TikTok los volvió famosos, pero ahora les resulta difícil averiguar cuál es el próximo paso

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Antes que Charli D’Amelio se convirtiera en la creadora más popular de TikTok —ahora mismo tiene 132 millones de seguidores—, bailaba en el circuito competitivo de danza contemporánea del noreste, el tipo de estilos de baile teatrales que quizá conozcas gracias a programas como “So You Think You Can Dance?”. Una vez que empezó a publicar en TikTok en 2019, y sobre todo después de que sus videos empezaran a despegar y su familia se mudara a Los Ángeles para apoyar el sueño que comparte con su hermana mayor de convertirse en éxitos virales, Dixie (56 millones de seguidores), ese tipo de baile se convirtió en algo secundario, en una reliquia de una vida pasada.

Este año, las hermanas D’Amelio dieron un salto de la pantalla del celular a la pantalla chica con la serie documental de Hulu “The D’Amelio Show”, que capta, con un detalle a veces insoportable, las emociones y el dinero que se obtiene con el éxito en TikTok. Su subtrama más curiosa trata de la búsqueda alternativa que hace Charli para volver, al menos por un tiempo, a su yo precapitalista, apartando tiempo para trabajar con un entrenador para volver a aprender lo que esos viejos bailes requieren de su cuerpo, y esforzándose para volver a dominarlos.

Para Charli, el estrellato de TikTok es un viaje en cohete, y también un posible límite. El último año ha sido una especie de campo de pruebas para lo que los mayores creadores de la aplicación —las hermanas D’Amelio, Noah Beck (32 millones de seguidores), Chase Hudson (32 millones de seguidores), Addison Rae (86 millones de seguidores) y otros— podrían hacer a continuación, ya sea de forma voluntaria y entusiasta, o solo para satisfacer las insaciables fauces de la demanda que su existencia provoca.

La mayoría de las superestrellas de TikTok, que tienen más espacio para respirar en otros formatos, todavía están descubriendo cómo crear más allá de los teléfonos.

Lo que se percibe en muchos de estos proyectos es que los responsables de los números fuera de la pantalla esperan colgar posibles franquicias en las cabezas y los cuellos de estos jóvenes, que son menos pensadores creativos, con una formación incompleta, que plataformas de agregación de admiradores que necesitan contenido con desesperación.

“Noah Beck Tries Things”, que aparece en el canal de YouTube de AwesomenessTV, es el “non plus ultra” de este fenómeno: una serie entera, de dos temporadas, dedicada por completo a averiguar qué hacer con este hombre que se encuentra a mitad de algo.

Beck, de 20 años, es un exfutbolista profundamente afable que, de toda la cosecha actual de estrellas de TikTok, parece el más desconcertado sobre cómo amplificarlo. “Noah Beck Tries Things” es una nimiedad de producción de contenidos sin consecuencias. El espacio se limita a darle cuerda a Beck, eso es colocarlo en escenarios inverosímiles —cocinando un filete, bailando el tango, grabando una pista para ofender a otro artista— y a verlo respirar con dificultad. En uno de los episodios, cuando alguien le enseña a pararse de manos sobre un “hoverboard”, su asombro es genuino: no es como cuando alguien dice “¡ay, dios!” porque está acostumbrado a que lo filmen para ver sus reacciones, sino más bien se nota su sorpresa improvisada porque entiende que ha aterrizado en un lugar cerca del extremo profundo y no tiene ni idea de cómo nadar.

Este año, las más grandes estrellas de TikTok --Charli y Dixie D'Amelio, Noah Beck, Addison Rae y otros-- pasaron del celular a otras plataformas en el universo de la cultura pop, con resultados diversos (Simoul Alva/The New York Times)
Este año, las más grandes estrellas de TikTok --Charli y Dixie D'Amelio, Noah Beck, Addison Rae y otros-- pasaron del celular a otras plataformas en el universo de la cultura pop, con resultados diversos (Simoul Alva/The New York Times)

Beck es genial y gentil: en breves momentos en la aplicación, es un paliativo. Sin embargo, nunca parece tener verdaderas ansias. En marcado contraste con ese enfoque está Addison Rae, o mejor dicho, revoluciona Addison Rae. De esta generación de estrellas de TikTok, es la más intencionada, la más férrea, la más decidida. Fuera de las cámaras, ha sido adoptada de manera libre en la órbita de Kourtney Kardashian. Sus padres han sido TikTokers dispuestos. (Los D’Amelio le siguen la corriente, pero con menos entusiasmo). Incluso cuando Rae, de 21 años, se centraba más en su presentación en las redes sociales —ahora suele llegar cómicamente tarde a las tendencias en la aplicación— siempre parecía tener sus ojos puestos en algún lugar más allá del teléfono.

No es de extrañar que la actuación estelar de Rae en “Él es así”, la actualización de “Ella es así”, la comedia romántica para adolescentes de 1999 (que también es una actualización de “Pygmalion”/”Mi bella dama”) sea la actuación post-TikTok más vívida del año. Y es que Rae no solo entiende al estrellato viral como un trabajo, sino como un arquetipo.

Al igual que “The D’Amelio Show,” “Él es así” es un metacomentario sobre la falsedad de la fama viral, aunque de manera ficticia. Rae interpreta a Padgett (que se pronuncia más o menos como la palabra en inglés “pageant”, que significa concurso), una influente de las redes sociales que falsifica sus talentos. Después de una caída de gracia, se dispone a darle una nueva imagen a un compañero de clases inadaptado y malhumorado (que usa una camiseta de G.G. Allin) como su nuevo galán. Hay giros dramáticos y después llega el amor.

Addison Rae. (Photo by Samir Hussein/WireImage)
Addison Rae. (Photo by Samir Hussein/WireImage)

“Él es así” aún valora y refuerza el Gran Algoritmo, incluso al convertir a los escépticos punk. Sin embargo, algunos de los jóvenes que tuvieron éxito en la aplicación en 2020 decidieron tomar la dirección opuesta: el refúsenik. En los casos más notables, esa ha sido la dirección que tomaron dos estrellas que tratan de transicionar hacia carreras musicales: Chase Hudson, de 19 años, quien graba música bajo el nombre Lilhuddy, y Jaden Hossler, de 20 años, quien graba música bajo el nombre jxdn.

A diferencia de Rae, que este año lanzó un sencillo pop destinado a los clubes nocturnos, “Obsessed”, un himno para hacer ejercicio bastante soso, Hudson y Hossler (con nueve millones de seguidores) se adentraron con fuerza en territorio disidente, adoptando el pop-punk y, en algunas ocasiones, texturas más crudas que surgieron en SoundCloud a finales de la década de 2010. Tienen muchos tatuajes, usan ropa gótica de plaza comercial y se pintan las uñas… sus esfuerzos en contra del centrismo de TikTok tiene una estética muy sofisticada (en comparación con Bryce Hall, por ejemplo, el joven que celebró fiestas durante el confinamiento por COVID, a quien arrestaron por consumir drogas y quien ha organizado peleas de box, cuya trayectoria post-TikTok parece inspirada por Jake Paul).

Para los creadores dispuestos a dejar claro que no están sujetos a los videos lindos y el algoritmo de TikTok, es una decisión deliberada. El álbum debut de Hossler, “Tell Me About Tomorrow”, aborda la ansiedad y las adicciones. Tiene una voz delgada y aguda, y cuando canta frases autohirientes como: “No me gusta tomar pastillas, pero de cualquier manera las tomé”, aún suena como un oso de peluche accesible, aunque uno cuyo relleno se está saliendo.

Tal vez la transparencia desgarradora sea el legado definitivo de esta era del paso de TikTok a la fama. Está ahí en el libro de Charli, “Essentially Charli: The Ultimate Guide to Keeping It Real”, que se publicó a finales de 2020, el cual yuxtapone páginas tipo libro de trabajo sobre la amistad y el estilo con confesiones sobre la ansiedad y la terapia. (Una discusión aún más involucrada de esta tensión fundamental del estrellato viral se encuentra en “Backstory: My Life So Far”, el libro de memorias de la superestrella de TikTok Avani Gregg, de 19 años, amiga íntima de Charli (con 38 millones de seguidores). El libro de Gregg llama la atención por sus conversaciones sobre las dudas y la salud mental).

La ansiedad de Charli es un tema recurrente en “The D’Amelio Show”, que a menudo puede parecer una grabación de una situación de crisis: Charli tiene un ataque de pánico en un auto cuando ve que los paparazzi la están esperando, o Dixie se desmorona cuando la acosan en línea.

Sin embargo, el contenido más revelador de Charli quizá sea su cuenta secundaria de TikTok, @user4350486101671, que comenzó en abril durante un viaje a Las Vegas para asistir a una pelea de box de Jake Paul. Tiene apenas quince millones de seguidores, y Charli la usa de manera mucho más casual. Los videos en general son más relajados que los de su cuenta principal, con un rango de emociones más amplio, desde la exuberancia hasta la exasperación. Los bailes son un poco más uniformes y un poco menos performativos.

A veces la brecha entre las dos cuentas es tan grande como la que hay entre la carga y la libertad, y a veces es lo suficiente para que de manera pícara sincronice sus labios con el audio de una grosería que quizá no se vea bien en su cuenta principal. Quizá aproveche la versión más comercial de sí misma en TikTok, pero en su cuenta alternativa prueba distintas personalidades y, casi en todos los videos, su sonrisa luce amplia y relajada. Se ve como alguien que se siente por completo en casa.

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