Trabas para la importación: cuál es el impacto en las góndolas y en la actividad económica

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En el caso de los vehículos, las dificultades para concretar importaciones impactan en la oferta de modelos ya terminados y también en la compra de componentes necesarios para la fabricación local
En el caso de los vehículos, las dificultades para concretar importaciones impactan en la oferta de modelos ya terminados y también en la compra de componentes necesarios para la fabricación local

Las nuevas restricciones a las importaciones dispuestas por medidas del Banco Central están causando problemas en la oferta de diversos productos y, consecuentemente, en las cadenas de producción de varias industrias. La semana pasada, la entidad regulatoria estableció límites para la cancelación anticipada de importaciones, con el objetivo de contener la caída de las reservas, y modificó el mecanismo a través del cual se realizan los pagos. Las medidas regirían hasta el 31 de octubre e implican que los desembolsos se deben cursar cuando las mercaderías se despachen a plaza. Al hacer consultas a varias compañías y cámaras empresarias, LA NACION comprobó que las restricciones afectan la oferta de bienes relacionados con sectores como el de la tecnología, la industria automotriz, los productos alimenticios y los artículos para el hogar, entre otros rubros.

Fuentes de la actividad privada sostienen que se está deteniendo la venta de algunos productos por la incertidumbre respecto del valor de reposición y por la imposibilidad de prever la llegada de nuevo stock. “Se especula con que la medida podría extenderse más allá de su fecha inicial de finalización. Se frenó la venta de algunos productos alimenticios y tecnológicos, especialmente”, contó un ejecutivo. Además, advirtió que la medida alentaría la suba de precios por la falta de oferta.

Las restricciones impuestas generan alerta en las empresas, en particular en las pequeñas y medianas, que usualmente pagan anticipos a sus proveedores antes de que se embarquen los bienes a importar. Los especialistas dicen a que se están frenando o ralentizando procesos productivos de diversos rubros y que comenzarán a faltar algunos bienes finales en góndolas y vidrierías. “El abastecimiento es insuficiente y se termina generando un efecto en cadena que afecta el proceso productivo”, explica Marcelo Elizondo, director general de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales.

Las restricciones están impactando en la oferta de productos como laca pellada y suelas, que afectan la producción de zapatos; ácido hialurónico, aspiradoras, repuestos de corona piñon, funguicidas, autoelevadores, minitractores, sillas, mueblería, decoración para el hogar, porcelanatos, cerámicos, pisos flotantes, juguetes, luminarias LED, equipos de audio para autos, algunos tipos de rollos de tela, algunos hilados, especias, atún, caballa y repuestos de maquinaria de café.

Las medidas no permiten pagar contra documento de embarque, que es un instrumento reconocido internacionalmente y por todos los bancos como una prueba de titularidad de la mercadería mientras viaja. “Solo podés pagar contra despacho. Los productores tienen que decirles a sus vendedores que durante 45 a 60 días no verán nada de dinero. Son pocas las empresas argentinas que pueden plantearles eso. Todos están intentando renegociar con sus proveedores”, comentó una fuente del sector privado.

Hasta ahora, los mayores faltantes se registraban en los productos finales. Se priorizaba el ingreso de bienes intermedios usados en la producción, debido a que la reactivación económica depende de insumos importados para la industria y el agro, como productos químicos, materias primas, maquinarias y repuestos. A partir de esta medida son más los sectores afectados.

“En agosto, las importaciones de insumos para la producción generales cayeron 40%; las piezas para máquinas, 20%, la de bienes de capital (máquinas para producir), 15% y la de vehículos, 2,4%, frente al mismo mes del año pasado”, dice Elizondo.

Los sectores más afectados

Aunque la medida impacta en todos los sectores por igual, algunos se ven más afectados, por ser más dependientes de los insumos internacionales y porque ya estaban registrando faltantes desde hace meses. El stock que podrían tener se está acabando y no ven posibilidad de reposición en el futuro cercano.

“El 80% de lo que se importa es para la producción. Todos utilizan anticipos y, sobre todo, las pequeñas y medianas empresas. Impactará en los insumos semielaborados, partes, herramientas y repuestos. Cala profundo en toda la operación general y se verá el impacto en 10 días, aproximadamente. Los más afectados serán los agroquímicos, la maquinaria, los elementos de tecnología y electrodomésticos”, estimó una fuente del sector de comercio exterior.

Tierra del Fuego está sorteando problemas que se agravarán con las nuevas medidas. El ensamble de electrónicos y electrodomésticos depende de componentes importados. Estos son: procesadores, placas informáticas y conductores, entre otros. La falta de insumos (por las trabas y también por factores internacionales) está deteniendo la producción de televisores y celulares, entre otros bienes.

El trabajo de las fábricas de productos de tecnología en el país depende de la compra de insumos que provienen del exterior; el rubro es uno de más afectados
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El trabajo de las fábricas de productos de tecnología en el país depende de la compra de insumos que provienen del exterior; el rubro es uno de más afectados (gentileza/)

La empresa Brightstar, adquirida por Mirgor, anunció el cierre temporal de su planta hace dos semanas por falta de kits. Mirgor, a su vez, que produce elementos necesarios para la industria automotriz y de consumo masivo, anunció que no renovará 450 contratos. “La crisis de semiconductores es un temón. No hay una sola industria que no la esté sufriendo: la automotriz, la electrónica de consumo, las de otros rubros electrónicos, línea blanca, línea marrón. Todo lo que use placas electrónicas”, explicó José Luis Alonso, CEO de la empresa en declaraciones que hizo a El Cronista.

En el caso de los autos, por un lado los que son importados, entre los cuales se encuentran el Gol de Volkswagen y el Fiat Mobi, están escaseando. Por otro, se están ralentizando las líneas nacionales (que tienen un 60% de partes importadas) según explican en el sector.

La falta de oferta y el aumento de la demanda por la intención de los consumidores de proteger el valor de sus ahorros adquiriendo un vehículo están provocando aumentos de precios, tanto en los nuevos como en los usados.

La situación es preocupante, según coinciden algunas terminales y los concesionarios. A principios de este mes, Ricardo Salomé, presidente de la Asociación de Concesionarios de Automotores (Acara), informó que las ventas cayeron 5,6% en septiembre. En un comunicado, sostuvo: “La segunda mitad del año continuará con una oferta escasa; es por ello que solicitamos que, sin dejar de atender las cuestiones macroeconómicas que deben prevalecer, se contemple una mayor liberación de importaciones; es un número de dólares que no es significativo y que haría crecer de forma muy notoria a un sector que es un gran abastecedor de empleo”.

Las importaciones de autos cayeron 4,2% entre agosto pasado y el mismo mes de 2020. El número es dramático, debido a que se compara con una base muy baja de comercio durante la pandemia. Debido a la escasez, el sector ajustó el pronóstico de ventas de 0km para este año: lo redujo en 40.000 unidades. Lo mismo está ocurriendo con las motos, cuya oferta esta limitada por la falta de modelos disponibles.

La falta de repuestos para automóviles también provoca conflictos en las aseguradoras: se detectó escasez de llantas, neumáticos, autopartes y pinturas. Hay reparaciones frenadas y talleres que suben los precios. También se ven afectadas las líneas de producción de varios modelos, por la escasez de microchips para componentes electrónicos.

En los últimos días se conoció que hubo frenos en la venta o en la producción de determinados productos. La fabricante de neumáticos Fate alertó sobre problemáticas para cumplir con sus procesos y envió una nota a sus clientes informando sobre una reprogramación de las entregas de productos.

Renault avisó que discontinuará la venta del modelo Kwid, importado desde Brasil. La firma explicó que no podrá traer todos los modelos y que seguirá comercializando el Sandero, de fabricación nacional. DHM Industria, una empresa del sudeste de Córdoba, comunicó una “lista de precios suspendida”, entre los cuales están los correspondientes a tractores para la producción agroindustrial.

Fuentes de la industria automotriz dijeron a LA NACION que Ford debió detener la producción durante dos semanas. Esto se debió a que las restricciones a las importaciones agravan un problema ya existente, que es la falta global de oferta de semiconductores, piezas esenciales para la cadena de fabricación.

“Hay problemas con los anticipos de pagos para los bienes de capital. Los fabricantes tienen que pagar a los proveedores antes de que empiecen a producirlos porque así lo demandan. Se genera un problema para localizar moldes y matrices y, de esta manera, no se pueden localizar las piezas. Entonces, crece la demanda de piezas. Hay mucha preocupación por la posible detención de líneas de producción, tanto por la mercadería frenada en el puerto como también por la que no se puede comprar”, sentenció un referente de la industria de autopartes.

La Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC) hizo en septiembre un relevamiento entre 40 empresas autopartistas. Allí encontró que el 50% de las empresas tuvo inconvenientes en su operatoria de comercio exterior, por problemas o atrasos de abastecimiento de insumos provenientes del exterior. Además, el 28,9% aseguró estar absolutamente impedido de exportar, por problemas para importar insumos. El 36,8% reportó tener dificultades para hacerlo por este motivo, mientras que el 23,7% dijo no tener inconvenientes.

También continúan afectados y con un panorama poco alentador los productos que ya estaban registrando faltantes, como químicos, productos de la agroindustria, cápsulas de café, zapatillas e indumentaria deportiva, motos, botellas de vidrio para envasar vino y aceites, neumáticos, llantas y pintura para autos. En esos casos ya había dificultades, por las demoras en el sistema integral de monitoreo de importaciones (SIMI) y por las restricciones a la compra de productos finales.

Campo con cultivo intensivo de soja. Ubicaci—n: Ca–ada de G—mez, provincia de Santa Fe, Argentina
CAMPO
cultivo
2020
FOTO shutterstock
Campo con cultivo intensivo de soja. Ubicaci—n: Ca–ada de G—mez, provincia de Santa Fe, Argentina CAMPO cultivo 2020 FOTO shutterstock


En la actividad agropecuaria hay preocupación por los faltantes de agroquímicos

En la industria textil, la falta de insumos importados es uno de los motivos por los cuales Claudio Drescher, presidente de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), denunció que los precios de la ropa aumentaron 54% en un año y que hay prendas de las primeras marcas que cuestan tanto como, por ejemplo, una jubilación mínima. Lo mismo ocurre con zapatillas, indumentaria y productos deportivos como pelotas de tenis.

Un relevamiento de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI) estimó que el volumen importado (en kilos) entre julio de 2020 y el mismo mes de este año cayó 26,2%. Y además concluyó, sobre la base de datos del Indec, que “al comparar el primer semestre de 2021 con el de 2019, se observa una baja del 47,7% en dólares. El monto importado en los primeros siete meses de este año es similar al del mismo período de 2007.

Entre julio de este año y el mismo mes de 2020 los productos con mayor caída en cuanto a volumen fueron chaquetas o sacos, con un desplome del 82,6%; chales, pañuelos de cuello y bufandas cayeron 72,1%; trajes y conjuntos, 57,9%; abrigos hechos con telas técnicas, 49%, y camisas de hombres, 48,2%.

Las trabas para importar complican a aquellas fábricas que necesitan insumos o partes del exterior como algunas telas, piezas para calzado o accesorios. Según fuentes del sector, las restricciones están impactando en la calidad de la indumentaria y en la variedad de la oferta en vidrieras. Y el impacto empieza a llegar a los precios.

Los faltantes llegan a las góndolas de alimentos. La multinacional Nestlé importa las cápsulas de café marca Nespresso para sus máquinas. En el catálogo online hay 30 variedades, pero 14 figuran sin stock. Hace algunas semanas estaban disponibles solo cuatro. De acuerdo con fuentes calificadas, los productos están frenados en la Aduana.

En el inicio de la campaña de granos gruesos, con el comienzo de la siembra de maíz y de soja en el próximo mes, hay preocupación en el campo por la escasez de agroquímicos. En ese sector detallan que los problemas para importar se agravan desde hace un año y medio, debido a las distintas medidas de restricción de acceso al dólar.

Por otra parte, hay vino, pero cuesta envasarlo. El ministro de Economía de Mendoza, Enrique Vaquié, reclamó al Ministerio de Agricultura nacional la flexibilización de las importaciones de botellas de vidrio. La falta del insumos causa problemas en las cadenas vitivinícola y aceitera, agravados por la reciente salida de producción de una fábrica de la empresa Veralia en la provincia.

En el sector comercial admiten que esperan una caída de la actividad y que hay preocupación por las exportaciones. “Va a haber un freno en la producción. La Argentina no tiene capacidad de sustituir los insumos rápidamente. El Gobierno no ha explicitado un modelo de sustitución de importaciones, eso implicaría un plan de que industrias se quieren desarrollar específicamente. Más del 85% de lo que se importa va a la cadena productiva. Si cerrás la importación, cerrás la exportación”, afirma Matías Bolis Wilson, jefe del departamento de Economía de la Cámara Argentina de Comercio.

“En el mundo, el comercio internacional se está integrando por nuevas tendencias de servicios o productos con un altísimo componente de conocimiento, como smartphones, electrónicos o indumentaria de sofisticación como ropa inteligente con sensores. Además de productos, se pierden servicios basados en el conocimiento y diseño; no llegan tecnologías, los servicios posventa de lo que se compró, el capital intelectual... El número de lo que no entrará es mayor que lo que se mide”, comentó Elizondo.

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