“Sustancia extraña”: la desconfianza de los rusos hacia la Sputnik V sigue latente

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La Plaza Roja de Moscú, con poca gente y cuidados con tapabocas
DIMITAR DILKOFF

MOSCÚ.- Lejos de las largas filas y la búsqueda tenaz de vacunas contra el coronavirus en el mundo, los rusos no quieren inocularse, desconfiados en el medicamento y de las autoridades que lo desarrollaron.

En la Plaza Roja, los moscovitas pueden vacunarse gratuitamente sin cita previa en la tienda de lujo GUM, así como en numerosos centros comerciales y parques. Pero tanto en un lugar como en el otro, no hay nadie o casi nadie.

Es la paradoja rusa: el presidente Vladimir Putin anunció con bombos y platillos la primera vacuna del mundo, la Sputnik V, en agosto de 2020. Su eficacia fue reconocida por la respetada revista médica The Lancet, así como por numerosos países, que la aplican -como es el caso de la Argentina-.

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Pero según un reciente sondeo del instituto independiente Levada, más de 60% de los rusos consultados no pretenden vacunarse. Así lo manifestaron numerosos transeúntes en el centro de Moscú.

Natalia Evtushenko, una profesora de yoga de 55 años, reconoce que “el virus puede afectar gravemente a un sistema inmunitario débil”. Ella misma estuvo grave por el Covid-19. “Pero la vacuna es una sustancia extraña que el cuerpo puede rechazar y el resultado puede ser aún peor”, afirma.

Para Davlatmo Kadamshoyéva, estudiante de relaciones internacionales de 23 años, “se necesita más de un año para verificar plenamente una vacuna”.

El presidente ruso, Vladimir Putin
El presidente ruso, Vladimir Putin


El presidente ruso, Vladimir Putin

“¿Quién sabe si la vacuna funciona?”, se preguntó Dmitri Ionov, de 20 años, estudiante de informática, quien dice que prefiere estar 100% seguro antes de vacunarse.

Después de meses de una silenciosa campaña de vacunación y del levantamiento de la mayor parte de las restricciones sanitarias, las autoridades rusas se alarman de la posibilidad de que se acerque una nueva ola de contagios.

“Tengan en cuenta que la vacuna rusa es la más viable y segura hoy en día”, sostuvo el miércoles Putin.

El alcalde de Moscú, Serguei Sobianin, exclamó consternado que “la gente continúa muriendo y no se quiere vacunar”.

La política antes que la salud

Alrededor de 11,5 millones de personas han recibido las dos dosis de vacuna, de una población de 146 millones de rusos.

Para convencer a los escépticos, las autoridades ofrecen regalos o incluso 1000 rublos (13,4 dólares) para los jubilados.

Esto porque Putin se puso una meta: alcanzar la inmunidad colectiva para el otoño boreal.

Rusia es uno de los países más afectados por la pandemia, con alrededor de 250.000 muertos hasta fines de marzo, según la agencia de estadísticas Rosstat. La cifra es más del doble de los datos que publica el gobierno en su contabilidad diaria.

Un trabajador médico ruso prepara una inyección de la vacuna rusa Sputnik V en Moscú. (AP Foto/Pavel Golovkin, Archivo)
Un trabajador médico ruso prepara una inyección de la vacuna rusa Sputnik V en Moscú. (AP Foto/Pavel Golovkin, Archivo)


Un trabajador médico ruso prepara una inyección de la vacuna rusa Sputnik V en Moscú. (AP Foto/Pavel Golovkin, Archivo)

El sociólogo Alexei Levinson, de Levada, explicó que los rusos simplemente no creen “que la vacuna haya podido pasar todas las pruebas” y temen eventuales “efectos indeseables”, mientras subestiman los riesgos de la enfermedad.

Propaganda soviética

Muchos rusos, desencantados por décadas de propaganda soviética y después rusa, consideran que “los objetivos políticos” del Kremlin, que quiso ser el primero en anunciar la vacuna, “tienen más valor que la salud pública”, agregó Levinson.

Tanto que en el verano de 2020, los riesgos sanitarios fueron “abiertamente relegados para organizar el voto sobre las enmiendas a la constitución”, que permiten a Putin continuar como presidente hasta 2036.

“La desconfianza hacia las autoridades y el sector médico” por reformas impulsadas en los años 2000, así como la falta de confianza en las estadísticas de mortalidad, terminaron alimentando el rechazo, consideró el sociólogo.

Ania Bukina, de 35 años, quien trabaja en mercadeo, dijo a AFP que no confía “en absoluto en la producción médica rusa a causa de las reformas de la salud en Rusia a lo largo de los años, que han comprometido su calidad”.

“Prefiero esperar a que las otras vacunas estén disponibles, no solo las rusas”, agregó.

Anton Gopka, investigador de biotecnología, lamentó que “las dosis de Sputnik V son suficientes, pero no son utilizadas. Siguen almacenadas”. A su juicio, hace falta “intensificar la campaña de sensibilización” e imponer “restricciones a los no vacunados”.

Rusia ha informado que desarrolló tres vacunas, de las cuales la Sputnik V es la más utilizada y la única que obtuvo homologación internacional.

Agencia AFP

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