¿Por qué EEUU y Rusia conservan el letal virus de la viruela si la enfermedad ya está erradicada?

La viruela, una de las enfermedades más devastadoras en la historia de la humanidad, responsable de incontables muertes y desasosiego, presentó su último caso natural registrado en 1977 y fue declarada erradicada a escala global en 1980, gracias a intensas campañas de vacunación de alcance internacional.

Eso ha salvado a la humanidad de un mal que la asoló por milenios. Por ello, que algunas muestras del letal virus se conserven en dos laboratorios gubernamentales, uno en Estados Unidos y otro en Rusia, ha sido motivo de intensa controversia desde finales de la década de 1970.

Una imagen de microscopio de virus de la viruela, publicada en 1975 por el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de EEUU. (Fred Murphy/CDC via AP)

Ante la perturbadora posibilidad de que, por alguna razón, ese virus pudiera ser liberado y con ello resurgiera la viruela, se han alzado con insistencia a lo largo de varias décadas voces que piden la destrucción de las dos muestras existentes del virus vivo.

Y una explosión reciente justo en el laboratorio ruso donde se preserva una de esas muestras (la otra está en un laboratorio del Centro de Control y Prevención de Enfermedades, CDC, en Atlanta, Estados Unidos) ha catalizado esas preocupaciones en la opinión pública.

Esto es especialmente punzante porque tras la erradicación de la viruela se suspendió la producción y aplicación a gran escala de la vacuna contra esa enfermedad (aunque se han preservado reservas importantes en caso de necesidad) y las personas nacidas en décadas recientes carecen por ello de la inmunidad contra la viruela que ofreció la vacunación a generaciones previas.

Y, en realidad, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), se había previsto que en aras de la seguridad global las dos muestras restantes del virus, la ubicada en el laboratorio conocido como Vector, en Siberia, Rusia, y la que se encuentra en el laboratorio del CDC en Atlanta, Estados Unidos, fueran destruidas al final del siglo XX.

Pero, indica la OMS, dado el continuo interés y actividad en la investigación médica relacionada con ese virus, se ha pospuesto la destrucción del par de muestras que aún existen.

La erradicación de la viruela es un hito de la humanidad y por ello la posibilidad de que una enfermedad que mató a cientos de millones de personas pudiese retornar es perturbadora.

La explosión en el laboratorio Vector ha puesto esa situación de nuevo bajo los reflectores mundiales. Y aunque ese laboratorio ha informado que el incidente en sus instalaciones se dio en un área diferente a la que contiene las muestras del virus, de acuerdo a LiveScience y las inspecciones periódicas de la OMS lo han hallado, al igual que el de CDC, apropiado y seguro, la inquietud por lo que podría suceder si se diese un incidente en el área donde se guarda ese virus está muy presente.

Y allí no solo se almacena el virus de la viruela sino también del ébola, el ántrax y de la fiebre de Marburg, todas ellas enfermedades letales, dado que Vector –que fue en tiempos de la Unión Soviética un centro de investigación en torno a armas biológicas, es hoy uno de los grandes centros globales de desarrollo de vacunas e instrumentos de diagnóstico y tratamiento de enfermedades infecciosas.

Es reconfortante que el lugar donde tales virus son almacenados no haya estado en riesgo pero la pregunta subsiste: ¿qué pasaría si se diera un accidente en el edificio, en Vector o en el CDC, donde se alberga el letal virus de la viruela o si, por alguna razón éste fuera liberado, por accidente o con intenciones de usarlo como un arma bacteriológica?

Aunque expertos coinciden en que esos escenarios son muy poco probables, la mera suposición de que pudiesen suceder refuerza la exigencia de destruir de una vez y para siempre las dos muestras del virus vivo de la viruela que aún existen.

Por añadidura, expertos han señalado que mantener las dos muestras existentes en realidad ayuda poco a la investigación en relación a la viruela y que retener esas dos muestras es de poca ayuda en cuestión de salud pública.

Un niño en India, sobreviviente de la viruela, en 1974. India padecía devastadoramente de la viruela hasta que logró ser erradicada globalmente gracias a la vacunación unos años después. (AP Photo/Santosh Basak)

En contrapartida, hay expertos que defienden la preservación de esas dos muestras para fines científicos, pues aunque aceptan que llegará el momento en que ambas han de ser destruidas, preservarlas por ahora es necesario en caso de que fuese necesario combatir un rebrote de la viruela.

Máxime cuando la noción de que esas dos son las únicas muestras existentes del virus no es absoluta y podrían subsistir especímenes en otras partes del mundo que podrían caer en malas manos.

Por ejemplo, en 2014 fueron halladas seis muestras del virus de la viruela en un almacén de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos en Maryland. Ese almacén no había sido usado en años y el CDC identificó que al menos dos de las muestras del virus eran viables, de acuerdo a un reporte de CNN.

Ninguna de ellas fue expuesta y todo logró ser contenido pero si en ese almacén olvidado en Estados Unidos se hallaron antiguas muestras del virus –en este caso son especímenes de 1954, anteriores al inicio del esfuerzo mundial de vacunación para erradicar la viruela– muchos consideran que la posibilidad de que eso también pueda ser el caso en laboratorios de otros países es severa e inquietante.

Y a ello hay que añadir las crecientes capacidades de síntesis de virus, lo que podría suscitar que el virus de la viruela fuera “recreado” de modo sintético dadas las tecnologías cada vez más poderosas de manipulación genética existentes y en desarrollo.

Preservar, así, las dos muestras “oficiales” del CDC y Vector sería de importancia meridiana para combatir –vía el desarrollo de mejores medicamentos antivirales- un rebrote de viruela, accidental o por terrorismo, que pudiese darse de existir otras muestras del virus.

Un frasco con 100 dosis de la vacuna contra la viruela. (Reuters)

Sea como sea, en 2018 la Administración Federal de Alimentos y Medicamentos (FDA) aprobó el primer fármaco para tratar la viruela, conocido como TPOXX, lo que –junto a investigaciones para el desarrollo de otros antivirales y mejores vacunas- amplía de modo importante las posibilidades de reacción en caso de que se diese un brote de esa enfermedad, por ejemplo por un caso de bioterrorismo, de acuerdo a un comunicado oficial al respecto.

Y el debate sobre si mantener esas dos muestras es suficientemente útil en materia de salud pública para justificar sus riesgos, pequeños pero existentes, continúa con intensidad. De acuerdo a un reporte en la materia de la OMS emitido en 2018, la mayoría de los científicos del comité encargado del tema consideran que mantener esas muestras aún es necesario para el desarrollo de tratamientos antivirales contra la viruela, están divididos sobre la necesidad de mantenerlas para fines de diagnóstico y una mayoría cree que no se requieren más para el desarrollo de vacunas.

Así, por el momento la existencia de las muestras del virus de la viruela en custodia del CDC y Vector continúa sin una fecha de terminación.