Las partes más extrañas del funeral de la reina Isabel II

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Los británicos dieron al funeral el apodo de 'statty funes' (funeral patrocinado por el Estado). Se predijo que el funeral, financiado por los contribuyentes, sería el evento de un solo día más caro de la historia británica, que superaría los costos de los Juegos Olímpicos de 2012. En Internet, los debates sobre el dinero fueron intensos. Un partidario de la realeza tuiteó en su defensa: “¿Así que dices que ella tuvo 'Platty Jubes' [jubileo de platino] pero que 'Statty Funes' debe ser a costa de la realeza?”.

Casi todos los canales de televisión de Gran Bretaña -y muchos del otro lado del charco, en EE.UU.- retransmitieron el funeral en directo, excepto Channel Five, que emitió en su lugar The Emoji Movie. Una madre dijo ante las cámaras que ver el ataúd de la reina Isabel II era un momento mejor que el nacimiento de sus hijos.

Casi todos los países fueron invitados al funeral, excepto seis: Siria, Venezuela, Afganistán, Rusia, Bielorrusia y Myanmar. Putin, siempre con clase, envió sus saludos personales al ahora rey Carlos, y calificó la pérdida de la reina como una “pérdida irreparable”. Luego, después de que su invitación no llegara por correo, la televisión estatal rusa difundió un vídeo en el que aparecía (de forma errónea) la joven reina lanzando comida a los niños africanos. La primera dama de Ucrania, Olena Zelenska, tuvo una audiencia con Kate Middleton.

Joe Biden y su esposa Jill llegaron en “La Bestia” en lugar de tomar el autobús. Alguien tuiteó que tal vez se deba a que el presidente de EE.UU. es “uno de los pocos que puede pagar la tasa de congestión y un tanque de combustible al mismo tiempo”. Boris Johnson mantuvo la cabeza baja y parecía haberse cepillado el pelo. La nueva primera ministra Liz Truss habló de Dios.

En la ceremonia matutina en la Abadía de Westminster, la gente cantó ‘God Save the King’, pero muchos asistentes dijeron por accidente “Queen”. Carlos III se mantuvo rígido, sin mover los labios. Camila, ahora reina consorte, también se mostró un poco incómoda a la hora de pedir a su “feliz y glorioso” marido que “reine mucho tiempo sobre nosotros”. Sus palabras no fueron del todo acertadas. Tras la procesión, hubo un metacomentario sobre la cantidad de estiércol de caballo en la carretera.

Piers Morgan (“Pronombres: caliente/muy caliente/el más caliente”, según su perfil), como es debido, cambió su foto de Twitter por una imagen de él mismo conociendo a la reina y lloró con el himno nacional en Fox News. “Será un día largo, emotivo e histórico”, tuiteó, con una respuesta desigual. “Piers, Estados Unidos valorará tu tono comedido y discreto. Tu enfoque modesto y humilde informará con respeto a nuestros amigos estadounidenses de la magnitud de la ceremonia de hoy. Buena suerte, amigo mío”, escribió un admirador. “Juzga a un hombre por la compañía que tiene”, tuiteó un detractor en el otro lado del espectro, junto con una serie de imágenes que incluían a Morgan con Ghislaine Maxwell y Morgan con Harvey Weinstein.

El presidente francés Emmanuel Macron fue fotografiado sonriendo y saludando a los fotógrafos, y durante un tiempo todo el mundo creyó que había sido visto comiendo un rollo de salchicha en Greggs antes de que la imagen manipulada con Photoshop fuera desmentida. Meghan Markle prometió entregar en persona unas flores para la reina de parte de un simpatizante a las puertas del palacio en lugar de entregarlas a un ayudante, y el vídeo del momento fue como era de esperar, un “momento tenso” y una “discusión incómoda”.

Kate, ahora princesa de Gales, llevaba un velo de luto. El príncipe Harry, al igual que su tío Andrew, llevaba un traje decorado con medallas. A ninguno de los dos se les permitió llevar el traje militar completo: a Harry, porque renunció a sus funciones reales para proteger a su esposa de ataques despiadados; a Andrew, porque fue despojado de sus títulos por su asociación con un infame pedófilo estadounidense.

Es el mismo Andrew por el que la policía detuvo a un manifestante al grito de “¡Andrew, eres un viejo enfermo!” en Edimburgo hace unos días, por supuesto. En todo el mundo se reportaron las detenciones de personas que protestaban contra la monarquía, en medios tan diversos como el Washington Post, Al-Jazeera y The Indian Express. Un tuit popular sugería que los republicanos necesitan un icono, “un contra-Paddington, una figura que no pueda ser absorbida por la falsa solemnidad cursi”, con una imagen de Mr. Blobby.

Charlotte, la hija de siete años del príncipe William y Kate Middleton, fue tendencia en Twitter. Vogue escribió un artículo entero sobre sus joyas (un pequeño colgante de herradura). Vanity Fair dijo que podría ser “un guiño a la afición de su abuela por los caballos”. Las cámaras de la BBC News siguieron a la familia mientras entraba en la Abadía de Westminster, enfocando el sombrero de Charlotte. En las imágenes, parecía tan cómoda con las cámaras como North West, la famosa niña de Kanye West y Kim Kardashian que odia a los paparazzi. “La princesa Charlotte ya es un icono”, tuiteó una persona, refiriéndose a una imagen de la niña mirando de reojo.

Y así, el motor de la realeza seguirá funcionando, alimentándose de los niños que constituyen su combustible más potente. Al igual que la reina Isabel II, se espera que “cumplan con su deber para con la nación”. Hoy se ha dicho en la Abadía de Westminster que la familia real está “de duelo como tanta gente en todo el mundo... pero esta familia lo hace bajo los focos más brillantes”. Es cierto que esta no es la mayor de las dificultades, sobre todo si se compara con los muchos miles de personas que enterraron a sus muertos por el covid-19 bajo duros confinamientos en diminutas habitaciones y que ni siquiera pudieron abrazar a sus familiares mientras lo hacían. Pero los focos seguirán a Charlotte, George y a su hermano menor Louis, que no asistió al funeral por su edad (tampoco estuvieron sus jóvenes primos Archie y Lilibet, hijos de Meghan y Harry). Nunca desaparecerán.

Las protestas sobre el funeral fueron variadas. Por supuesto, se habló de las atrocidades coloniales y de las joyas robadas. También hubo protestas contra los sombreros de los guardias hechos con pieles de osos negros por parte de grupos de defensa de los animales. La gente habló de cómo la cola, que duró horas, demostró que Gran Bretaña se había unido en torno a una cosa, de cómo se estaban curando las heridas de la división. Mientras tanto, otros se preguntaban si los millones gastados en la ceremonia de un día de duración podrían haberse invertido mejor en el precario NHS (Servicio Nacional de Salud).

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