Un gran problema para Ucrania está claro: el vidrio

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Oleksandr Zhyla, sostiene parte de una bala de mortero que impactó en su edificio de apartamentos en Chernígov, Ucrania. (Jim Huylebroek/The New York Times)
Oleksandr Zhyla, sostiene parte de una bala de mortero que impactó en su edificio de apartamentos en Chernígov, Ucrania. (Jim Huylebroek/The New York Times)

CHERNÍGOV, Ucrania — El otro día, entre las mujeres abrigadas que se encontraban enfrente de un edificio bombardeado esperando para recibir alimento de un camión de ayuda humanitaria, había un tema de conversación mientras un viento fresco las rodeaba.

“¿Cuándo vas a tener vidrio?”, preguntó una.

“¿Ya preguntaste por el vidrio?”, preguntó otra.

“Hizo mucho frío anoche. ¿No lo sentiste?”, comentó una tercera. “¿Cuándo llega el vidrio?”.

Esto se está convirtiendo en un grave problema en Ucrania. Las explosiones han roto tantas ventanas —“millones”, estimó un representante de una organización de ayuda humanitaria— que hay una fuerte demanda de vidrio a nivel nacional.

En los pueblos y las ciudades que el Ejército ruso ha aporreado con impactantes cortinas de artillería, nada se ha salvado: ni los rascacielos ni las escuelas ni las casitas de campo bajas y pequeñas. Tan solo el lunes, las ondas expansivas de un poderoso misil ruso que explotó a más de 240 metros de una planta de energía nuclear al sur de Ucrania hicieron estallar más de cien ventanas de la planta.

Esto le ha pasado a un sinfín de casas de personas que se encuentran en la línea de fuego: tal vez no sufrieron un impacto directo, pero todas sus ventanas han quedado destrozadas. Y el invierno está llegando. Rápido.

Trabajadores instalan nuevas ventanas en el octavo piso de un complejo de apartamentos que dañaron las bombas rusas en Chernígov, al norte de Ucrania, el 8 de septiembre de 2022. (Jim Huylebroek/The New York Times)
Trabajadores instalan nuevas ventanas en el octavo piso de un complejo de apartamentos que dañaron las bombas rusas en Chernígov, al norte de Ucrania, el 8 de septiembre de 2022. (Jim Huylebroek/The New York Times)

La otra semana en Chernígov, una ciudad al norte de Ucrania, la temperatura cayó de unos 26 grados Celsius a casi un nivel de congelación.

Sin duda, Ucrania enfrenta un montón de crisis dentro de otras crisis, pero una de las más urgentes es la dificultad para tener los hogares listos para el invierno y es aquí donde entra en acción el vidrio.

Valoremos este material, aunque sea un momento, porque cientos de miles de ucranianos de verdad lo necesitan ahora. El vidrio deja entrar la luz y mantiene afuera el frío. Se puede ver a través de él, así que, sin importar cuán pequeña o incómoda sea tu casa, tienes una vista. El vidrio mantiene afuera a los pájaros, los insectos y el polvo y puedes abrir una ventana y dejar entrar el aire fresco.

Las alternativas, las cuales puedes ver por toda Ucrania en este momento, tienen deficiencias evidentes.

La madera contrachapada puede cubrir un hoyo en la pared, pero deja a oscuras el espacio interior, lo cual puede ser deprimente. Y los fragmentos de manteles o de plástico para envolver que está usando mucha gente —un hombre dijo que no tenía nada mejor para cubrir sus ventanas que la versión ucraniana del plástico para envolver alimentos— pueden permitir la entrada de la luz del sol. Sin embargo, no sellan bien y dejan a la gente acurrucada debajo de tres cobijas, con miedo del invierno.

“¿Esa cosa?”, comentó Oleksandr Zhyla, un arquitecto retirado que utilizó el plástico para envolver alimentos en sus ventanas hechas trizas en Chernígov. Zhyla apuntó hacia su manualidad y se rio: “No nos mantiene abrigados para nada”.

Incluso antes de la invasión rusa en febrero, Ucrania tenía problemas de vidrio. Una de sus principales fábricas de vidrio estaba en la región oriental del Donbás, pero fue bombardeada durante la rebelión prorrusa que ocurrió ahí hace unos años y cerró.

Esto provocó que Ucrania dependiera mucho del vidrio de Rusia y Bielorrusia. No obstante, después de que empezó esta guerra, esos vínculos comerciales se rompieron. Por lo tanto, según dos distribuidores, ahora casi todo el vidrio de Ucrania es importado y una buena cantidad desde mercados más caros de Europa.

Además, hay más problemas. Para hacer vidrio, se debe derretir arena. Y para derretir arena, se necesita mucha energía. Y con el aumento vertiginoso de los precios de la energía en todo el mundo, los del vidrio también han aumentado de forma dramática.

Si se suman todos estos factores —los costos más altos de producción, el aumento en la demanda, las pesadillas logísticas de Ucrania, como que haya submarinos rusos bloqueando sus puertos—, no es ningún misterio que un panel común de vidrio cueste el doble, el triple o incluso el cuádruple de lo que solía costar, según proveedores de vidrio. Esto imposibilita que mucha gente arregle sus ventanas, aunque el aire frío haya comenzado a llegar. Y todos los días, debido a que el combate sigue siendo intenso, se rompen más.

Durante una guerra, las ventanas siempre son las primeras víctimas. Si una bomba tiene la fuerza suficiente, las ondas expansivas o las reverberaciones destruyen el vidrio lejos de la explosión y crean una tormenta de esquirlas que pueden ser letales.

“No podrías creer lo pequeños que fueron los pedazos”, comentó una mujer, Nataliia Medvedok, quien estaba sentada al lado de una ventana hecha trizas en su sala de estar en Chernígov. Medvedok estaba oculta en un refugio cuando su edificio recibió un impacto en marzo y regresó para encontrar el piso cubierto de trozos de vidrio superfiloso del tamaño de guisantes.

En junio, Zosia Jaworowska, quien dirige una pequeña fundación sin fines de lucro en Varsovia, Polonia, les preguntó a grupos humanitarios en Ucrania qué necesitaban.

“La respuesta fue unánime: necesitamos ventanas”, comentó Jaworowska. “Es el material de construcción más caro y menos disponible”.

Jaworowska puso manos a la obra y recaudó miles de dólares para enviar ventanas desde Polonia a Ucrania.

En Chernígov, una organización privada de ayuda de Francia, ACTED, está ayudando a Medvedok y muchas otras personas a pagar por las reparaciones de las ventanas, una parte de su plan para preparar a la gente para el invierno.

“Todo el mundo se está apresurando muchísimo para hacer lo que podamos, en este momento”, mencionó Frances Oppermann, subdirectora a nivel nacional para programas en ACTED. Según Oppermann, el invierno en Ucrania es “intenso”.

También es largo, casi la mitad del año, con un clima invernal que se prolonga desde mediados de octubre hasta mediados de marzo y temperaturas que pueden caer hasta 23 grados bajo cero. Reparar ventanas es parte de una estrategia de preparación para el invierno que han planeado agencias de ayuda y que incluye la compra de decenas de millones de dólares en cobijas, abrigos, sombreros de lana y botas tradicionales de fieltro.

A nivel nacional, las cifras son impactantes. Unos 140.000 edificios residenciales han sido destruidos; 44 millones de metros cuadrados de viviendas han quedado dañados, y millones de ucranianos viven en casas “inadecuadas para brindar la protección necesaria contra unas condiciones invernales severas”, según Naciones Unidas.

“Una simple ventana de 100 dólares puede evitar que toda una familia se congele este invierno”, comentó Michael Capponi, fundador de Global Empowerment Mission, un grupo de ayuda que ha instalado miles de ventanas en Ucrania.

A Viktoriia Markova, cuya casa en Chernígov quedó hecha añicos tras el impacto de un proyectil de artillería, hace poco le dieron un pequeño refugio en su patio trasero para ella, su esposo y su hijo adolescente. Es del tamaño de una habitación regular y sus muros están hechos del mismo material que un sanitario portátil.

Adentro es oscuro y sofocante y huele a plástico. Además, no tiene ventanas de verdad.

“No es lo mejor”, admitió Markova. “Pero todos tenemos solo una cosa en mente. La victoria. Todos solo estamos esperando la victoria”.

© 2022 The New York Times Company