Dinamitan oasis de especies exóticas para expandir el muro fronterizo: ha llegado para quedarse, no importa lo que diga Biden

Simon Romero y Zolan Kanno-Youngs
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Una panorámica aérea del muro fronterizo, que es una delgada línea negra que separa a Estados Unidos y México, visto desde el Monumento Conmemorativo Nacional de Coronado en Arizona, el 18 de noviembre de 2020. (Adriana Zehbrauskas/The New York Times)
Una panorámica aérea del muro fronterizo, que es una delgada línea negra que separa a Estados Unidos y México, visto desde el Monumento Conmemorativo Nacional de Coronado en Arizona, el 18 de noviembre de 2020. (Adriana Zehbrauskas/The New York Times)

DOUGLAS, Arizona — Hace cuatro años, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, asumió el cargo con la promesa de construir un gran muro sobre la frontera de Estados Unidos con México, un símbolo de su determinación para detener la inmigración desde los países del sur y de su deseo de construir una barrera que duraría más que él.

El presidente electo Joe Biden ha dicho que espera detener la construcción del muro fronterizo, pero la administración saliente, en las últimas semanas que le quedan en el poder, está corriendo para completar tanto como sea posible del muro, al dinamitar algunos de los terrenos más imponentes de la frontera.

El ritmo vertiginoso con el que la construcción continúa asegura que, a pesar de todo y sin importar lo que Biden decida hacer, el muro está aquí para quedarse en el futuro previsible y establece un polémico legado de Trump en lugares que fueron cruciales para su derrota.

Al sureste de Arizona, la persistente división política generada por el emblemático proyecto de construcción del presidente Trump ha enemistado a rancheros y vecinos en un estado donde el candidato presidencial demócrata de este año ganó, por primera vez en décadas, y con poca ventaja.

La región se está convirtiendo en uno de los últimos centros de construcción del muro de la administración Trump, mientras equipos de demolición desgarran febrilmente las remotas montañas Peloncillo, donde los ocelotes y los carneros de las rocosas recorren el paisaje boscoso lleno de sicomoros y álamos.

Una carretera en el Valle de San Bernardino que es utilizada por camiones pesados y equipos para construir el muro, en Douglas, Arizona, el 17 de noviembre de 2020. (Adriana Zehbrauskas / The New York Times)
Una carretera en el Valle de San Bernardino que es utilizada por camiones pesados y equipos para construir el muro, en Douglas, Arizona, el 17 de noviembre de 2020. (Adriana Zehbrauskas / The New York Times)

“La ruta de la vida silvestre, la arqueología e historia, todo está siendo explotado o ya está destruido”, explicó Bill McDonald, de 68 años, un ganadero de quinta generación que durante mucho tiempo fue simpatizante del Partido Republicano y que votó por Biden. “Tragedia es la palabra que uso para describir lo que está pasando”.

Incluso aquellos como McDonald que odian el muro están preparándose para la posibilidad de que permanezca allí por décadas, tomando en consideración la evaluación que hacen de las señales que envía el equipo de transición de Biden.

Aunque el presidente electo ha dicho que detendrá cualquier trabajo nuevo de construcción en el muro, otras prioridades en el tema de migración como terminar con la prohibición de los viajes, aceptar más refugiados y aligerar las restricciones de asilo están silenciando los llamados para derribar los segmentos del muro que ya fueron construidos.

Asesores involucrados en el equipo de transición, quienes comentaron sobre los planes de la próxima administración con la condición de mantener el anonimato, rechazaron la noción de que habrá un intento de desmantelar el muro que ya existe en la frontera. Uno de los asesores definió al muro como “una distracción”.

Funcionarios de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza aún corren para alcanzar la orden presidencial de construir 724 kilómetros nuevos de muro fronterizo durante su mandato, lo que casi duplica el promedio de construcción desde que inició el año. Hasta el 13 de noviembre de este año, el gobierno de Trump ha construido 646 kilómetros del muro.

De esa extensión, cerca de 40 kilómetros no tenían barreras antes que Trump asumiera la presidencia. El resto de la construcción sustituyó secciones, mucho más pequeñas, de segmentos deteriorados del muro o partes que solo contaban con barreras vehiculares, tramos que, según lo dicho por los funcionarios, no desalientan a los migrantes al momento de cruzar la frontera a pie.

Dinamitan montañas

Parte de la construcción más invasiva y costosa se está desarrollando este mes en Guadalupe Canyon, un oasis que es el hábitat de especies exóticas de aves como el chotacabras tucuchillo y el tirano melancólico.

Hasta que los equipos de demolición aparecieron este año, el cañón estaba tan apartado —cerca de 48 kilómetros en las afueras de Douglas, el pueblo más cercano, con carreteras de tierra como vía de acceso— que los rancheros aseguran que los cruces de migrantes en esa área eran extraordinariamente infrecuentes.

Ahora, algunas partes del cañón recuerdan a los territorios donde se efectúan operaciones mineras al aire libre. Cuadrillas de trabajo están dinamitando el costado de las montañas diariamente para construir el muro y caminos de acceso en una de las regiones más costosas para construir en cualquier lugar de la frontera.

Jay Field, vocero del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos, mencionó los “7,5 kilómetros de difícil terreno empinado y accidentado” del cañón en un informe que explica que el costo por kilómetro de construcción en este terreno está cercano a los 41 millones de dólares, prácticamente el doble del costo estimado por kilómetro construido del muro según se estableció en el informe de situación de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos de 2020.

“Esto no solo es desconsolador, sino completamente inútil”, aseguró Diana Hadley, una historiadora cuyo rancho familiar incluye mucho del terreno de Guadalupe Canyon. Hadley explicó que, desde hace mucho tiempo, las barreras naturales han servido para disuadir a las personas que buscan cruzar la frontera en esa zona remota.

Estas opiniones críticas acerca del muro no son unánimes de este lado de la frontera. Un partidario notable de la construcción del muro es el alcalde de Douglas, el republicano Donald Huish, cuya familia emigró a Estados Unidos desde México después de la Revolución mexicana.

“Una vez que el gobierno hace algo tan grande como esto es muy difícil que se retracte”, aseguró Huish, quien agregó que él creía que el muro ha hecho del pueblo un sitio más seguro al obligar a los migrantes a cruzar la frontera en lugares del desierto que están relativamente lejos de Douglas.

“Alcanzamos el punto crítico de llegar a encontrar inmigrantes ilegales en nuestros patios traseros y ahora esa situación cambió”, explicó Huish al citar el impacto que han tenido tanto la actual construcción del muro como los tramos que se hicieron antes de que Trump asumiera la presidencia.

Durante el tiempo que les queda en sus cargos, los funcionarios de la administración Trump han impulsado la construcción del muro, mientras critican las propuestas de inmigración de Biden.

Mark Morgan, el comisionado interino de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, ha dicho que el muro permite que la agencia canalice la migración hacia ciertas zonas y así poder desplegar estratégicamente a sus agentes en los lugares donde pueden realizar detenciones.

Morgan afirmó que el plan de Biden para detener la construcción del muro fronterizo “va a tener un dramático impacto negativo”.

Aunque se han construido pocos kilómetros del muro fronterizo en el sur de Texas, sí ha tenido un impacto inmenso en los propietarios de tierras. Este año, el gobierno ha presentado más de 117 demandas contra propietarios de tierras para inspeccionar, incautar o potencialmente comenzar a construir en sus propiedades, lo cual muestra un gran aumento en comparación con las 27 demandas presentadas en 2019, según el Proyecto de Derechos Civiles de Texas.

“No quiero ver el maldito muro cada vez que abra la puerta”

Richard Drawe, de 70 años y propietario de terrenos ubicados en el área cercana a Progreso, Texas, cedió voluntariamente su tierra para evitar enfrentar al gobierno en la corte, al admitir que la administración eventualmente podría usar su autoridad de dominio para tomar la propiedad de todos modos.

Hace un año, el muro solo era visto como un proyecto lejano. Pero ahora las estructuras de acero se extienden más allá de su casa, apartándolo a él y a su esposa de las puestas de sol y las espátulas rosadas que les encantaba ver.

“Estoy acostumbrado a vivir al aire libre, sin vallas, haciendo lo que quiero”, dijo Drawe. “No quiero ver un maldito muro cada vez que abra la puerta”.

Pero aunque Drawe, quien votó por Trump a principios de este mes, no quiere que el muro fronterizo pase por su propiedad, está de acuerdo en que ayudará a los agentes de la Patrulla Fronteriza a frenar la migración ilegal.

Brian Hastings, jefe de Aduanas y Protección Fronteriza del sector del Valle del Río Grande, dijo que el muro le ha dado más flexibilidad a la agencia para ubicar estratégicamente a los agentes en las zonas que carecen de barreras o tecnología de vigilancia.

“Sin duda, veremos los beneficios cuando este sistema de muro esté ubicado en su lugar”, dijo Hastings en una entrevista. “Nos permite responder más rápido”.

Aunque otras personas parecen haberse resignado a vivir a la sombra del muro, Karen Hasselbach, que vive en otro tramo de la frontera en Arizona cerca del río San Pedro, ve las cosas de manera distinta.

Dijo que los equipos de trabajo destruyeron la soledad que buscaba cuando se mudó de Maine a la frontera hace 23 años. Ahora, Hasselbach observa el muro desde su patio delantero.

Hasselbach dijo que había comenzado a comparar el muro fronterizo, que desprecia, con el trabajo de Christo, el artista conceptual de Bulgaria que fue muy popular por desarrollar proyectos ambientales a gran escala.

“Trato de verlo como una instalación artística temporal”, dijo Hasselbach, de 69 años, quien es propietaria de una tienda de segunda mano en la ciudad de Palominas. “Mi esperanza es que lo derriben”.

This article originally appeared in The New York Times.

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