La tenaz avanzada bonaerense

Jorge Liotti
·9  min de lectura
Axel Kicillof y Alberto Fernández
Axel Kicillof y Alberto Fernández

La semana se empezó a torcer a la media tarde del miércoles. También la historia de la gestión de la pandemia. El Presidente, recién dado de alta, convocó a su primera actividad presencial en Olivos. Allí, junto con Santiago Cafiero, Carla Vizzotti y Julio Vitobello, terminó de definir las medidas que anunciaría a la noche y que derivarían en un sismo político y social.

En la Casa Rosada aseguran que lo venía meditando desde los días anteriores. Entre los gobernadores e intendentes reina la convicción de que hubo un cambio abrupto e imprevisto. La diferencia no es menor. Lo que está en el medio es el grado de autonomía de la decisión.

Después de la 5 de la tarde Axel Kicillof habló con Alberto Fernández y le transmitió un mensaje claro: que l os intendentes del oficialismo apoyaban abrumadoramente la decisión de suspender las clases presenciales y endurecer las restricciones a la circulación. El gobernador venía de presidir un largo zoom en el que, en realidad, se habían expresado posiciones contrapuestas. Algunos, como Mario Secco de Ensenada, uno de los municipios desbordados por los contagios, habló de cerrar todo y bancarse las consecuencias. También la zona norte del conurbano está en una situación crítica por las derivaciones de las prepagas. Pero otros distritos, como Ezeiza, La Matanza, Esteban Echeverría o Hurlingham, enfrentan realidades mucho menos acuciantes. Una de ellas tiene apenas tres internados en terapia intensiva.

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Las cámaras se apagaron sin una definición aparente. Uno de los intendentes se comunicó después con Cafiero para advertirle que no había unanimidad con suspender las clases. Pero a esa altura el anuncio era irreversible. “ Kicillof le quemó la cabeza a Alberto todos los días previos porque quedó disgustado con las medidas de la semana anterior, y después del zoom fue incontenible”, relató uno de los alcaldes, para quien el episodio es un deja vú de la resolución de la crisis policial del año pasado. Sobrevoló la versión de un llamado fulminante de Cristina Kirchner, pero nadie tuvo constancia de una intervención directa.

Una opción fuera de la mesa

En el Gobierno argumentan que Fernández venía reuniendo datos múltiples del agravamiento de la situación sanitaria y que había estado muy activo en sus últimos días de su confinamiento. Entre el lunes y el martes Cafiero había presidido dos reuniones ministeriales y una con epidemiólogos, en las que hubo mucha preocupación por el nivel de contactos sociales. Nicolás Trotta, en línea con Vizzotti, había reunido evidencia para demostrar que las clases no eran un problema. Cuando el planteo viró hacia el tema de la circulación, evaluó alternativas para disminuir el movimiento generado por el sistema educativo, que variaban desde suspender las actividades extracurriculares y establecer una presencialidad por días , hasta un esquema de priorización de los años superiores de la primaria y la secundaria. “Hasta las 5 de la tarde del miércoles se estuvo trabajando en otro sentido”, admiten quienes estaban al tanto de esas iniciativas. Hasta ese momento, el cierre de las aulas no había aterrizado nunca en la mesa de opciones. Mientras aún discurría la reunión en Olivos, Trotta recibió el llamado de Cafiero, quien le transmitió la sorpresiva decisión presidencial. “El lunes va a ser un día difícil”, admiten en Educación.

“Alberto estaba enojado porque vio que los gobernadores y el jefe porteño no habían cumplido los compromisos de la semana anterior, cuando se anunciaron restricciones a la nocturnidad. Nadie controló nada, especialmente en el AMBA. Larreta salió a desmarcarse y Kicillof tampoco tomó medidas”. La frase pertenece a un funcionario muy cercano al presidente, que entiende que el negocio de los mandatarios provinciales es cargarle el costo político de las medidas antipáticas a Fernández. En la Casa Rosada se preocuparon en subrayar una contradicción entre la inacción del gobernador bonaerense y la fuerte demanda posterior para endurecer, y exhibían como ejemplo la aglomeración en Unicenter.

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Con todo este trasfondo, el miércoles a la noche Fernández encaró las cámaras y avanzó con las medidas que marcarían definitivamente la segunda temporada de la pandemia en la Argentina. “Fue una decisión absolutamente personal, aun contra la opinión de algunos de los epidemiólogos, basado en su enorme preocupación”, sintetizó un ministro que fue testigo cercano de la mutación presidencial sin poder explicarla. Con ese mensaje debilitó a parte de su gabinete, se distanció de los gobernadores del interior, tensionó al extremo con la oposición y, fundamentalmente, generó una brecha con amplios sectores sociales . No es el mejor modo de encarar la etapa más crítica de la pandemia.

El impacto interno

Tenemos problemas serios de coordinación. Quedó claro esta semana”. Uno de los funcionarios que interactúa regularmente con Cristina Kirchner y que vio toda la escena desde el margen tradujo así su percepción sobre la intrépida dinámica oficial. Ante un interlocutor externo, la vicepresidenta volvió a marcar en estos días su percepción crítica del Gobierno y de su cabeza . Aun cuando se mantiene a distancia, hace saber su parecer sobre Fernández. La última secuencia volvió a dejar al descubierto desarticulaciones difíciles de justificar. Vizzotti sufrió un desgaste político acelerado, justo cuando afronta su mayor desafío como ministra, y Trotta deberá esperar unos días para volver a hablar en público después de quedar tan expuesto.

Pero no fueron los únicos damnificados por el viraje. Martín Guzmán, que partió a Europa envuelto en versiones fogoneadas desde la provincia, se enteró tarde de la decisión de aumentar los fondos de ayuda para beneficiarios de AUH, una medida que vuelve a alterar su esquema presupuestario (también perdió otro round importante en la pelea por las tarifas). Tampoco Daniel Arroyo, más allá de su demanda por más partidas, tenía conocimiento previo sobre las medidas, que parecieron apuntar más a contener la impopularidad de las restricciones a la circulación. En el gabinete todavía pesa muy fuerte el “efecto Losardo”, interpretado como la sensación latente entre los ministros de que prevalece una falta de cuidado, sobre todo en público, que termina debilitando a las figuras más próximas al Presidente. El desgaste de su entorno instala una idea de soledad que es peligrosa para Fernández.

La conquista bonaerense

“Viene todo de la provincia”, es la frase que pronuncia un funcionario albertista que desde hace tiempo se encarga de resaltar el creciente protagonismo de Kicillof, como representante de Cristina en la tierra. El gobernador consiguió impregnar a Fernández de todos sus temores con un argumento contundente: mientras no se consiga vacunar a la mayoría de la población, el único logro que puede exhibir el Gobierno frente a la pandemia es haber evitado una situación de colapso sanitario y las imágenes de los muertos en las calles que se vieron en otros países de la región. Es el capital simbólico a defender. El gobernador bonaerense cree genuinamente en un rol más dirigista del Estado, como organizador social superior y activo. Por eso desconfía tanto de las recetas de responsabilidad individual que cultiva Larreta. Representan dos cosmovisiones ideológicas contrapuestas.

Pero la incidencia de Kicillof no se limita al plano sanitario. Sus planteos económicos son el marco conceptual que explican varias medidas del Gobierno, desde los controles de precios de su discípula Paula Español hasta el reciente refuerzo para la ayuda social que impactará especialmente en el conurbano. También mantiene una postura irreductible en materia de seguridad, donde sostiene a Sergio Berni en su enfrentamiento con Sabina Frederic, una serie policial que tuvo un nuevo capítulo el viernes, cuando Fernández y su ministra participaron de un acto en Campo de Mayo con los intendentes y sin el médico bonaerense.

Sabina Frederic y Alberto Fernández
Sabina Frederic y Alberto Fernández


Sabina Frederic y Alberto Fernández

Kicillof logró algo que solo unos pocos elegidos consiguen: que Cristina lo escuche . Desde ahí influye cada vez más y desafía la premisa de que la provincia se gobierna desde la Nación. Hoy muchas directivas siguen la dirección contraria. Tiene sentido, el bastión del oficialismo es la provincia, y en la lógica peronista, los votos son el poder.

Pero Kicillof no es el único que se expande. Máximo Kirchner y Sergio Massa hace tiempo que manejan buena parte de la política subterránea en una convivencia, por ahora, mutuamente funcional. El primogénito transita incesante el conurbano regando los votos de las legislativas. El mes próximo asumirá la conducción del PJ. Del otro lado del sidecar, el tigrense juega a diez bandas en cada movida y se ofrece como vocero de los gobernadores. A ellos se suma Wado de Pedro, que ha cobrado un protagonismo gradual pero sostenido desde el año pasado. El ministro se transformó en un intermediario privilegiado de actores de la política y de la economía. Expresa un pensamiento que excede su rol en Interior y tiene un nivel de certeza que sorprende a sus interlocutores, acostumbrados a las incertidumbres de otros ministros . La membresía de La Cámpora ofrece esos beneficios. En el albertismo hay quienes vislumbran un proyecto político propio a largo plazo, que él mismo busca desalentar todo el tiempo.

Su motor híbrido de fuerte carga ideológica con pragmatismo consolidado será sometido a prueba en la discusión sobre las PASO y la realización de las elecciones. Lograr hoy un consenso con la oposición en el Congreso se ha transformado en un desafío para operadores avezados. También debe atender las demandas de la Justicia para la organización de unos comicios absolutamente atípicos. En la Cámara Electoral pulen disposiciones especiales que requerirán medidas extra que el Gobierno aún no resolvió: solo habrá 8 mesas de sufragio por establecimiento, con distancia de 2 metros entre fiscales, y puertas de ingreso y salida diferenciadas. También se incrementarán de 15.000 a 20.000 los centros de votación en todo el país, lo que implicará, además de un fuerte cambio en el padrón, habilitar establecimientos municipales, clubes y sociedades de fomento. Estas disposiciones obligarán a una ampliación presupuestaria que calculan en un 30 %, un despliegue mucho mayor de las fuerzas armadas y una aceleración en la vacunación del personal más expuesto. El tema de las PASO continúa abierto, aún dentro del oficialismo. Massa y los gobernadores aún no abandonan la idea de la suspensión. En el Instituto Patria no están convencidos, pero no la descartan totalmente si la situación sanitaria empeora. La Casa Rosada irá viendo.

Hay dos datos que mantienen vigente el optimismo electoral del Gobierno. Uno está reflejado en los gráficos que circulan en la Jefatura de Gabinete: en los sectores sociales en donde ya hay un alto nivel de vacunación, como por ejemplo personal médico y mayores de 80, el descenso de la mortalidad y de los contagios es muy brusca. El otro quedó expresado en la reciente encuesta de Poliarquía: entre quienes se vacunaron, el 54 % aprueba el manejo que hizo el Gobierno de la pandemia, contra un 38 % que lo rechaza; mientras entre quienes no fueron inoculados la aprobación es del 36 % y la desaprobación sube al 57 % . En un caso se comprueba que la vacuna es salud; en el otro, que las vacunas son votos.