¿Puede perder Evo Morales? Por qué enfrenta su batalla política más difícil

LA NACION

LA PAZ.- Las elecciones presidenciales que se llevarán adelante el próximo domingo en Bolivia dejan a la vista una contienda que mantiene desafíos más grandes que solo sumar más votos en las urnas. El presidente Evo Morales busca su cuarto mandato consecutivo frente al exmandatario, Carlos Mesa, pero quien resulte ganador deberá afrontar un doble reto: sostener la economía y alcanzar la mayoría parlamentaria para que las leyes avancen.

La campaña terminó ayer y dejó algunas definiciones: la oposición cuestionó sobre todo la intención de Morales de buscar un cuarto mandato después de haber perdido en 2016 un referéndum en el que la ciudadanía rechazó que volviera a postularse a las elecciones, mientras que el actual presidente defendió su candidatura exhibiendo la reducción de la pobreza y las altas tasas de crecimiento.

Morales necesitará contar con el 50% de los votos (o 40% con 10 puntos de diferencia en relación con el segundo) para evitar un ballotage, pero muchos de los grupos que anteriormente lo apoyaban, como los aymara -uno de los más extendidos pueblos de Bolivia y al que pertenece Morales- están divididos sobre su candidatura. El motivo principal al que aludieron es el nepotismo y el avance de proyectos lujosos, como la construcción de un nuevo palacio presidencial de 28 pisos en La Paz, con un costo de 34 millones de dólares.

Tras 13 años de gobierno de Morales, una de los mayores temores que merodea sobre los analistas es que, ante la imposibilidad de que el próximo presidente no cuente con la mayoría absoluta en el congreso, la gobernabilidad se complique y se desencadene, a su vez, una crisis económica. Estas posibilidades se avizoraron porque ante el contexto económico que prevé una caída en los precios de las materias primas a nivel internacional. La principal actividad exportadora de Bolivia es el gas y los minerales.

Escenario post-electoral

"Sea quien sea, el ganador no tendrá mayoría, habrá un congreso dividido y la gobernabilidad será más complicada", anticipó Ibo Blazicevic, presidente de la Cámara Nacional de Industrias. "Además hay un contexto internacional de declive en el crecimiento mundial", indicó. En especialista sostuvo que el próximo gobierno deberá asumir tareas pendientes, como ajustar el precio del combustible subvencionado o "sincerar" el tipo cambiario, por lo que recomendó "tener mucho cuidado", teniendo en cuenta el antecedente de Ecuador.

En tanto, Michael Shifter, presidente del centro de análisis Diálogo Interamericano, en Washington, señaló que "con la caída de los precios de las materias primas, el gobierno de Morales se ha visto obligado a pedir más préstamos y reducir las reservas para tratar de mantener los buenos tiempos". Además, advirtió: "el modelo económico boliviano tuvo éxito durante algunos años, pero ya no es sostenible".

Según el ministro de Economía, Luis Arce, desde que asumió Morales "el ingreso de los bolivianos (PIB) se cuadruplicó", al pasar de 9.500 a 40.800 millones de dólares. A la vez que sostuvo que el FMI pronostica un crecimiento para Bolivia de 3,9% en 2019.

Cuando Morales asumió la presidencia, en 2006, comenzó un proceso de nacionalización a través de la expropiación de compañías que se encontraban en mano extranjeras, como la industria de los hidrocarburos. Ese control del negocio petrolero le permitió al gobierno de Bolivia crear subsidios sociales, de manera que la pobreza pasó de 38,7% en 2005 a 17,1% en 2017", según cifras oficiales.

Sin embargo, la oposición le critica a Morales el mal manejo de la economía por los índices de endeudamiento, ya que en 2006 la deuda externa se acercaba a los 5000 millones de dólares y a julio de este año alcanzaba a 10.605 millones de dólares. En tanto, las reservas internacionales netas y otros activos bajaron de una cifra histórica de 14.000 millones de dólares a 8316 millones en junio de este año y en 2018 Bolivia acumuló el déficit fiscal más alto de la región: 3200 millones de dólares, su mayor cifra en tres décadas, según la fundación Milenio.

El gobierno asumió que ha duplicado la deuda externa, pero defendió que se trata de un costo tolerable. "Hemos duplicado la deuda externa. Sí y lo decimos con claridad y sin sonrojarnos. Pero lo que no dice la oposición es que (en ese período) el ingreso de los bolivianos se cuadruplicó", aseguró Arce. Y agregó que la deuda boliviana, que representa 23% del PIB, es sostenible y que el país tiene todavía un margen para seguir tomando préstamos externos.

Agencias AFP y Reuters