Rafael Cauduro: ‘La pintura no es un arte muerto’

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Rafael Cauduro es uno de los artistas plásticos mexicanos más reconocidos a escala mundial. Como un homenaje tras cinco décadas de trabajo, el Colegio de San Ildefonso de la Ciudad de México le dedica una exposición retrospectiva. “Un Cauduro es un Cauduro (es un Cauduro)” está en exhibición desde febrero y hasta el 26 de junio de 2022.

Al formar parte de una reconocida generación de artistas plásticos mexicanos, la huella de Cauduro se sostiene en virtud de un talento innegable y en el desarrollo de las trampas y las ilusiones de la humanidad.

A continuación, una narración en primera persona de Rafael Cauduro. Su obra, sus inspiraciones, los contextos en los que crea arte y, desde luego, el paso del tiempo, en ningún momento pasan inadvertidos.

ROMPER LOS LÍMITES DE LA REALIDAD

Me gusta plasmar la realidad a lo largo del tiempo. Me ha llamado siempre la atención el desarrollar las trampas y las ilusiones de la humanidad. Los llamados “trampantojos”, que no es más que nuestra misma realidad hablándonos directo a la cara. No es tanto crear una realidad alterna, sino más bien romper sus límites.

Los elementos fundamentales en mis obras siempre han sido el deterioro, el paso del tiempo, el ser humano y las huellas que van quedando como parte del espacio que habitaron. Los objetos que van envejeciendo, pero a la vez se llenan de vida, usando materiales para crear la idea y la apariencia de que son maderas, laminas, óxidos, paredes de tabiques.

Creo que en estos elementos característicos he logrado encontrar un sello para proyectar mis creaciones.

De los retos más fuertes en mi carrera fue que, al momento de realizar los cuadros que caían en el agrado de los compradores, muchas veces las mismas galerías con las que trabajé me pedían que me quedara en una sola línea. Es decir, siempre pintando fachadas. Lo más fácil para mí hubiera sido quedarme en esa parte cómoda.

Los galeristas hacían que dudara de mi instinto. Pero justo cuando estaba a punto de ceder y pintar lo mismo, un cuadro de una nueva colección y técnica empezaba a agradar y ser del gusto de la gente.

Comenzaba así un nuevo ciclo de creación y vanguardia. Por eso me daba cuenta de que lo que estaba creando era bueno, aunque diferente. Pasé por etapas de fachadas, trenes, baños, la publicidad de Calvin Klein, ángeles, etcétera.

<span>“Ángel de Sodoma y Gomorra”, 1995. (Foto: Casa Estudio Rafael Cauduro)</span>
“Ángel de Sodoma y Gomorra”, 1995. (Foto: Casa Estudio Rafael Cauduro)

¡LA SORPRESA!

Así fui pasando por procesos y satisfaciendo mis obsesiones. Al ser artista hay que ser valiente para confiar en lo que uno cree y crea. Saber que es lo correcto porque, si te gusta a ti, le va a gustar a los demás también.

Justamente eso es lo difícil, encontrar una nueva visión, enfrentarme al lienzo en blanco buscando el camino. Muchas veces pinté las bases de los cuadros y después no supe cómo terminarlos. Y esos cuadros pasaron hasta cinco años olvidados para después concluirlos.

Un hábito que siempre me ha ayudado es llevarme los cuadros a mi recámara, ponerlos frente a mi cama y quedarme observándolos durante la noche. Soñarlos. Logrando una conversación, el mismo cuadro me dice lo que le hace falta para quedar completo, así al día siguiente sé lo que hay que hacer.

“¡La sorpresa!” para mí es la satisfacción de saber que los espectadores encuentren diferentes sentimientos en ellos mismos. Muchas veces se me acercaban y me preguntaban lo que yo quería expresar con el cuadro. Les externaba que justamente mi interés es conocer su interpretación, que ellos le den sentido a lo que están viendo. Eso es que lo que siempre he buscado, ya sea en los espectadores nuevos o en los que ya conocen mi obra.

Me gusta que vean a través de la piel de la pintura y que, al tratar de descifrar mis pensamientos, encuentren los suyos. Siempre es un placer que se acerquen a mí y me digan que mis cuadros los inspiran, los enojan, los consuelan, conocer la empatía que mi obra les genera.

¿Si existe en mi obra alguna favorita o especial? Le tengo mucho cariño a todos mis cuadros, siempre me ha costado mucho trabajo desprenderme de ellos, ya que los considero parte de mí.

UN CAUDURO ES UN CAUDURO (ES UN CAUDURO)

No podría darme el lujo de decir que una sola obra es mi favorita, pasé por múltiples catarsis para llegar a ellas. Forman parte de mi propia historia, muchos de los cuadros llegaron después de momentos febriles, funestos y casi mortales. Plasmé mis sueños, mis pasiones, mis temores, los sesgos de mi propia conciencia.

Concuerdo con muchos que mi obra más apreciada y más simbólica son los murales de la Suprema Corte de Justicia de la Nación por el reto que implicó. Y también “Sodoma y Gomorra”.

Para la celebración de los 50 años de mi obra, la exposición “Un Cauduro es un Cauduro (es un Cauduro)”, en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, reúne 156 obras.

El criterio de selección fue muy específico. Me apoyé mucho en la curaduría que quería que fuera exhibida como una retrospectiva. Primero fue seleccionar los núcleos que se querían presentar. La selección se hizo con base en lo que era importante para mí mostrar, tanto en mis inicios como en las técnicas que he utilizado a lo largo de esos 50 años. Y destacar los temas que me apasionaron.

La selección se basó en exponer los cuadros que tenían las técnicas en donde se usaban nuevos materiales y los temas más representativos de mi obra. Por ejemplo: el cuerpo humano. Fachadas. Ángeles. Personas vulnerables. La realidad de nuestro país. Y la justicia plasmada principalmente en los murales de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Los detonantes que disparan la inspiración son las apariencias y la realidad descarnada que nos acompaña como seres humanos, seres vulnerables condenados a desaparecer. Es para mí siempre una fascinación encontrar en los despojos de nuestra historia que la vida se forma de nuevo.

<span>“La descarada”, 1982. Una de las obras que pueden observarse en la exposición del Colegio de San Ildefonso. (Foto: Casa Estudio Rafael Cauduro)</span>
“La descarada”, 1982. Una de las obras que pueden observarse en la exposición del Colegio de San Ildefonso. (Foto: Casa Estudio Rafael Cauduro)

LA INSPIRACIÓN ESTÁ EN LO QUE TE RODEA

Las referencias religiosas siempre se filtraron en mi pensamiento y, junto con el cuestionamiento de dogmas, ilustré una iconografía que a mi parecer podía ser sublime o perversa.

La inspiración siempre se encuentra en lo que te rodea, en el cartero, en el policía, en las mujeres que salen cotidianamente para vivir un día más.

Tener estudios en arquitectura y diseño industrial tiene ventajas. La influencia principal que me dieron fue la perspectiva, el punto de fuga aparece en muchas piezas. Desde ahí he podido darles profundidad a los cuadros, las dimensiones y las proporciones.

Con el diseño industrial me apoyé para encontrar las texturas de óxidos, de los cuadros que parecía que tenían integrados metales. Ya en la modernidad los softwares de arquitectura y diseño han sido para mí una herramienta importante. He podido crear los bocetos de la ópera de “Salomé”, por ejemplo, o para poder dimensionar los murales que he realizado.

Mi primera obra la realicé en pastel y fueron unos círculos muy influenciados por el maestro Siqueiros, ya que yo era muy adepto a sus pinturas y murales. Posteriormente, entré en una etapa de geometrismo, que fue la pauta para ir descubriendo mi estilo poco a poco.

Ya en mi trabajo más formal fui retomando a los artistas del Renacimiento que me causaron impacto desde mi infancia. Hablo de Miguel Ángel, Caravaggio, Leonardo, Giotto di Bondone, Tiziano, y que han sido grandes influencias hasta hoy.

En este punto cabe aclarar que, si bien para los contemporáneos los medios de comunicación son distintos, la pintura siempre ha estado presente, nunca desapareció. Vemos clarísimo en las expresiones de los artistas nacionales e internacionales, de los muralistas modernos, que la pintura sigue siendo un vínculo vigente.

ÓPERA, SONES JAROCHOS Y CRÁNEOS

Considero que la pintura puede darnos mucho. Por eso debemos seguir buscando una buena propuesta en ella. Sin embargo, la música no puede faltar en mi taller a la hora de crear una obra.

Me encanta la música, escuchar música clásica, a Beethoven o Mozart. Una buena ópera. Tengo una selección de música desde clásica hasta sones jarochos.

En cuanto a materiales hay una infinidad, desde óxidos, ácidos y láminas que conseguí en tiraderos, hasta los polvos de vidrio, pinceles y brochas.

También tengo cráneos de resina que sirven para modelar, y muchos solventes y elementos que se usan para crear texturas: espuma de poliuretano, fibra de vidrio, moldes. Hay toda una sección de carpintería.

El proceso para crear una obra siempre es diferente. Para mí la creación es muy compleja, ya que compromete mi intuición, pero siempre ese es el punto de partida. No puede existir creación sin las herramientas precisas para ejecutarla. Se necesita una buena sintaxis entre lo profundo del pensamiento y lo material.

Ya con una idea en mi cabeza surgen momentos de luz que despiertan en mí. Y es cuando empiezo a crear la obra. Hay infinidad de procesos, dependiendo la técnica en la que trabajo, la pieza, los materiales, así como la forma de ir plasmando lo que quiero expresar.

<span>“La balsa de la medusa”, 1995. (Foto: Casa Estudio Rafael Cauduro)</span>
“La balsa de la medusa”, 1995. (Foto: Casa Estudio Rafael Cauduro)

50 AÑOS DEDICADOS AL ARTE

El maestro Rafael Cauduro nació en 1950 en la Ciudad de México. Realizó estudios de arquitectura y diseño industrial en la Universidad Iberoamericana. En 1976 realizó su primera exposición en la Casa del Lago, en Chapultepec.

En 1981 se inició profesionalmente en la Galería Misrachi, la cual lo representó y promovió a lo largo de varios años. En 1984 se presentó individualmente por vez primera en el Museo del Palacio de Bellas Artes.

En 1986, dentro del Marco de la Expo Mundial de Vancouver 86, realizó el controvertido mural “Comunicaciones”. Dos años más tarde, en 1988, se unió a la Galería de Louis Newman.

Rafael Cauduro es creador de los murales “Escenarios subterráneos”, expuestos en la estación del metro Insurgentes de la Ciudad de México.

Tras exponer en el Museo de Arte Moderno y en la Galería Tasende de los Ángeles, California, presentó su obra en la Sala Nacional del Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2000 fue invitado como artista residente en Pilchuck School of Glass, donde se involucró con el vidrio.

A principios de 2009 concluyó para la Suprema Corte de Justicia de la Ciudad de México la obra mural “Siete crímenes mayores”. En mayo de 2014 se inauguró, en el Edificio Cauduro, el mural “El condominio”. N

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