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‘Las piedras clamarán’: Un OVNI literario sobre temas proscritos en editoriales cubanas

Cuando Jesús Barquet me propuso, desde Las Cruces, Nuevo México (Estados Unidos), el lugar en donde trabaja y vive, figurar entre los autores de la antología que estaba preparando acepté porque después de tres décadas en que no he vuelto a Cuba pensé que era una manera de regresar, a través de la poesía y compartiendo el mismo espacio que otros autores que, como yo, salieron de la isla en diferentes épocas y viven dispersos por el mundo. También me gustó la idea de participar en un libro (por primera vez en mi país) en la ciudad de Holguín, de donde provienen muchos de mis ancestros paternos. Un sitio que está siempre en el imaginario y la trama de mis novelas. Me tentó esta idea de un “viaje a la semilla”, casi virtual, pero de manos de la editorial La Luz, que ha cultivado un catálogo en donde puede leerse la poesía completa del banense Gastón Baquero, la reedición de un poemario de Daína Chaviano y que convoca, desde 1999, al premio “Celestino” de cuento, un guiño a Celestino antes del alba (1967), el primer libro del exiliado Reinaldo Arenas, autor holguinero.

El libro es lo que podríamos llamar un OVNI literario, o sea, un objeto desconcertante, inesperado, poco corriente, sobre el que uno se pregunta cómo fue posible. Y lo es por varias razones. La primera, porque se trata de una antología de poemas que abordan temáticas LGTB+, siglas muy de moda, que engloban ahora a gays, lesbianas, queers, transexuales y cualquier otra cantidad (por eso el signo +) de preferencias, gustos o actitudes relativas a la sexualidad. Por supuesto, una antología de este tipo, en nuestras sociedades occidentales y “primermundistas” no es motivo de asombro. Pero en el caso de Cuba (puntos suspensivos) …

La segunda razón es que se trata de la primera antología sobre este tema publicada dentro de Cuba en una editorial de la isla, en este caso La Luz, ciudad oriental de Holguín. Y la tercera, y última, es que Jesús J. Barquet y Virgilio López Lemus, los autores de la selección y del prólogo, viven, el primero en Estados Unidos (a donde llegó por el puente migratorio del Mariel) y el segundo en Cuba. De hecho, y esta sería también una razón más, los poetas antologados viven en la Isla o fuera de ella (exiliados, en la diáspora o como se les quiera llamar).

‘Las piedras clamarán’, primera antología de poesía LGBT+ publicada en Cuba.
‘Las piedras clamarán’, primera antología de poesía LGBT+ publicada en Cuba.

Las piedras clamarán, el libro de marras, fue editado por Luis Yussef e ilustrado por la artista Zaida del Río. Antologa exactamente a 72 poetas, todos vivos, excepto Alberto Acosta Pérez y Alina Galliano, fallecidos en La Habana y Nueva York, respectivamente, además de Lilliam Moro, quien falleció en Miami en 2020 cuando el libro ya estaba preparado. De los poetas 34 viven fuera de Cuba (al menos en el momento de la publicación), entre Estados Unidos, México, Chile, Brasil, España, Francia, Suecia o la Federación Rusa. Y, como muy bien precisan Barquet y López Lemus en el prólogo, no porque un autor aparece antologado tiene, forzosamente, una orientación LGTB+, reivindica o milita al respecto. El objetivo no es tampoco “etiquetar” ni reducir la poesía de los autores ni difundir sus orientaciones sexuales, sino revelar el sujeto LGBT+ “sin aprensiones”.

Este “sondeo desvelado”, como prefieren llamarlo los compiladores, de poemas contemporáneos sobre el tema es, en cierta medida, complemento y actualización de un trabajo similar: Todo parecía (un guiño a la revista Nadie parecía, de Lezama Lima), realizado por Jesús J. Barquet en una primera antología publicada en 2015 por las ediciones La Mirada, en Las Cruces (Nuevo México).

Como sucede siempre con las antologías, los registros poéticos son diferentes. Las sensibilidades, circunstancias y perspectivas también. Aparecen poetas consagrados como Delfín Prats (quien vive aún en Holguín), Antón Arrufat y Lina de Feria (en La Habana) o Maya Islas (desde su exilio en Nueva York). Otros propiamente cubanoamericanos que han vivido prácticamente toda su vida en Estados Unidos como Achy Obejas, Om Ulloa o Emilio Bejel. Algunos de latitudes tan distantes como Aleisa Ribalta (en Suecia, donde fundó una revista literaria de excelente factura, La libélula vaga), Damaris Calderón (en Chile) o Aimée G. Bolaños (en Brasil). Además de no pocos holguineros en la isla o fuera como Alberto Lauro, Alfredo Zaldívar, Erián Peña, Frank Alejandro Cuesta, George Riverón, Ghabriel Pérez, Lourdes González, Luis Yussef, Rafael Díaz Pérez y René Coyra.

Encuentro y leo entre los antologados a poetas que conozco y de quienes descubro poemas que abordan la temática: Reinaldo García Ramos, Carlos Pintado, Néstor Díaz de Villegas, Odette Alonso, Mabel Cuesta y Nelson Simón. Y, como en toda reseña, no todos pueden ser mencionados, pero no por eso, desmeritan el volumen. De hecho, se recuerda desde el prólogo la obra de Mercedes Matamoros, algún que otro poema de Regino Boti, José Manuel Poveda o Emilio Ballagas, precursores de este tema desde principios del siglo XX en Cuba. Por supuesto, también para ellos no están todos los que deberían estar, ya que algunos declinaron la invitación. En cambio, los poemas de los que están son el fruto de la selección que realizaron ambos autores realizaron.

Como un juego de pistas dejo al lector adivinar el por qué del título, además de descubrir un universo que a pesar de lo mucho que se ha avanzado puede despertar aún resquemor, rechazo o dudas.

William Navarrete es escritor franco-cubano establecido en París.