En Sweetwater la crisis de la vivienda trae problemas para todos sus residentes

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Daniel A. Varela/dvarela@miamiherald.com

Aziz Djerroud, de 34 años, vive con sus padres al borde de Sweetwater, una ciudad al oeste del condado Miami-Dade. Graduado de la Universidad Internacional de Florida con un BA en biología, el técnico químico ha llamado a Sweetwater hogar desde que su familia se mudo de La Pequeña Habana hace 18 años. Pero con su salario de $42,000, mudarse a una casa propia es imposible para él. Pagar un alquiler significaría que Djerroud no pudiera ahorrar para la jubilación y pagar sus deudas estudiantiles.

Y Djerroud no está solo. No es ningún secreto que Miami está en la mitad de una de las crisis de asequibilidad de la vivienda más extremas de los últimos años, tanto que Miami fue recientemente nombrada como la ciudad menos asequible de vivienda en Estados Unidos según un reporte que salió en febrero. En Sweetwater, como en el resto del condado, la crisis trae problemas para todos —especialmente a los residentes jóvenes de más bajos ingresos.

De los 34 municipios del condado Miami-Dade, Sweetwater es a la vez una de las ciudades de menores ingresos y una de las ciudades con la mayor población latina en Florida (el 95 por ciento). El ingreso familiar promedio para la ciudad es de $40,000 y casi 20 por ciento de la población vive en pobreza según el censo de EEUU.

Del 2016 hasta el 2020 sólo el cuarenta por ciento de la población eran dueños de su propia casa, comparado con la mitad de los residentes en todo Miami-Dade. Muchos residentes de Sweetwater rentan con un precio de alquiler medio de $1,375 en esos mismos cuatro años. En el 2020, la vivienda en la ciudad ya se consideraba inasequible para una gran parte de la población. Hoy en día, el problema solo ha empeorado.

“Muchos hablaban de una crisis de vivienda antes del COVID. Entonces, si eso fue una crisis de vivienda, ¿qué es esto?” dice Edward “Ned” Murray, experto en temas económicos y del mercado inmobiliario en el sur de la Florida y director asociado del Centro Metropolitano en FIU. Él ve la crisis de vivienda corriente como algo que solo se ha vuelto exponencialmente más drástico con el tiempo, en parte debido a lo que ve cómo la inacción del gobierno.

“Es un problema tan importante al que aún no hemos visto que los gobiernos locales respondan realmente, y en parte porque esto no tiene precedentes”, dice Murray. “Pero hemos tenido problemas de vivienda asequible en Miami-Dade y el sur de la Florida que han sido bien reconocidos desde 2005, 2006... El hecho es que íbamos en esta dirección durante mucho, mucho tiempo”.

Adrian Madriz, director ejecutivo de la organización comunitaria Struggle for Miami’s Affordable and Sustainable Housing, o SMASH, está de acuerdo. SMASH se enfoca en luchar contra la gentrificación y garantizar la justicia de vivienda para las comunidades más vulnerables de Miami-Dade, y Madriz ve los precios extremos de los alquileres como uno de los problemas más grandes para combatir. “Lo más importante que podríamos hacer es estabilizar los alquileres. Esa sería la forma más efectiva de brindar asequibilidad a la mayor cantidad de personas en el menor tiempo posible”, él dice.

Pero ese tipo de asistencia todavía no existe en Miami-Dade. Para los miles de residentes en Sweetwater que, cómo Djerroud, ganan aproximadamente $40,000 por año o menos, eso significa un mercado de alquiler en gran parte inaccesible. Y aunque Sweetwater ha desarrollado algunos proyectos de vivienda asequible en los últimos años —como los departamentos Lil Abner y los departamentos de Sweetwater Tower, los dos proyectos creados para ayudar a la gente mayor— muchos residentes que no entran en los requerimientos de los proyectos siguen cayendo en el olvido cuando se trata de viviendas asequibles.

A la vez, Sweetwater es una ciudad en rápido desarrollo, un hecho que, según el alcalde Orlando López, pudiera abrir la puerta para más proyectos de vivienda asequible como la vivienda para trabajadores. Pero todo requiere balance y diálogo significativo con expertos y miembros de la comunidad.

Por ejemplo, mientras Madriz dice que vale la pena tener “cualquier tipo de vivienda asequible”, agrega que “lo que siempre molesta a muchos activistas de la vivienda [en Miami] es cuando la vivienda propuesta para los trabajadores es en realidad solo vivienda a precio de mercado”.

Un esfuerzo para tener vivienda de trabajadores para personas como Djerroud, según Madriz, debería de enfocarse en los que él llama “los verdaderos trabajadores” —aquellos que ganan $40,000 o menos.

“Al final, la ciudad de Sweetwater, como cualquier otra comunidad, tiene que preguntarse: ¿Quién se beneficia de esto? ¿Está proporcionando suficientes viviendas asequibles para sus trabajadores y residentes? ¿Está desarrollando y creando puestos de trabajo para esos residentes?” dice Murray.

El desarrollo, dice, “tiene que ser parte de un plan más amplio en el que se entiendan cuáles son los impactos, pero también dónde están las oportunidades para los propios residentes como principales beneficiarios de cualquier tipo de desarrollo”.

Si Djerroud estuviera viviendo solo en Sweetwater sólo le sobraría una fracción de su sueldo todos los meses. “Estaría viviendo de cheque en cheque esencialmente”, dice. “No sería capaz de ahorrar para comprar una casa. No sería capaz de tener una vida fuera del trabajo e ir a casa.… No sería capaz de disfrutar de la vida”.

Por ahora, él se está enfocando en el horizonte. Aunque si busca comprar casa eventualmente, ya no lo quiere hacer en Florida a causa del cambio climático. Pensando especialmente en Sweetwater con su poca elevación, Djerroud dice que “preferiría no hacer una compra tan permanente en un terreno que podría estar bajo el agua”. Mientras tanto, se dedicará a pagar sus deudas estudiantiles mientras tenga la seguridad de vivir con sus padres.

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