Tenoch Huerta Mejía y la belleza de la representación en 'Wakanda por siempre'

Tenoch Huerta Mejía en Nueva York, el 1.° de noviembre de 2022. (Elliott Jerome Brown Jr./The New York Times).
Tenoch Huerta Mejía en Nueva York, el 1.° de noviembre de 2022. (Elliott Jerome Brown Jr./The New York Times).

Fue durante un verano ocioso, cuando tenía 17 años, que Tenoch Huerta Mejía asistió a su primer taller de actuación. Su padre lo había inscrito, y así como jugaba fútbol americano desde los 5 años por diversión, Huerta pensó en la actuación como un pasatiempo más, no como una posible vocación.

“Convertirme en actor era algo tan inverosímil para mí como lo era convertirme en un jugador profesional de fútbol americano de México”, afirmó Huerta en español por teléfono desde un automóvil en marcha en Ciudad de México. “No puedes soñar con lo que no puedes ver. No veía personas con mi color de piel en la pantalla”.

Pero en la actualidad, la estrella mexicana de 41 años, proveniente del municipio de Ecatepec, en las afueras de la capital mexicana, ha convertido ese primer contacto con las artes dramáticas en una floreciente carrera que le valió el papel de Namor, el líder volador del ficticio reino submarino de Talokan, en la película épica de superhéroes “Pantera Negra: Wakanda por siempre”.

Esta actuación, que representa además su primer gran papel internacional, se ha ganado elogios de la crítica. David Rooney, de The Hollywood Reporter, elogió el “porte ceñudo y la presencia fornida en el papel” de Huerta, mientras que David Sims de The Atlantic alabó la manera en que el actor le infunde al personaje una “gran dignidad”.

Desde que Huerta tiene memoria, la industria televisiva y cinematográfica mexicana se ha visto “como si estuviera hecha para escandinavos”, según sus propias palabras. Las producciones en su mayoría presentan a estrellas blancas mexicanas o latinoamericanas, mientras que los actores de piel morena como él suelen ser relegados a papeles serviles, criminales o por lo general despectivos.

Afortunadamente, incluso cuando no estaba incluido en la narrativa, Huerta se sintió alentado por la confianza incondicional de su padre. Cuando le preguntó a su papá por qué lo había inscrito en las clases de actuación, la respuesta al parecer ambigua le tocó una fibra sensible.

“Me dijo: ‘Vi algo en ti’”, recordó Huerta. “Para mí, el significado de esa frase fue que mi padre me estaba viendo de forma integral, que tenía los ojos puestos en mí siempre”.

Tenoch Huerta Mejía en Nueva York, el 1.° de noviembre de 2022. (Elliott Jerome Brown Jr./The New York Times).
Tenoch Huerta Mejía en Nueva York, el 1.° de noviembre de 2022. (Elliott Jerome Brown Jr./The New York Times).

Mucho antes de que Marvel Studios les pusiera alas a sus pies, Huerta ya había hecho méritos trabajando durante más de 15 años en ambos lados de la frontera en aclamados títulos independientes como “Sin nombre”, “Güeros” e “Hijo de monarcas”.

Sin embargo, Huerta admitió que a menudo padecía del síndrome del impostor, como resultado de la hostilidad que enfrentan los actores de piel morena en la industria del entretenimiento mexicana. Tampoco ayudaba el hecho de que no hubiera recibido una educación formal en actuación de alguna institución destacada.

Un momento crucial fue el haber sido elegido para el papel principal en la emocionante película de suspenso de 2011 “Días de gracia”, dirigida por Everardo Gout. En preparación para el exigente papel de un oficial de policía que se pierde en la violencia, Huerta se alistó en la academia de policía de Ecatepec sin que sus compañeros cadetes supieran que estaba investigando para un personaje.

La visceral actuación no solo le valió a Huerta su primer premio Ariel al mejor actor (el equivalente de la academia cinematográfica mexicana al Oscar), sino que lo convenció de su propio talento arduamente labrado.

“Esa película cambió mi vida porque fue donde me vi por primera vez como actor y comencé a construir mi vida en torno al hecho de que era actor”, afirmó. “Antes de eso no lograba verlo”.

Gout, quien trabajó por primera vez con Huerta en un video musical varios años antes, ve el perfil cada vez más notorio de su amigo como una victoria personal.

“Estoy muy feliz por todo lo que está pasando con Tenoch en este momento”, dijo el director por teléfono. “Finalmente, otras personas están viendo lo que vi en él hace unos 15 años. Su éxito valida todas mis decisiones de haber luchado por tenerlo en muchos de mis proyectos”.

En “Wakanda por siempre”, el director Ryan Coogler fue testigo tanto de la devoción de Huerta por el proceso mientras aprendía las múltiples habilidades necesarias para interpretar a Namor —el actor no sabía nadar antes de ser elegido— como de la solemnidad de su presencia en la pantalla.

“Tenoch estuvo trabajando en dos idiomas que no eran sus nativos, inglés y maya yucateco, mientras actuaba con prótesis de maquillaje a 5 metros bajo el agua”, contó Coogler a través de una nota de voz. “Es un verdadero camaleón y uno de los actores más asombrosos con los que he trabajado”.

Fuera de la pantalla, Huerta es un notorio activista contra el racismo que utiliza su plataforma para exigir compensaciones para los mexicanos de piel morena, ya sea que se identifiquen o no como indígenas. Huerta conectó profundamente con el orgullo con el que Namor abraza y protege sus orígenes mayas.

“Soy hijo de civilizaciones mesoamericanas, aunque mis venas tengan sangre de muchas partes del mundo”, afirmó Huerta. “En términos de mi identidad, cultural y emocionalmente, estoy vinculado, moldeado y sincronizado con mi historia, con mi herencia”.

El nombre de pila del actor, Tenoch, el cual comparte con un líder azteca del siglo XIV, proviene del idioma náhuatl y se traduce como “nopal de piedra”. El nombre, cree el actor, es evidencia de que su padre vio que su identidad mexicana era inseparable de su raíz indígena.

“Como eres mexicano, te pondré un nombre mexicano”, le dijo el padre de Huerta.

El racismo imperante en la sociedad mexicana, afirmó Huerta, es la consecuencia viva del genocidio cultural que los colonizadores europeos perpetraron contra los pueblos indígenas de las Américas. A través de la mezcla intercultural, intentaron romper los lazos de la población con sus antepasados indígenas.

“Nos enseñaron a estar avergonzados de nuestra piel morena, a despreciar a la gente morena, a maltratar al pueblo indígena, a sentirnos avergonzados de nuestros ancestros, y eso ya no lo puedo tolerar”, sentenció un apasionado Huerta. “Nunca hubo nada malo con nosotros. No debieron habernos obligado a hablar español. No debieron intentar occidentalizarnos”.

Huerta abordó estos temas en un libro cuyo objetivo es empoderar a los lectores jóvenes. Publicado este año, “Orgullo Prieto” utiliza anécdotas personales, tanto de víctima como de perpetrador de conductas discriminatorias, para explicar conceptos esenciales del antirracismo.

Que “Wakanda por siempre” presente personajes indígenas de piel morena con habilidades sobrenaturales que viven en un reino fascinante, permite que cualquiera que conecte con los principios de Huerta finalmente se sienta representado de forma respetuosa. La película también desafía a las compañías de medios y los artistas de América Latina y otros lugares a repensar sus representaciones y a incluir a personas de color en sus proyectos.

“El éxito de esta película derriba los argumentos de los racistas y supremacistas blancos en México, y en todas partes del mundo, que aseguran que la piel morena no vende o que la representación no es rentable”, sostuvo Huerta. “Es hermoso vernos representados de una manera diferente”.

Encarnar a una especie de semidiós mesoamericano en una película de Marvel le ha dado a Huerta una de sus mayores satisfacciones. Cuando su hija de 9 años, quien rara vez ve sus películas, vio la imagen de su padre en la figura Funko Pop de Namor, validó toda su carrera en un instante.

“Me dijo: ‘¡Papá, ahora sí eres un actor! Tienes un Funko’”, recordó Huerta con una carcajada estruendosa.

“El odio se queda en los que odian, y nosotros ejercemos nuestra capacidad y derecho a ser felices”, afirmó Huerta. Como dice la cineasta indígena Luna Marán, agregó: “‘Que nuestra felicidad sea nuestra mejor venganza’”.

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