¿Quién tiene más que perder con la repetición de elecciones?

La sesión de control al gobierno en el Congreso ha sido un 'todos contra Sánchez'. (Photo by PIERRE-PHILIPPE MARCOU / AFP)

El sainete de las reuniones y negociaciones para formar Gobierno ha resultado una estafa y los españoles estamos llamados a votar el próximo 10 de noviembre. Quién más pierde es la ciudadanía. Para empezar porque la repetición de las elecciones va a obligar al Gobierno a aprobar una ampliación de crédito para poder pagar los gastos de la maquinaria electoral, con un presupuesto inicial que se acerca a los 140 millones de euros. En total el despilfarro entre 2015 a 2019 ascenderá a 540 millones los gastados. Y a eso hay que sumar el tiempo y el dinero invertido por miles de españoles para desplazarse a sus lugares de empadronamiento para ejercer el derecho a voto.

Pero los políticos no van a salir de rositas. Alguno igual sí. Pero no todos. Porque tanto Pedro Sánchez como Pablo Casado, Albert Rivera, Pablo Iglesias y Santiago Abascal se juegan mucho en estos nuevos comicios.

Pedro Sánchez. El líder del PSOE tenía en su mano ser presidente del Gobierno con todas las de la ley, olvidándose de la coletilla de 'en funciones'. Hace apenas tres años estaba defenestrado, expulsado incluso de la Ejecutiva del partido por sus barones. Volvió de entre los muertos para recuperar un escaño en el hemiciclo. Se benefició de la moción de censura que tejió Pablo Iglesias en su beneficio... y logró una gran mayoría electoral tras la movilización de la izquierda el pasado mes de abril. Todo puede saltar por los aires. Y en el partido los hay que le están esperando a la vuelta de la esquina. La purga de 'susanistas' no es total y en cuanto Sánchez de un paso en falso, allí estarán para rendirle cuentas.

Pablo Casado. El presidente del PP se lo veía venir, y lleva todo el verano preparándose para la repetición electoral. De hecho, el líder formar Gobierno le ha venido bien para esconder la realidad. El Partido Popular logró en abril los peores resultados de su historia. Hasta el punto de que peligró el título honorífico de líder de la oposición en favor de Albert Rivera. Y ahora espera enmendarlo. En el PP creen que ya han tocado suelo tras la sentencia que culpabiliza al partido por la 'trama Gürtel', y aspiran a subir de 66 a 85 escaños. Pero ojo con esto. Casado sigue sin tener controlado el partido. La criba de dirigentes de la vieja guardia herederos de la época de Rajoy levantó muchas ampollas y no funcionó. Queda por ver si corrige la configuración de listas o si redobla la apuesta. La prueba del miedo que hay en el PP por la factura de la corrupción -Cifuentes y Aguirre están ahora mismo en el proceso judicial de la Operación Púnica- es que no dejan de invitar a Ciudadanos a España Suma. Una coalición de fuerzas de derecha con la que asegurarse un buen puñado de escaños en las provincias pequeñas gracias a las particularidades del sistema electoral que rige en nuestro país. En coalición o sin ella, si el PP no revierte la crisis de los 66 diputados, Pablo Casado habría perdido dos elecciones en apenas 16 meses al frente del PP. Los críticos, enfadados por cómo se dirimieron las primarias que apartaron a Soraya Sáenz de Santamaría, irán a por él.

Albert Rivera. El líder de Ciudadanos se la juega en una especie de operación a corazón abierto. No hay más que ver su hiperactividad en las últimas 48 horas en busca de un pacto en forma de abstención con quienes diez días antes consideraba "una banda". Rivera ha cortado demasiadas cabezas en los últimos meses con una salida abrupta de importantes dirigentes críticos con su estrategia. De tener cuatro años para devolver la paz al partido, no tendría de qué preocuparse. Pero las elecciones le llegan en mal momento. Por mucho que Rivera las esté vendiendo como "una segunda oportunidad para echar a Pedro Sánchez", según la encuesta DYM para El Independiente-Prensa Ibérica, menos de la mitad de los votantes que eligieron el proyecto liberal en las anteriores generales votaría a Rivera el 10-N (46%) y Ciudadanos podría llegar a perder hasta 22 diputados si pasa de los 57 actuales a la cifra más baja de su horquilla, situada entre los 35 y los 40 escaños. Eso en cuanto a votantes. Pero en lo referente a la militancia la cosa no cambia mucho. Si pierde escaños, Rivera tendría complicado aguantar toda la legislatura tras cinco convocatorias en las que no ha convertido al partido en determinante para el Gobierno. Estaba en su mano, pero su 'no es no' a Sánchez las ha dinamitado. Y su gran feudo, Cataluña, ya le dio la espalda en últimas elecciones autonómicas.

Pablo Iglesias. No es la primera vez que se da por muerto al secretario general de Podemos. Pero puede que sea la última. A nada que el nuevo reparto de escaños le mantenga como cuarta fuerza política sin capacidad de intervenir directamente en la política nacional, volverán las críticas. Las mismas que llevan dos años persiguiéndole. Primero por el doloroso divorcio con Íñigo Errejón, después por su negativa a ceder ante Sánchez como ya insinuaron en verano sus socios de IU, y más tarde por los malísimos resultados de la formación morada en las autonómicas y locales de mayo. Además, la eterna división de la izquierda asoma por la ventana. Íñigo Errejón está estudiando saltar a la política nacional, y Podemos debería temerlo. El único ensayo, en Madrid, colocó a Errejón con 20 escaños en la Asamblea de Madrid por los 7 de Podemos. Más del doble. Iglesias ha dejado caer varias veces que la próxima líder del partido será una mujer. Si no le va bien en las urnas, Irene Montero calentaría en la banda para saltar al campo.

Santiago Abascal. El ultraderechista líder de Vox no sabe muy bien por dónde le sopla el viento. Comenzó el año al galope y lo encara al trote. Las elecciones de Andalucía fueron un subidón para el partido que se hizo un hueco grande en el electorado de derechas. Las pasadas elecciones generales fueron positivas, porque irrumpió en el Congreso con 24 escaños. Una pasada, pero ellos se esperaban más. Mucho más. Y la guinda les llegó en las locales y autonómicas de mayo. Demostraron que no son un partido nacional al carecer de representación en Galicia, Cataluña o Euskadi, entre otras. Y donde sí la obtuvieron, les ha acabado sirviendo de poco. Han acabado permitiendo Ejecutivos del PP o de Ciudadanos como en la Comunidad de Madrid o en el Ayuntamiento de la capital, sin apenas sacar réditos. Sus errores a la hora de negociar les han convertido en un partido muleta de los populares, y muchos de sus votantes se sienten estafados ya que consideran que el voto a Abascal y los suyos debía servir para castigar al PP o, al menos, obligarle a cambiar todo aquello por lo que dejaron de votarle. Y no ocurrió. La burbuja de la ultraderecha parece que está empezando a perder fuelle en España y a Abascal le tachan de tibio. Que se ande con pies de plomo porque el enemigo lo tiene dentro. Su supuesta mano derecha en el partido, Iván Espinosa de los Monteros, se ha desmarcado de su jefe en varias ocasiones demostrando que en Vox también conviven varias almas. Abascal se centra en la unidad de España y De los Monteros tira más por el ultracatolicismo. Hazte Oír ya le ha dado la espalda a Abascal por su tibieza. ¿Serán los únicos?