Rescata caballos maltratados, pero vive un drama y pide ayuda a la comunidad: “Son hijos para mi”

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Lorena Melantoni fundó Soñemos Esperanza, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de aquellos caballos que fueron abandonados por diversos motivos
Lorena Melantoni fundó Soñemos Esperanza, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de aquellos caballos que fueron abandonados por diversos motivos - Créditos: @Gentileza Lorena Melantoni

Lorena Melantoni trabaja desinteresadamente en función a un objetivo: rescatar caballos maltratados que fueron abandonados a su suerte. A través de su santuario llamado Soñemos Esperanza, junto con su familia se ocupa de darle amor y cariño a estos animales que, según expresó en diálogo con LA NACION, no tuvieron una óptima calidad de vida. Si bien intenta cumplir con todos los requisitos para que todos ellos se encuentren bien, la difícil situación económica que hay en la actualidad le generó un drama que no le permite estar tranquila y recurre a la solidaridad de la comunidad.

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En el 2016 rescaté a Esperanza, de un carro, en Villa Lugano, Capital Federal. A los pocos meses apareció Pirata, a quien sus dueños lo dejaron apartado por ser tuerto. En diciembre del 2018, tras dos años de esfuerzos, realicé los trámites correspondientes para obtener la personalidad jurídica y cree el santuario de caballos rescatados. La realidad es que no hacemos rescates porque no es la finalidad, lo hice para que otras asociaciones traigan aquellos que no eran candidatos para darlos adopción. Ellos ingresan y se quedan conmigo hasta el día de su muerte”, introdujo en su explicación sobre el momento en el que decidió emprender este camino.

Lorena Melantoni junto a Esperanza, la yegua que le dio el nombre a la Asociación
Lorena Melantoni junto a Esperanza, la yegua que le dio el nombre a la Asociación - Créditos: @Lorena Melantoni


Lorena Melantoni junto a Esperanza, la yegua que le dio el nombre a la Asociación (Lorena Melantoni/)

Por otro lado, Lorena explicó que tiene bajo su cuidado un total de 21 caballos y todos ellos están ubicados en un predio que alquiló en Ensenada, provincia de Buenos Aires. Si bien el lugar cumple con algunos de sus requerimientos, hay una preocupación de la que aún no obtiene respuestas por parte de los funcionarios: no hay agua potable.

“Además de eso, no hay buena pastura. A pesar de tener un vehículo no acorde al lugar, me llevo bidones desde Capital Federal, donde vivo, hasta Ensenada, para que algunos días puedan tomar agua de calidad. Hablé con la municipalidad y me dijeron que el agua no llega, las veces que la solicité siempre me dijeron que no, pero creo que es una falta de compromiso”, sostuvo. Y contó: “Lo que les damos de tomar es la que entra del arroyo cercano al campo y de una perforación que tiene una cierta salina. La toman, pero les provoca problemas de salud, tengo estudios que lo comprueban. Le escribí a todo el mundo, lo mío no es un comercio, son hijos para mi, desembolso fortuna de plata”, sostuvo.

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“De los animales que tengo, algunos son donados por sus propietarios, por rescatistas y también hay otros que se cayeron en pozos, ancianos, de todo un poco. Tengo un trabajo y no puedo dedicarme a rescatarlos, en el campo tengo un cuidador las 24 horas del día. Ellos tienen alimentación de primera, odontólogos, homeópatas, lo mejor que puedo dar, pero siempre es poco. Tengo cinco madrinas nada más y el resto lo solventamos con la familia, no recibo donaciones, hoy en día no me puedo mover de donde estoy por un tema de necesidad económica”, agregó.

Lorena junto a Pirata, otro de los caballos rescatados
Lorena junto a Pirata, otro de los caballos rescatados - Créditos: @Gentileza


Lorena junto a Pirata, otro de los caballos rescatados (Gentileza/)

Cómo es la rutina de los caballos en el santuario Soñemos Esperanza

Los animales tienen un corral aparte, una tanda duerme afuera y otra parte se encuentra en un sector techado para resguardarlos del frio. Los más ancianos y con patologías duermen en un box.

“Hablo cuatro veces por día con el señor del predio, a las cinco y media de la mañana ya le escribo para ver cómo están. Los sábados y domingos estoy ahí a las 7 de la mañana, porque ellos a las 8 pastan. Llego, les doy sus zanahorias y se las corto, ya que la mayoría tiene las bocas dañadas. Me ven llegar y empiezan a relinchar porque ya me conocen, después se les da un poco de azúcar, los reviso, les hago mimos, cuando están llenos de barro les lavo las patas. También limpiamos, cambiamos los bebederos y nos quedamos hasta la tarde a compartir el día con ellos”, describió Lorena y agregó: “Cuando va algún veterinario trato de arreglarme de alguna manera y estoy presente cuando los asisten, o cuando va el odontólogo”.

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Su amor por los animales surgió desde muy pequeña y toda la vida tuvo gatos, perros, pajaritos y tortugas que fueron rescatados. “Conocí a Esperanza y me aboqué a los caballos, aquellos que no tuvieron una óptima calidad de vida. Soy funcionaria judicial, trabajo siempre con casos de violencia y estoy al pie del cañón. Todo lo que tenga que ver con seres vulnerables, soy la primera en salir corriendo para auxiliarlos”, reflexionó.

Lorena junto a algunos de sus animales rescatados, en el campo que alquina en Ensenada
Lorena junto a algunos de sus animales rescatados, en el campo que alquina en Ensenada - Créditos: @Gentileza


Lorena junto a algunos de sus animales rescatados, en el campo que alquina en Ensenada (Gentileza/)

En la actualidad, Lorena espera la llegada del agua potable al predio y, mientras tanto, apela a la ayuda de la comunidad para poder solventar los gastos. En este sentido, el santuario lanzó una campaña que busca reunir fondos suficientes para que los caballos lleguen al final de sus días de una forma digna. Para colaborar se pusieron a disposición los siguientes medios:

  • Mercado Pago CVU: 0000003100039807401446

  • Alias: santuario.esperanza

  • Banco de la ciudad de Buenos Aires CBU: 0290027800000501346564

  • Alias: donaciones.esperanza

El santuario llamado Soñemos Esperanza lucha para que los animales puedan continuar con sus tratamientos correspondientes y tratar los problemas de salud que acarrean debido a los años de maltrato que sufrieron a lo largo del tiempo. “Mi sueño sería vivir con ellos, pero es incompatible con mi trabajo”, aseguró Lorena.

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