¿Por qué las ballenas están libres de cáncer?

Una yubarta saliendo del agua. REUTERS/David Gray/File Photo

Dos factores que promueven el cáncer son la edad y el peso. No sólo en humanos, si no en cualquier animal. Así que las ballenas, que se cuentan entre los animales de mayor tamaño y longevidad, parecen los candidatos perfectos para sufrir esta enfermedad. Y sin embargo, no es así.

Para tratar de entender el por qué, un equipo internacional de investigadores ha estudiado el genoma de distintos cetáceos – el grupo biológico al que pertenecen ballenas, delfines y marsopas – para tratar de dar con alguna clave que permita explicarlo.

[Te puede interesar: La tasa de mutación en humanos se ha reducido recientemente]

Vamos a tratar de poner el artículo en contexto. El cáncer es el resultado de mutaciones en las células somáticas – las que forman el cuerpo, es decir, todas menos óvulos y espermatozoides. Cada día alguna de nuestras células muta, y comienza a crecer más de lo que debería.

Pero nuestro organismo cuenta con mecanismos para controlarlo. Cuando una célula muta, el cuerpo la reconoce como potencialmente dañina y acaba con ella. Se trata de un sistema que funciona muy bien, pero que no es perfecto. Alguna se le escapa y forma un tumor.

Según pasan los años de vida, es más probable que aparezca un tumor. Las células somáticas acumulan errores con cada división, haciéndose más probable que tumoricen. Y los sistemas de defensa también se ven afectados por la edad.

Así que si un cáncer ocurre por una mutación en una célula somática, cuantas más haya más probable será. Y los animales de mayor tamaño tienen, por definición, más células. Así que un tumor será más probable, y aún más con la edad.

Y sin embargo, las ballenas – así como otros animales de gran tamaño, como el elefante – son menos proclives al cáncer que, por ejemplo, los humanos. Lo que contradice lo que creíamos saber o entender. El secreto está, según parece, en los genes de estos animales.

[Te puede interesar: Un copo de nieve para explicar el crecimiento de un tumor]

Al comparar el genoma de una yubarta (Megaptera novaeangliae) con el de los humanos, se puede comprobar que hay tres tipos de genes que han evolucionado más rápido para limitar estos problemas. Se trata de genes implicados en el control de ciclo celular, la reparación del ADN y la proliferación celular.

Es decir, que los cetáceos controlan de manera mucho más rigurosa cuándo y cómo se dividen sus células, y están mucho más pendientes de los posibles errores en el ADN para solucionar potenciales problemas antes de que supongan un peligro.

Pero ¿podemos sacar algún beneficio directo de estos genes de control? ¿Algo que vaya más allá del conocimiento, que siempre es importante? Los investigadores plantean la posibilidad de estudiar con aún más detalle las proteínas que dependen de los genes detectados, para tratar de emplearlos como medicamentos. Aunque para eso queda mucha investigación que hacer.