Los traidores de México, cualquiera que contradiga a AMLO en su reforma eléctrica

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Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y su esposa Beatriz Gutiérrez en un evento en el Castillo de Chapultepec en febrero de 2022. (Foto: ALFREDO ESTRELLA/AFP via Getty Images)
Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y su esposa Beatriz Gutiérrez en un evento en el Castillo de Chapultepec en febrero de 2022. (Foto: ALFREDO ESTRELLA/AFP via Getty Images)

La palabra es la herramienta consentida de la propaganda. En el México de la 4T hemos visto cómo el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) tiene en la palabra su instrumento de gobierno. Habla casi todos los días desde Palacio Nacional, símbolo de poder para los mexicanos.

Pasada la consulta sobre revocación de mandato, López Obrador regresó a la práctica de su oficio de hacer propaganda y lo hizo con la palabra. Convocó a sus colaboradores cercanos a escuchar su mensaje por los primeros cien días de su cuarto año de gobierno.

Contrario a su práctica de las mañaneras, López Obrador solo habló durante 51 minutos en los que hizo un recuento de los logros de su gobierno. Se refirió al tema de la seguridad en el que destacó la participación de las fuerzas armadas y aseguró que la incidencia delictiva en el país va a la baja y que esto se debe a los programas del Bienestar que alcanzan al 70 por ciento de las familias en el país.

En el tema de la economía el presidente comentó que su gobierno había evitado que se desbordara la inflación con el control de precios de los energéticos y el aumento en la producción de alimentos de la canasta básica. Se refirió a los apoyos que ha dado a los campesinos, al incremento del salario mínimo y su poder adquisitivo, a la buena relación con los empresarios, a las relaciones con los socios del TMEC, las crecientes remesas de dólares enviados por los migrantes mexicanos a sus familias y demás.

Del discurso del presidente López Obrador destaca su previsión sobre el desenlace que podría tener en la Cámara de Diputados, el próximo domingo, su propuesta de reforma eléctrica que en los meses recientes fue asediada por diversos grupos empresariales nacionales y extranjeros, así como por los gobiernos de Estados Unidos, Canadá y algunos de Europa, que manifestaron su preocupación, al considerar que representa un retroceso en el combate a la transición energética que se lleva a cabo en el mundo, para combatir el cambio climático.

Para el presidente López Obrador, su propuesta de reforma eléctrica es un medio para combatir la corrupción y poner límites a las empresas que, con la reforma energética del presidente Peña Nieto, fueron beneficiadas desplazando a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) por lo que la reforma que propone tiene el objetivo de recuperar el dominio del país en materia de generación de electricidad y ubicar a la CFE como dominante en la industria.

En este contexto el discurso del presidente estaría indicando la posible derrota de su propuesta en la Cámara de Diputados, donde necesita de una mayoría de votos calificada para llevar a cabo la reforma constitucional que se requiere para realizar la reforma eléctrica. Necesita 57 votos de los legisladores de oposición, que el PRD, PAN y PRI le niegan.

Para el presidente López Obrador los legisladores que no voten apoyando su propuesta serán traidores a la Patria.

En su discurso de los cien días de su cuarto año de gobierno López Obrador comentó: “Si no alcanzamos las dos terceras partes para la reforma constitucional en materia eléctrica por el boicot de legisladores entreguistas, conservadores de derecha y reaccionarios, enviaré de inmediato, al día siguiente, una iniciativa al Congreso para modificar la ley minera que solo requiere de la aprobación de la mayoría simple de diputados y senadores para establecer que el litio sea mineral estratégico en el desarrollo industrial y tecnológico futuro, ambicionado por corporaciones y gobiernos extranjeros, y solo podrá ser explotado por el Estado mexicano y quedará como propiedad absoluta de la nación.”

Según López Obrador los actuales “son tiempos de definición” por lo que los legisladores tendrán que decidir si están del lado de las empresas nacionales y extranjeras o del lado del pueblo. Recomienda que el pueblo esté informado porque si hay una traición ya estamos protegidos. Pronto sabremos quién es quién en tan relevante emplazamiento”.

La palabra traición utilizada por el presidente López Obrador es extrema. Aplicada a los legisladores que no apoyen su iniciativa puede ser interpretada como presión y amenaza. Simultáneamente pone en evidencia la intolerancia presidencialista que, en su exceso, genera riesgos para la seguridad personal y familiar de los legisladores que no comulgan con su propuesta. La expresión “sabremos quién es quién” indica eso y cuestiona la vigencia del pluralismo ideológico presente en el debate político nacional de las pasadas cuatro décadas.

La derrota de la reforma eléctrica es posible en los siguientes días y para el presidente López Obrador este evento debe ser desplazado con prontitud, por ello propone el tema distractor de “rescatar” al litio de la ambición empresarial y de algunas naciones que desean su control para el futuro desarrollo tecnológico. En realidad, siendo un bien mineral, es propiedad de la nación, con o sin el decreto presidencial que, dice, enviará en próximo lunes si no pasa su reforma eléctrica y parece que no pasará. Escucharemos la palabra litio en las mañaneras por venir. Claro, en tono de triunfo.

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