Sin embargo, si todo el mundo tiene acceso al tratamiento antiviral, podría reducirse la propagación de la enfermedad. “Entonces, se tendrían menos sistemas de salud sin capacidad y una mayor recuperación económica en beneficio de todos”, dijo Brook Baker, un profesor de Derecho de la Universidad del Nordeste de Boston que forma parte de un esfuerzo de acceso a la terapéutica dirigido por la OMS. “Incluso desde una perspectiva hasta cierto punto egoísta, resulta corto de miras y contraproducente no garantizar el acceso a estos medicamentos”.

© 2021 The New York Times Company

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