Desde preparacionistas para el fin del mundo hasta maquinadores del fin del mundo

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El Reichstag, que alberga al Parlamento alemán, en Berlín, el 15 de marzo de 2020. (Emile Ducke/The New York Times).
El Reichstag, que alberga al Parlamento alemán, en Berlín, el 15 de marzo de 2020. (Emile Ducke/The New York Times).

Para los integrantes de QAnon es “la tormenta”, cuando la violencia masiva derrocará a la camarilla de pedófilos de élite que según ellos controla al gobierno. Los grupos de supremacía blanca en Estados Unidos han prometido desde hace mucho tiempo una guerra racial catastrófica. Además, en Alemania y Austria, los neonazis anuncian un supuesto golpe de Estado el “Día X” (cuando el orden democrático colapsará y ellos asumirán el control).

Todos son ejemplos de ideologías “aceleracionistas”, que prometen un momento en el que las instituciones de gobierno, la sociedad y la economía serán eliminadas en una ola de violencia catastrófica, allanando el camino para una utopía que supuestamente ocurrirá más adelante.

El aceleracionismo ha sido desde hace tiempo una característica de los grupos de supremacía blanca y otros grupos paramilitares de extrema derecha. Sin embargo, ahora los expertos afirman que la mentalidad aceleracionista prolifera de formas que podrían amenazar no solo la seguridad pública, sino la estabilidad de la democracia misma.

“De muchas maneras, podemos ver cómo el 6 de enero fue un tipo de coalición formada vagamente alrededor de esta idea de aceleracionismo”, mencionó Cynthia Miller-Idriss, directora del Laboratorio de Investigación e Innovación de Polarización y Extremismo en la Universidad Americana, sobre el ataque al Capitolio de Estados Unidos.

Los líderes tradicionales, según considera ella, no están evaluando el riesgo que esa coalición podría representar. “Mi temor es que, como país, estamos comenzando a tratar eso como un incidente aislado en lugar de como un posible punto de inflexión”.

“He pensado mucho sobre los paralelismos con la República de Weimar”, el frágil periodo de democracia en Alemania cuyo colapso permitió que los nazis ascendieran al poder, dijo. Estuvo marcado por una serie de ataques, golpes de Estado fallidos y otros esfuerzos para socavar la democracia. Y a pesar de que acciones como el Putsch de la Cervecería de Hitler fracasaron, la democracia alemana a la larga no fue lo suficientemente sólida para resistir el caos.

“Para mí, el paralelismo es que pienso que muchas personas quieren ver el 6 de enero como el final de algo”, explicó. “Pienso que tenemos que considerar la posibilidad de que eso fue el principio de algo”.

La vitrina de una tienda de accesorios militares en Schwerin, Alemania, el 26 de febrero de 2020, cuyo propietario fue miembro del grupo Nordkreuz. (Gordon Welters/The New York Times).
La vitrina de una tienda de accesorios militares en Schwerin, Alemania, el 26 de febrero de 2020, cuyo propietario fue miembro del grupo Nordkreuz. (Gordon Welters/The New York Times).

En busca del Día X

Los grupos neonazis y otros extremistas han hablado desde hace tiempo del Día X (un momento de crisis, tanto temido como anhelado, cuando el orden social de Alemania colapsaría, lo cual requeriría que radicales de extrema derecha comprometidos, según su relato, salvaran a la nación).

Nordkreuz, un grupo de radicales de extrema derecha que incluía a policías y soldados no activos que fueron parte de una red cifrada a nivel nacional en Telegram, comenzó a prepararse para el Día X de maneras que sonaban escalofriantemente concretas. Miembros del grupo conspiraron para reunir a rivales políticos, así como a quienes defienden a los inmigrantes y refugiados en el Día X, subirlos a camiones y llevarlos a una ubicación secreta, según la declaración de un testigo durante una entrevista de la policía. Después, los asesinarían.

En su lista de pedidos para el Día X, el grupo había anotado bolsas para cadáveres y cal viva. El líder del grupo, quien trabajó como francotirador de la policía, ha sido condenado por cargos de posesión de armas y otros dos miembros están bajo investigación por sospecha de planes terroristas.

La línea entre prepararse y precipitarse rumbo al Día X se está volviendo cada vez más difusa. El peligro del aceleracionismo es que santifica la violencia, dijo Matthias Quent, experto en el radicalismo de la extrema derecha y director de un instituto que estudia la democracia y la sociedad civil en el estado de Turingia en el este de Alemania. Los días míticos de ajustes de cuentas sirven como un llamado a la acción, como un pretexto para el terrorismo.

“Cuando el Día X no llegue y las personas se sientan frustradas, podrían comenzar a maquinar ataques terroristas, algo para detonar el Día X o simplemente para actuar”, comentó.

Atractivo apocalíptico

Lo esencial que se debe entender sobre este tipo de fantasía apocalíptica es que para las personas que han adoptado ideologías raciales militantes de extrema derecha, un derrocamiento violento como el Día X no es lo que da inicio al apocalipsis, sino lo que lo concluye, dijo Kathleen Belew, historiadora de la Universidad de Chicago que es una de las principales expertas en el movimiento supremacista blanco en Estados Unidos.

Los riesgos de esa ideología están lejos de ser teóricos.

En Alemania, miembros del grupo terrorista Revolution Chemnitz fueron condenados el año pasado por planear un ataque el 3 de octubre de 2018, anunciado como “un punto de inflexión en la historia” y un “día histórico” en el que el “cambio de régimen” sería obtenido con violencia.

El bombardeo contra un edificio federal en Oklahoma City en 1995, que causó la muerte de 168 personas, incluyendo 19 niños, fue llevado a cabo por militantes de extrema derecha que se inspiraron en “Los diarios de Turner”, una novela de 1978 que describe una revolución violenta en Estados Unidos, seguida de un genocidio masivo de personas no blancas. Además, en 2015, un tirador supremacista blanco citó el deseo de iniciar una “guerra racial” como su motivo para asesinar a nueve personas negras en la Iglesia Metodista Episcopal Africana Emanuel en Charleston, Carolina del Sur.

Asimismo, muchos participantes en el ataque del 6 de enero al Capitolio de Estados Unidos consideraron eso como un primer paso para derrocar el gobierno que vieron como corrupto, o el orden social de Estados Unidos de manera más extensa, dijo Miller-Idriss.

No obstante, existen otros peligros, menos directos pero tal vez a la larga más serios, según afirman los expertos.

Es probable que solo una pequeña fracción de los insurrectos del 6 de enero comulguen con las ideas aceleracionistas de QAnon o los paramilitares armados, dijo Miller-Idriss. QAnon se ha convertido en el paraguas de múltiples teorías de conspiración y no todos sus simpatizantes están esperando “la tormenta” o intentando detonarla, dijo.

No obstante, ella piensa que esto debería provocar más preocupación, no menos, porque los acontecimientos del 6 de enero muestran que la fracción extremista puede desarrollar una coalición más amplia de lo que jamás había sido posible en el pasado.

“Fue la primera vez que nosotros en este país hemos visto lo que equivalió a una coalición exitosa, aunque fue espontánea, a lo largo de una variedad de grupos en el espectro de la extrema derecha”, explicó. “Fue una coalición que surgió de manera semiespontánea y que demostró que, a pesar de estas diferencias, estos grupos se pueden unificar en torno a un problema o acontecimiento temático”.

A diferencia de la fracción supremacista blanca de los años ochenta y noventa, los extremistas de la actualidad tienen vínculos con políticos tradicionales. Varios legisladores republicanos asumieron el cargo tras cultivar apoyo entre seguidores de QAnon. Además, en el Senado la semana pasada, los republicanos bloquearon la creación de una comisión independiente para investigar el ataque del 6 de enero.

“Estados Unidos es un país al que siempre le ha agradado pensar en sí mismo como un faro de la democracia”, dijo Miller-Idriss. “Y pienso que eso puede hacer más difícil que reconozcamos que nuestra democracia puede ser frágil, al igual que cualquier otra democracia en el mundo”.

This article originally appeared in The New York Times.

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