El siguiente paso de Apple y Facebook es conquistar tu cara... y no deja de ser perturbador

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Hay enormes razones sociales, culturales y legales para preocuparse de que las computadoras faciales estén por todas partes.

Es difícil no sonar vulgar, de alguna manera, cuando se discute el futuro de la computación facial. hay algo ineludiblemente brutal, ¿no?, sobre la posibilidad de que todas las personas andemos por ahí caminando con computadoras en nuestra cara.

Primer paso

Aun así, sospecho que el mundo podría adoptar las computadoras faciales de todos modos y sería dentro de poco, tal vez incluso durante la próxima década. Las personas en la industria de la tecnología se han preguntado desde hace tiempo qué podría remplazar los teléfonos inteligentes como la siguiente plataforma computacional dominante. Durante un largo rato, he pensado que nada lo haría (que los celulares permanecerían como nuestras computadoras primarias durante el futuro próximo). Sin embargo, en los últimos meses, he comenzado a aceptar el hecho de que nuestros rostros están... en problemas.

La computadora facial está en camino (prepárate para una andanada de anteojos “inteligentes”, visores de realidad virtual y otros dispositivos que conectan tus ojos al mundo digital).

Hasta ahora solo ha habido algunas máquinas como esas, las más famosas son los fallidos anteojos digitales de Google, Google Glass. Facebook y Ray-Ban presentaron hace poco gafas oscuras con cámaras; Snap, la compañía propietaria de Snapchat, también tiene un dispositivo similar. Estas gafas de sol te permiten fotografiar la vida en el momento, desde el punto de vista de tus ojos; cuando haces castillos de arena en la playa con tus hijos, puedes tocar suavemente tus anteojos para capturar el recuerdo mientras lo vives en lugar de sacar tu celular con dedos llenos de arena.

Facebook y Microsoft también están fabricando gafas de realidad virtual que funcionan como computadoras personales poderosas montadas en tus ojos, para crear una experiencia digital envolvente (los videojuegos y las películas te rodean, el mundo real es remplazado por la máquina).

Perturbador

Aunque ninguno de estos dispositivos ha sido un gran éxito, la tecnología detrás de las computadoras montadas en la cara se está volviendo muy buena bastante rápido. Es probable que estemos a solo unos años de distancia de que una computadora facial tenga un gran éxito (tal vez cuando Apple lance en la que, según reportes, está trabajando.

Hay enormes razones sociales, culturales y legales para preocuparse de que las computadoras faciales estén por todas partes. Tales dispositivos podrían convertir tus ojos en cámaras de tablero en constante grabación, empalmar la toxicidad de Instagram con las conversaciones de la vida real y agregar una capa de gráficos de computadora que modifican la realidad de todo lo que ves.

Tampoco es muy buen augurio que los estén desarrollando algunas de las corporaciones más intrusivas y menos confiables del mundo.

Biometric verification, illustration.
Biometric verification, illustration.

No obstante, si la repulsión constituyera un impedimiento fatal para el éxito en la industria tecnológica, no existirían los teléfonos inteligentes o Facebook. Esto es lo que pasa con las computadoras en el rostro: con el diseño adecuado, cuando sus componentes de manera inevitable se vuelven lo suficientemente pequeños y poderosos, estas máquinas podrían hacer que la computación fuera mucho más visceral y accesible, lo que es muy posible que también significara más irresistible. Me preocupa la repentina inevitabilidad de las computadoras faciales (que, como ocurrió con los teléfonos inteligentes, a lo mejor ya estén por todos lados antes de que la sociedad comience a valorar la manera en que podrían estar alterando todo).

Menciono esto como alguien que ha usado muchas computadoras faciales bastante malas durante los últimos años. Incluso la peor de ellas sugirió una meta convincente. Las computadoras en el rostro prometen mejorar las dos cosas que hacemos con mayor frecuencia en nuestros teléfonos: ver cosas y tomar fotografías de cosas. Una computadora que siempre puedes ver combinada con una cámara que siempre ve lo que tú ves (¿no es obvio cómo dicho dispositivo podría encajar durante la era de YouTube y TikTok?).

Las computadoras en la cara también mitigan dos de los mayores defectos de los teléfonos con pantalla táctil: la pantalla y lo táctil. Mi celular afirma ayudarme y aun así exige constante atención de mis dedos y mis ojos. ¿Con la economía como está?

Este es el mejor discurso de ventas para la computadora facial: te permite obtener información digital con mayor flexibilidad que cualquier otro dispositivo.

No obstante, estas máquinas pueden generar experiencias que son mucho más intensas que en cualquier otro dispositivo. Con una computadora en el rostro, no solo estás viendo videos en línea, los estás habitando de una manera que se vive en carne propia.

Hace poco me enganchó el Oculus Quest 2 de Facebook, el visor de realidad virtual ligero y portátil lanzado a fines del año pasado. Lo que me gusta de él es la profundidad de la experiencia: en general, no soy un videojugador, pero el Quest 2 posee una gran biblioteca de títulos inmersivos que encuentro fascinante, entre ellos un juego de escalada en roca cuyo peligroso realismo hizo que me sudaran las manos.

La realidad virtual conquistará el mundo de los videojuegos porque es incomparable para crear una experiencia física entera (cuando te subes a una montaña rusa de realidad virtual, sientes cómo se mueve tu estómago igual que en una atracción de verdad). Incluso los videos ordinarios mejoran con la experiencia de realidad virtual (descubrí que ver en la aplicación de realidad virtual de YouTube videos en alta resolución acerca de la naturaleza es una maravillosa manera de recordar cómo era poder salir de nuestra casa).

Principalmente, usaremos estas cosas por diversión. Sin embargo, hay una posibilidad de que la realidad virtual encuentre también otros usos. Por descabellado que suene, he estado meditando en realidad virtual (elijo algún lugar virtual tranquilo y me siento ahí en silencio, solo “vibrando” con el mundo alrededor de mí). Sí, es superñoño; también es increíblemente relajante.

Interacciones mediadas

Las computadoras conquistaron nuestra vida durante la pandemia, pero son poco comunes las reuniones de Zoom que no se sienten de baja calidad, incómodas y distantes. En comparación, hablar con personas a través de la realidad virtual se siente natural. Debido a que los visores permiten que el mundo digital envuelva por completo tus sentidos, tienen el efecto paradójico de liberarte de la sensación siempre presente de que todas tus interacciones están mediadas por máquinas.

Security check concept. Scan of young guy against virtual screen with data, copy space. Panorama
Security check concept. Scan of young guy against virtual screen with data, copy space. Panorama

Aun así, no pienso que la realidad virtual sea para todos (la experiencia es tan inmersiva que a menudo se siente impráctica). La realidad virtual aleja por completo el mundo real y exige toda tu atención. ¿Quién tiene el tiempo de olvidarse de todo para trepar una montaña virtual?

Además, las compañías tecnológicas han estado experimentando con máquinas menos inmersivas para tu cara, lo que algunas personas llaman realidad aumentada. Este es el mundo que Google imaginó cuando comenzó a vender sus gafas Glass en 2014.

En cuanto a la tecnología, Glass era una maravilla (Google había colocado una pantalla, altavoces y una cámara en una máquina construida de manera que fuera solo un poco visible en el armazón de los lentes). Un punto en contra de Glass era que no hacía muchas cosas, por lo que no justificaba su precio. Podía grabar videos breves y mostrar información digital, como el clima, en la esquina del marco visual por 1500 dólares.

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Problema social

Aunque las funciones en pocas ocasiones son un impedimento obvio para el éxito de la tecnología ponible. Los relojes de pulso solo dan la hora y las gafas de sol únicamente le dicen al mundo que eres fabuloso. De alguna manera, no hacer mucho era el objetivo de Glass. Los anteojos prometieron ofrecerte información digital de manera más discreta de lo que lo hacía tu celular. Nos hizo imaginar un campo visual que algún día estaría enriquecido por información (los titulares más recientes y tus mensajes de texto entrantes encimados en tu camino a casa, uno de los gráficos usado en los noticiarios de la televisión por cable en la parte inferior de la pantalla de tu vida: “TU ESPOSA DICE QUE COMPRES LECHE. ¿ES CULPA DE BIDEN?”).

El gran problema con Google Glass no era técnico, sino social. A pesar de los grandes esfuerzos de la compañía por hacer que Glass fuera genial, las primeras personas que tuvieron el dispositivo tendían a ser de cierto tipo: sujetos ricos del mundo de la tecnología, con una confianza excesiva y que creen que merecen privilegios. Al poco tiempo se ganaron un apodo peyorativo (“glassholes”, una combinación de las palabras en inglés para “gafas” y otra malsonante que significa “estúpidos”) y en ese punto el dispositivo quedó sentenciado.

Mucho ha cambiado desde el lanzamiento de Glass. Las cámaras y los procesadores móviles son más pequeños y más potentes. Ahora la tecnología como la de Glass puede ser incorporada a gafas sin sacrificar mucho el estilo. También hay mucho menos oprobio social a la tecnología ponible. Los audífonos inalámbricos y los relojes inteligentes no son solo para ñoños adinerados. Además, para muchas personas, especialmente los jóvenes, ya no existe mucha separación entre el mundo en línea y fuera de ella (lo que indica una gran demanda potencial para anteojos que fijen el internet a tus globos oculares).

También me pregunto si la pandemia podría haber relajado las inhibiciones de las personas sobre llevar algo en la cara. Sí, muchas personas han rechazado los cubrebocas, pero muchas más ahora se sienten cómodas usándolos y viendo a otros usarlos.

Algo grande

Para mí, el escenario parece listo de una manera que recuerda el periodo antes del lanzamiento del iPhone en 2007. La tecnología y las preferencias de los consumidores se están alineando. Estamos en la cúspide de algo grande. Solo espero que, a diferencia de los teléfonos inteligentes, esta vez vayamos paso a paso. Estos se volvieron un objeto ineludible de la vida moderna mucho antes de que entendiéramos todas las maneras en que alterarían la sociedad, para bien y para mal. Ahora, a medida que las máquinas marchan a la conquista de nuestros rostros, al menos mantengamos los ojos muy abiertos.

© 2021 The New York Times Company

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