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“Sáshe”, la mirada sorora detrás de una de las fotos más poderosas sobre el cáncer

Shashenka Gutiérrez y Sandra Monroy/Karina Lopez.
Shashenka Gutiérrez y Sandra Monroy/Karina Lopez.

El 12 de junio la revista Forbes publicó su listado “100 Mujeres + Poderosas de México” y me llamó la atención que dentro de este ránking -en el que destacan políticas, deportistas, científicas, empresarias, etcétera- se incluyera a la fotoperiodista Sáshenka Gutiérrez.

La misma publicación indica que la fotógrafa destaca porque ha logrado capturar “no sólo la emoción y la historia, también resalta las urgencias de grupos vulnerables” y justo al tratar de entender más sobre su trabajo vi que hace un par de años una de sus fotografías me había impactado; no tenía tanta claridad, pero recordaba perfecto que esa imagen me había provocado un mix de sentimientos encontrados por el simple hecho de ser mujer. Pero, ¿de qué imagen hablo? Hablo de la fotografía que Sáshenka tomó a Sandra Monroy, quien es comunicadora y que en el 2021 decidió documentar su proceso contra el cáncer, pero “con la mirada profundamente sorora” de su amiga y colega, Sáshenka, según lo indica Monroy en su libro autobiográfico Jódete, Cáncer.

Es importante destacar que “sororidad” es un término válido para la Fundéu desde el 2016 y alude “a la relación de solidaridad entre mujeres”; proviene de la palabra inglesa “sisterhood”, utilizada por Kate Millet en los 70 y el cual más tarde la académica mexicana Marcela Lagarde utilizó en español como “una forma cómplice de actuar entre mujeres”, según indicó a la agencia EFE.

La fotografía -donde se observa a Sandra Monroy con mastectomía bilateral y con la cual salvó su vida- fue destacada en primera plana en el periódico El Universal en 2021.

Asimismo, gracias a esta imagen sorora y la confianza de Monroy a Sáshenka, la fotoperiodista recibió el Premio Ortega y Gasset a la mejor fotografía en 2022. Para el jurado de tan prestigioso premio español, la imagen de la fotoperiodista mexicana “captura un momento de máximo dolor, en el que la herida es todavía reciente y que aun así logra transmitir esperanza” y su valor reside “en el inusual retrato de una intimidad cruda, queafecta a muchas mujeres en todo el mundo”.

Para conocer más sobre este ojo único de Sáshenka la contacté y me contó que ella no estudió fotografía, pero recuerda que un día cuando su papá compró el periódico La Jornada, vio una fotografía de los zapatistas y pensó que ella quería hacer fotografía.

Así, tuvo que tocar las puertas en las agencias y con su trabajo y dedicación llegó a la agencia española EFE en la cual lleva más de 10 años laborando. Sobre la foto por la que fue galardonada en España, indicó: “Quiero mucho esa foto, quiero mucho ese trabajo, pero creo que es todo el trabajo que he venido construyendo desde hace tiempo desde hace más de 10 años” y agregó que en específico la toma de su amiga “es un trabajo que inicialmente lo pensamos Sandra y yo como un homenaje o una manera de despedir a sus senos… y no teníamos idea de todo lo que iba a causar”. Enfatizó, que el mensaje principal “es que todas lleguemos a tiempo, romper los tabúes sobre la concepción que tenemos de nuestros cuerpos, que somos más allá de unos senos y se trata de sanar mujeres no chichis”.

Sáshenka, quien se describe como la fotógrafa, pero también como “la hermana, hija, esposa” y a quien le gusta “un buen las plantas, los perritos y ama su trabajo con todo su ser”, reconoció que la imagen por la que ha sido galardonada “fue un momento no planeado, fue totalmente orgánico”. Comparte que el día que dieron de alta a Sandra sólo se dedicó a escucharla y acompañarla: “Sandra estaba muy mal y ese día decidí no hacer ninguna foto… sólo me dediqué a escucharla, a sostener su mano y ya”. Así al día siguiente, narra Sáshenka, llegó muy temprano a la casa de su amiga tomó una secuencia fotográfica y de acompañamiento: “cuando a ella le descubren el pecho, la foto del premio, pero también hay una foto donde ellas están observando en el espejo, otra donde ella se mete a bañar, otra donde Gina -amiga de Sandra- le cepilla el pelo, todo, todo, todo es completamente orgánico, sólo que yo estaba ahí, disparando con mi cámara”.

Por otra parte, en la presentación de su libro en una cafetería de la Ciudad de México el 15 de junio, Sandra Monroyo, me indicó que si pudiera meterse a ese momento, ella diría que volvió a nacer por muchas cosas: “de entrada estaba rodeada de mujeres que estaban apoyándome, caminando conmigo amorosamente, ahí estaba “Sáshe”, Gina, mi mamá, pero también ahí estaban todas las que no conozco”. Agregó, que “la magia de ese momento es que somos todas ahí, o sea, tiene mi nombre y tiene la autoría de “Sáshe”, pero cuando sale en esa primera plana de El Universal hubo reacciones de todo el mundo: “desde Venezuela, Chile, España, de una chica de Francia que agarró el traductor, una chica de Australia… me decían que esa imagen es la misma imagen que habían vivido con su esposo, hermana, doctores… Así que en ese momento acabé de reafirmar que no se trata de mí, se trata de todas”.

La fotoperiodista que también forma parte del documental, Endangered; -el cual narra la vida de cuatro periodistas en países donde su profesión es de alto riesgo-, reconoce que entrar a la lista de Forbes es un privilegio porque es una lista de mujeres “que han dejado huella”, mujeres que admira y que incluso le ha tocado fotografiar, como es el caso de la escritora Elena Poniatowska. “La verdad es que yo, si te soy honesta, nunca me ví o nunca pensé estar un día en este lugar”.

Al ser cuestionada sobre qué significa esto para su gremio y para las mujeres fotoperiodistas, indicó que “es algo importante, porque creo que ninguna mujer fotoperiodista antes había estado o la habían tomado en cuenta para estar ahí. ¿Esto qué significa? Significa que nos han volteado a ver… significa que le puede abrir espacios a alguna otra compañera”.

Finalmente, Sáshenka, quien se siente orgullosa de sus cobertura en las marchas de 8 de marzo, del movimiento Okupa en la sede de la Comisión Nacional de Derechos Humanos en la Ciudad de México y hasta de las fotos de sus perritos, reconoce que para ser una buena fotografía “la técnica es importante, pero también la paciencia juega un papel. También tenemos que aprender a observar, utilizar todos nuestros sentidos en la foto, a veces no solamente es ver sino es escuchar, sentir, ser empático con las personas que tenemos enfrente… no es lo mismo que vayamos a fotografiar, no sé, un momento deportivo que algún momento íntimo de alguien”.

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