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Polonia despide la etapa ultraconservadora tras ocho años de Gobierno del PiS

Cracovia (Polonia), 10 dic (EFE).- El Gobierno ultraconservador y euroescéptico polaco de Ley y Justicia (PiS) vive sus últimas horas en el poder, que ha ejercido desde 2015, y ahora Polonia encara una nueva etapa de reconciliación con Europa bajo el mandato de Donald Tusk y su coalición liberal.

A pesar de que hace casi dos meses de las elecciones del 15 de octubre -en las que la alianza de centroderecha liderada por Tusk se hizo con la mayoría absoluta y tornó agridulce el primer puesto del PiS, dejándole sin posibilidad de formar Gobierno, no será hasta la próxima semana que se consume el relevo de poder.

El presidente polaco dio al ultraconservador Mateusz Morawiecki una primera oportunidad de formar un Gobierno provisional, que previsiblemente fracasará este lunes a la hora de obtener la confianza de los diputados.

Entretanto, la coalición de Tusk ya ha sacado adelante importantes propuestas legislativas con su mayoría parlamentaria.

Cuando sea designado primer ministro, tras el intento fallido de Morawiecki, será el inicio de un cambio que redefinirá la posición de Polonia en el contexto europeo y que ratifica la evolución de la sociedad polaca en los últimos tiempos .

Ocho años de hegemonía política

Quedarán atrás ocho años de hegemonía política, que no social, de un partido que se planteó el Gobierno como una "guerra cultural" contra quienes pretendían "destruir los cimientos del país y de la civilización europea", por ejemplo los no heterosexuales y no católicos.

Durante las dos legislaturas del PiS se produjeron las mayores manifestaciones desde la caída del comunismo, cuando millones de ciudadanos salieron a la calle para protestar contra las restricciones al aborto.

El PiS trató de controlar al poder judicial con una serie de reformas de la Justicia que han desembocado en un caos de difícil solución y que llevaron a Bruselas a imponerle multas millonarias a Polonia, así como a bloquear el envío de los ansiados fondos europeos de recuperación.

Los periodistas y numerosas entidades cívicas independientes se enfrentaron a sus mayores dificultades en la historia de la democracia polaca, con siete caídas consecutivas en el índice de libertad de prensa y un lugar en la clasificación mundial similar al de Ecuador o Haití.

La campaña, auspiciada por el Gobierno, de declarar ciertos pueblos "zonas libres de LGBT" escenificó la hostilidad de un Ejecutivo contra una comunidad a la que el propio presidente Duda calificó de "ideología, no personas".

La identificación del Ejecutivo con la facción más reaccionaria de la Iglesia quedó patente en actos simbólicos como el nombramiento de Jesucristo como "rey" de Polonia en una ceremonia oficial y en la asignación de subvenciones multimillonarias a medios clericales.

Euroescepticismo y medidas sociales

En el país con la población más proeuropea de toda la Unión (un 81 % en 2022, según encuestas), el PiS persiguió la confrontación con Bruselas y varios miembros del Gobierno se referían a la Unión Europea (UE) como a una "mafia" y una "dictadura dirigida desde Berlín".

Por otra parte, las generosas medidas sociales del PiS, combinadas con una política económica proteccionista, consiguieron capear todas las crisis que sacudieron a Europa, incluida la provocada por la pandemia y el "milagro polaco", con una tasa de paro del 5 %, solo se ha visto empañado por una inflación disparada por encima del 15 %.

Además, la nueva estatura política de Polonia en el concierto internacional ha desplazado el centro de gravedad europeo hacia el este y el protagonismo cobrado tras la guerra de Ucrania ha dado a Varsovia un lugar preferente en foros como la OTAN.

Según explicó hoy a EFE por teléfono el sociólogo y politólogo Adam Baran, profesor en una universidad privada de Cracovia, "durante los últimos ocho años, la sociedad polaca ha sufrido una polarización ideológica que tocó fondo con episodios tan alarmantes como el asesinato del alcalde de Gdansk o la permisividad con ciertos discursos de odio".

"De la misma manera, y al margen de ideologías, el mejor legado que el próximo Gobierno podría dejarnos, sería sanear el espacio público y reconciliar a Polonia consigo misma", concluyó.

Por Miguel Ángel Gayo Macías

(c) Agencia EFE