Ricardo Alarcón, diplomático y confidente de Castro, muere a los 84 años

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Ricardo Alarcón, entonces presidente de la Asamblea Nacional de Cuba, durante una entrevista en La Habana, el 2 de mayo de 2001. (Librado Romero/The New York Times).
Ricardo Alarcón, entonces presidente de la Asamblea Nacional de Cuba, durante una entrevista en La Habana, el 2 de mayo de 2001. (Librado Romero/The New York Times).

Ricardo Alarcón, quien en algún momento fue el principal diplomático de Cuba, el tercer comunista cubano más poderoso después de Fidel Castro y su hermano Raúl, y el conciliador más prominente de su país con Estados Unidos, murió el sábado en La Habana. Tenía 84 años.

Su muerte la anunció el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba. No se especificó la causa.

Desde 1966 hasta 1978 y de nuevo de 1990 a 1991, Alarcón fue el representante de Cuba ante las Naciones Unidas. Fungió durante un periodo como vicepresidente de la Asamblea General y durante dos meses fue presidente del Consejo de Seguridad.

Se le designó como ministro de Relaciones Exteriores en 1992 y, desde 1993 hasta 2013, fue presidente de la Asamblea Nacional de Cuba, un órgano legislativo que de manera habitual acataba la agenda de Castro.

Con un inglés fluido y conocido por sus guayaberas blancas y puros Cohiba, Alarcón se convirtió en una figura familiar en las negociaciones que concluyeron en un éxodo incontrolable de miles de refugiados cubanos a Florida en balsas endebles cuando el gobierno de Bill Clinton aceptó en 1994 emitir 20.000 visas al año para inmigrantes cubanos.

En el año 2000, tras una ardua batalla legal de siete meses, Alarcón fue vital para lograr que el joven náufrago Elián González regresara de casa de sus familiares en Miami al lado de su padre en Cuba. El niño, quien tenía alrededor de 5 años en ese entonces, había llegado a tierra en el neumático de un camión a la costa de Fort Lauderdale, después de quedar a la deriva cuando su madre y una docena de personas que escapaban de Cuba se ahogaron en un intento por cruzar el océano en el estrecho de Florida.

El papel que Alarcón desempeñó en el caso de González y su éxito al conseguir la liberación de cinco espías cubanos que habían sido acusados de infiltrar facciones de refugiados anticastristas en Florida casi una década después, fueron un preludio de la normalización que vendría en las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba.

Ricardo Alarcón, el representante de Cuba ante las Naciones Unidas, pronuncia un discurso el 18 de agosto de 1972 en la sede de la ONU en Nueva York en el que denunció que Puerto Rico había estado bajo dominio colonial estadounidense durante 73 años. (Eddie Hausner/The New York Times).
Ricardo Alarcón, el representante de Cuba ante las Naciones Unidas, pronuncia un discurso el 18 de agosto de 1972 en la sede de la ONU en Nueva York en el que denunció que Puerto Rico había estado bajo dominio colonial estadounidense durante 73 años. (Eddie Hausner/The New York Times).

A pesar de su éxito como negociador, Alarcón defendía a toda costa la ideología de su país y acusaba a Estados Unidos.

“Los estadounidenses dijeron, desde 1959, que Castro tenía el respaldo de la gran mayoría del pueblo. Tenían que socavar ese respaldo al negar dinero y exportaciones para generar hambre, desempleo y sufrimiento masivo que causaría que la gente estuviera tan molesta que desearía el cambio”, le dijo Alarcón a The Guardian en 2006.

Agregó: “Para mí, el punto de partida es el reconocimiento de que la democracia debería comenzar con la definición de Pericles (que la sociedad es para el beneficio de la mayoría) y no debe ser impuesta desde afuera”.

William M. LeoGrande, un profesor de Gobernanza en la American University en Washington D. C., describió a Alarcón a través de un correo electrónico como “un infatigable promotor y defensor de ‘la Revolución’” que “en sus tratos con Estados Unidos, nunca dudó que una relación más normal beneficiaría a ambos países y que era posible”.

No obstante, Theodore Henken, un profesor de Sociología en Baruch College de la City University de Nueva York, agregó, también mediante un correo electrónico, que Alarcón estaba “demasiado cómodo en un sistema en el que el pueblo no tiene poder para exigir que sus líderes no electos les sigan rindiendo cuentas”.

Ricardo Alarcón de Quesada nació el 21 de mayo de 1937 en La Habana en una familia descrita como de clase media alta.

Ingresó a la Universidad de La Habana en 1954 y, como líder de la Federación Estudiantil Universitaria y la Unión de Jóvenes Comunistas, organizó el apoyo de los estudiantes urbanos para la revolución como civil mientras los hermanos Castro y el Che Guevara libraban una guerra de guerrillas contra el dictador Fulgencio Batista, quien contaba con el respaldo de Estados Unidos.

Alarcón se graduó con un doctorado en Filosofía y Humanidades y, a los 25 años, recibió el nombramiento de director para la división de las Américas del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba. Cuatro años después, lo designaron embajador ante las Naciones Unidas, organismo ante el cual también fungió como presidente del Comité para el Ejercicio de los Derechos Inalienables del Pueblo Palestino.

También fue miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba hasta 2013. Un año antes, su asistente más cercano fue arrestado y acusado de espionaje y, según se afirma, había salido del círculo de confianza porque era conocido más como un político leal a Fidel Castro que como un confidente de Raúl Castro, quien asumió el poder en 2008.

Se casó con Margarita Perea Maza, quien falleció en 2008. La información sobre quiénes le sobreviven no estuvo disponible de inmediato.

Una de los discípulos de Alarcón, Josefina Vidal, la viceministra de Relaciones Exteriores de Cuba, escribió en Twitter: “A Ricardo Alarcón de Quesada, el maestro de los diplomáticos de nuestra generación, le guardaremos siempre profundo respeto, admiración e infinito afecto”.

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