‘Las penas que no me matan’: Una cita con Marilyn Romero

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Una de esas piezas inolvidables del dramaturgo y director teatral cubano Abelardo Estorino (1946-2003) es “Las penas saben nadar”, un monólogo estrenado en 1989 por la actriz Adria Santana (1948-2011) y presentado en el Primer Festival del Monólogo de Miami en 2001, entre otros escenarios mundiales.

Ahora, Marcos Casanova y Marilyn Romero lo retoman en adaptación libre como “Las penas que no me matan”, para presentarlo en el Black Box del Teatro Manuel Artime, el viernes 22 y sábado 23 de julio, a las 8:30 p.m.

El teatro de Estorino -cuya primera obra “El peine y el espejo”, data de 1956- se nutre de numerosas fuentes, desde la tradición antigua y moderna de la dra­maturgia europea, desde la tragedia griega hasta el teatro romántico, el “off-Broadway” estadounidense y el expresionismo de Pirandello. Pero también hay vertientes diversas que proceden de Proust y otros autores europeos, así como de la narrativa latinoamericana, y, de manera muy arraigada y especial, su maestro, Virgilio Piñera, señalado por muchos estudiosos, junto a Estorino, como los artífices del teatro de transición cubano (1958-1964).

Póster promocional de “Las penas que no me matan”.
Póster promocional de “Las penas que no me matan”.

Con referencia a “Las penas saben nadar”, el dramaturgo afirmó a Bárbara Rivero, de la revista ADE-TEATRO de la Asociación de Directores de Escena de España, en 1995: “Tiene el reto de haber escrito esta historia en forma de monólogo. Creo que alguien hubiese escrito una obra con muchos personajes. Mira, ahora que hemos hablado de Virgilio [Piñera], recuerdo que él era un hombre que se sentía retado por los demás, y creo que a mí me pasó eso […] Escribir un monólogo es una tarea difícil, uno tiene que encontrar primero a quién hablarle y que teatralmente funcione para que el personaje hable”.

Esta es la sinopsis del monólogo, a vuelapluma: Una mujer irrumpe en el escenario de una obra que está por empezar y en medio de una vorágine de sentimientos, cuenta su historia, sobre todo la de su empeño desde niña por ser actriz. Su objetivo es interpretar el monólogo “La voz humana” de Jean Cocteau, pero comienza a confesar, entre tragos y recuerdos, anécdotas de su vida donde vemos la soledad que la rodea y la entereza de una mujer que ha dedicado gran parte de su existencia al teatro.

Adria Santana calificó la pieza con estas palabras en una entrevista para el periódico mexicano “La Jornada”, en agosto de 2004: “[…] Para una actriz hacer ese texto es un privilegio. No lo escribió para mí; me lo dedicó a mí. Es su primer monólogo y yo lo estrené. […] Cuando se estrenó fue una explosión en Cuba, en 1989. Es perfecto estructuralmente; es una tragicomedia. Lleva de principio a fin por millones de matices, sin nada a qué agarrarse en el escenario. Ella conforma la escena con el público. Es un reto desde todo punto de vista. Fue todo. Lo leo cada vez y siempre encuentro algo nuevo, e inclusive cosas que no encuentro en el escenario. Las obras que tienen varias lecturas son, para mí, arte. Eso pasa con ‘Las penas’...”.

“Las penas que no me matan” es testimonio de la perdurabilidad de la obra de Abelardo Estorino. Marilyn Romero aparece aquí en un ensayo de la puesta en escena.
“Las penas que no me matan” es testimonio de la perdurabilidad de la obra de Abelardo Estorino. Marilyn Romero aparece aquí en un ensayo de la puesta en escena.

Una opinión que comparte Marilyn Romero, más allá del tiempo: “’Las penas saben nadar’ es un texto magnífico que ha sido interpretado y adaptado muchas veces. El texto original hace a menudo referencias directas a la realidad cubana y quisimos peinar esas para abrir la problemática del personaje a una audiencia más variada y darle más posibilidades de conexión con nuestro público. Además, incorporamos fragmentos de otras piezas teatrales para enriquecer las posibilidades interpretativas”.

Es preciso enfatizar que esta adaptación es un trabajo conjunto con Marcos Casanova. “Marcos es un gran profesional. Yo había trabajado con él varias veces en el pasado y siempre era un proceso agradable y profesional, del que lográbamos buenos resultados”, añade Romero. “Dirigida por él interpreté personajes muy queridos para mí como la Mamaé de ‘La Señorita de Tacna’. A finales del año pasado, yo acababa de dirigir la lectura dramatizada de una obra de su autoría, ‘Mariposas en flor’ y por ese vínculo me vino la idea de invitarlo a trabajar en la adaptación/versión del monólogo conmigo. La decisión de que lo dirigiera él devino de ese proceso”.

Marilyn Romero en un ensayo de “Las penas que no me matan”.
Marilyn Romero en un ensayo de “Las penas que no me matan”.

La adaptación de una obra original siempre trae consigo logros y tropiezos. Por fortuna, en el caso de “Las penas que no me matan”, son más abundantes los primeros que los segundos. Así lo patentiza la actriz: “Dificultades, muy pocas”, afirma, y prosigue con lo que puedo señalar como un adelanto de lo que ofrecerá al público este fin de semana. “Hemos logrado un texto que mantiene el sabor cubano y que a la vez se comunica con un público de cualquier lugar, tiene comedia, tiene drama y, sobre todo, tiene mucha humanidad porque todo el mundo va a sentir que la problemática de este personaje lo toca de alguna manera”.

Tanto “Las penas saben nadar” como su prodigiosa adaptación, “Las penas que no me matan”, son testimonio de perdurabilidad en la creación de uno de los pilares del teatro cubano del siglo XX. Una indagación incesante de la condición humana, fundamentada en las mejores tradiciones del teatro universal, y enraizada en la cubanía que siempre lo caracterizó.

No hay mejor conclusión que estas palabras de Antón Arrufat, otra de las luminarias de la cultura cubana, a propósito del incansable trabajo de Estorino: “Sus piezas están recorridas por ese sentimiento, por esa necesidad de hacer algo, de alcanzar lo que falta. Sus personajes viven de lo que carecen, lo provocan, lo esperan, jadean por lograrlo. Es por eso que lentamente, y de un modo implacable, se van descubriendo cómo realmente son”.

“Las penas que no me matan” se presentará en el Black Box del Teatro Manuel Artime, el viernes 22 y sábado 23 de julio. Marilyn Romero aparece aquí en un ensayo de la puesta en escena.
“Las penas que no me matan” se presentará en el Black Box del Teatro Manuel Artime, el viernes 22 y sábado 23 de julio. Marilyn Romero aparece aquí en un ensayo de la puesta en escena.

Que esta definición sirva de guía al público en esta cita teatral impostergable con Marilyn Romero y “Las penas que no me matan”, una producción de MarGi Happenings. No hay excusa que valga para admirar esta nueva mirada a una pieza que sentó un precedente, y resume todo un período del movimiento teatral cubano.

“Las penas que no me matan”. Adaptación libre de la obra original de Abelardo Estorino, por Marcos Casanova y Marilyn Romero. Viernes 22 y sábado 23 de julio, a las 8:30 p.m. BlackBox del Teatro Manuel Artime. 900 SW 1ra. Calle. Boletos: https://laspenasquenomematan.bpt.me. Teléfono: 305-975-0744.

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