Sebastián Báez y Tomás Etcheverry perdieron en el debut del ATP 250 de Adelaida

La felicidad de Facundo Díaz Acosta
La felicidad de Facundo Díaz Acosta

Sebastián Báez y Tomás Etcheverry se despidieron rápido del ATP 250 de Adelaida: cayeron en su debut y repitieron el tropiezo prematuro de la semana pasada en Brisbane. Báez, que se ubica en el puesto 28° del ranking, perdió ante el inglés Jack Draper (61°), que se impuso por 6-1 y 6-3. Este enfrentamiento fue el segundo en el historial entre ambos después de la victoria del europeo sobre el argentino en el Masters 1000 de Montecarlo el año pasado, con parciales de 6-3 y 7-5. En la temporada pasada, Seba conquistó tres títulos en Córdoba, Kitzbuhel y Winston-Salem.

Etcheverry, 30° del mundo, viene de tener la mejor temporada de su carrera y busca reafirmarlo manteniéndose en el Top 30. Sin embargo, luego del tropiezo en Brisbane ante el checo Tomas Machac, en Adelaida no pudo ante el ruso Alexander Shevchenko (48°), que le ganó en tres sets: 7-6 (4), 4-6 y 7-5.

La alegría argentina llegó de la mano de Facundo Díaz Acosta, quien en la final de la qualy levantó tres match points contra el brasileño Thiago Seyboth Wild en el segundo set y terminó ganándole 2-6, 7-6 (6), 7-6 (3). El zurdo, de 23 años, debutará contra Jordan Thompson esta noche, cerca de las 22.50.

El argentino sentía que el triunfo se le escapaba. Había perdido 6-2 el primer set y estaba 3-6 en el tie-break del segundo. Pero entonces, acorralado, sacó a relucir su mejor tenis y logró cinco puntos seguidos para quedarse con el parcial y llevar la definición a un tercero. La notable paridad continuó, hasta que en el desempate logró imponerse 7-3. Cabe recordar que el combativo Thompson fue el verdugo de Rafael Nadal en Brisbane, donde venció al español por 5-7, 7-6 y 6-3.

Aprender a perder

Aprender a perder para un chico como Seba, que en 2021 había ganado seis Challengers y ganó, ganó y ganó…, es parte de un desafío, de un proceso. Lo que te hace saber que está bien es el compromiso con el que trabaja todos los días. Es un animal entrenando”. La conversación entre Sebastián Gutiérrez, el entrenador de Sebastián Báez, y LA NACION, se produjo en los pasillos de Roland Garros, el 1° de junio pasado, pocas horas después de que el tenista argentino perdiera en forma angustiante con el francés Gael Monfils, luego de haber dominado 4-0 en el quinto y último set. La noche en el court Philippe Chatrier, con el público local enfervorizado y cruzando los límites de la mala educación, le había dado un mazazo anímico muy doloroso a Báez, que otra vez se despedía de un torneo en su debut, por octava vez en el año.

Sebastián Báez, durante el último US Open
Sebastián Báez, durante el último US Open - Créditos: @AL BELLO

La derrota lo dejó mareado a Báez; lo sacudió. Y ese resultado en París, de cierta manera y en su interior, se sumó a una racha de trece derrotas (en catorce partidos) que acarreaba del segundo semestre de 2022. Sin embargo, el cimbronazo en el segundo Grand Slam de la temporada no lo derrumbó. Durante la misma charla, Gutiérrez contó que la mañana posterior a la caída ante Monfils, Báez le golpeó la puerta de la habitación del hotel muy temprano, antes de desayunar. Tuvieron una “reunión de equipo”, a la que se sumaron el preparador físico, Martiniano Orazi, y Javier Frana, que se había incorporado al grupo desde principios de año para aportar otra mirada tenística. Se hizo autocrítica, se masculló bronca, se realizó un balance de lo que había sucedido y, sobre todo, se pensó en lo que vendría, en los próximos pasos. Báez regresó a Buenos Aires y Gutiérrez permaneció unos días en Roland Garros, acompañando a otro de sus dirigidos, el brasileño Thiago Seyboth Wild, que en ese torneo superó la qualy y dio la sorpresa derrotando a Daniil Medvedev en la primera ronda.

Báez descansó un puñado de días y puso la maquinaria en funcionamiento otra vez, con miras a Wimbledon y, sobre todo, a los últimos torneos europeos sobre polvo de ladrillo y a la gira norteamericana sobre superficie dura. En el césped de Londres perdió en la primera ronda, al igual que en Bastad. Pese a caer, levantó el nivel en Hamburgo (perdió en tres sets con Casper Ruud). Cabeza dura y empeñoso, siguió intentando. Y la explosión llegó en Kitzbühel, ganando el trofeo. No jugó los Masters 1000 de Canadá y Cincinnati, y fue al ATP 250 de Winston-Salem, sobre cemento. Y terminó ganando el título, venciendo a rivales peligrosos como Daniel Galán, Aleksandar Vukic, Laslo Djere Borna Coric y Jiri Lehecka (en la final). Habían pasado cuatro años desde el último trofeo nacional en canchas duras. Además, Báez se convirtió en el primer argentino en obtener tres títulos o más en la misma temporada (se suma el de Córdoba, en febrero) desde Juan Martín del Potro en 2013.

Tomás Martín Etcheverry debutó en la Copa Davis en 2023
Tomás Martín Etcheverry debutó en la Copa Davis en 2023 - Créditos: @ITF Tennis

Un crecimiento notable

Tomás Etcheverry era 79° del ranking mundial en diciembre de 2022 cuando emprendió la pretemporada con un nuevo coach (Wally Grinóvero) y un objetivo desafiante: transformarse en un jugador mucho más agresivo y alcanzar el top 50. Y todo se le dio con rapidez al jugador de casi dos metros (1,96m). Hoy es 30°, luego de obtener avances muy valiosos en el circuito, siendo dos veces finalista (en Santiago de Chile y en Houston) y cuartofinalista en Roland Garros.

Pero la temporada lo siguió premiando. A los 24 años, debutó en el equipo argentino de Copa Davis. Destacado en las distintas categorías menores, es como que el platense se fue preparando para este momento, para la citación de la “máxima división”.

En una reciente entrevista con LA NACION, Etcheverry compartió detalles de su preparación para dar el gran salto: “Me preparé en ser un jugador mucho más agresivo y cambiar pensamientos malos que tenía, que no me llevaban a ningún lado. No pensé que iba a ser tan rápido, esa es la realidad. Lo bueno es que me entregué a esa manera que mi nuevo entrenador me proponía y todo se dio muy rápido. Me decía que le diera seis meses para jugar de una determinada manera y que en ese tiempo iba a notar el cambio en el ranking..., y así fue. Después de seis meses me encontré 30 del mundo. Ahora las metas van cambiando. Fue un año excelente”.

En esa misma respuesta exponía la fortaleza ganada para cuando no todo sean triunfos: “Estos son los primeros meses que compito en el más alto nivel, lo cual me tiene que ayudar a no frustrarme cuando no se dan los resultados”.