Si te ofrecen la vacuna contra el COVID-19, debes ponértela... aunque sientas que otras personas la necesitan más

Melinda Wenner Moyer
·5  min de lectura
Si te ofrecen una vacuna, acéptala. (JR BEE/The New York Times)
Si te ofrecen una vacuna, acéptala. (JR BEE/The New York Times)

La semana pasada, cuando unos amigos se enteraron de que pronto serían elegibles para una vacuna de la COVID-19, recibí un montón de mensajes de texto llenos de desasosiego. Una maestra que ve a sus alumnos tan solo una vez a la semana se preguntó si debía esperar para que los maestros que corrían un mayor riesgo pudieran vacunarse primero. Una amiga con un problema de salud que se puede quedar casi todo el tiempo en casa y aislarse consideró dejar que su dosis llegara a alguien que lo mereciera más. En redes sociales, me he topado con publicaciones de amigos que son elegibles para la vacuna, pero no pudieron obtener citas… y que estaban enojados de que otras personas que conocían, a quienes consideraban de bajo riesgo, ya hubieran sido inoculadas.

Ahora que cada vez más estadounidenses se vuelven elegibles para las vacunas de la COVID-19, a pesar de su suministro limitado, tomar la decisión de ponerse una vacuna disponible se ha convertido en un dilema moral. No cabe duda de que el acceso a las vacunas ha sido desigual en algunas partes del país. Sin embargo, muchos especialistas en ética médica coinciden: si eres elegible para una vacuna, debes ponértela, sin importar cuán digno —o indigno— te sientas.

“Si te llaman para que te vayas a vacunar, debes ir”, comentó Arthur Caplan, bioético y el director fundador de la división de ética médica en la Escuela de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York.

Hay varias razones para vacunarte si te la ofrecen. En primer lugar, no hay ninguna razón para creer que, si renuncias a tu dosis, irá a alguien que corra más riesgo.

“Nos estamos percatando de que en realidad esa no es la manera en que se están montando los sistemas de asignación de vacunas”, mencionó Debjani Mukherjee, psicóloga y especialista en ética médica de Weill Cornell Medicine. Muchas vacunas son distribuidas por instituciones que no pueden transferir dosis adicionales a otras partes o a poblaciones específicas, explicó Kyle Ferguson, especialista en ética médica de la Escuela de Medicina Grossman.

En otras palabras, es una posibilidad muy viable que la vacuna que rechaces se la den a alguien con menos riesgo que tú. Peor aún, podría ser desechada si no se inyecta en el brazo de alguien antes de que se eche a perder. Las dosis descartadas no benefician a nadie, por eso, cuando se descompuso un congelador en un hospital del norte de California, los administradores violaron los lineamientos estatales y les ofrecieron las vacunas a quienes pudieron, sin importar la elegibilidad.

Por lo tanto, creer que al rechazar una vacuna o esperar a obtenerla de alguna manera se beneficiará a la sociedad… “pienso que es rotundamente falso”, comentó Ferguson. Actualmente, “la gente se siente tentada a hacer eso porque cree en una ilusión de pureza moral y de quedarse con las manos limpias”.

Si rechazas una vacuna con base en la creencia de que no corres un riesgo particularmente alto, también podrías estarte engañando. Es difícil que la gente mida con precisión su propio nivel de riesgo; una investigación ha demostrado que la gente subestima su riesgo en todos los tipos de situaciones. Estos prejuicios optimistas, como son llamados, a menudo provocan que las personas perciban, de manera errónea, que las campañas de salud pública son más relevantes para otros que para ellas mismas.

En otras palabras, la noción de que otras personas necesitan la vacuna más que tú simplemente podría ser producto de un pensamiento optimista irracional. Después de todo, la ciencia sobre la COVID-19 todavía no se entiende por completo, y está evolucionando con rapidez, en especial debido a la aparición de variantes del virus.

Cuando te vacunas, tampoco eres la única persona que se beneficia. Los científicos todavía no están seguros de qué tanto la vacuna impide la transmisión de la COVID-19, pero datos preliminares sugieren que reduce la propagación hasta cierto grado. Entonces, cuando te vacunas, no solo estás protegiendo tu propia salud; también es probable que ralentices la propagación de la infección en tu comunidad y reduzcas la posibilidad de que haya hospitales saturados. Además, si te inoculas y amigos o familiares se enferman de la COVID-19, eres un buen candidato para cuidarlos, pues es probable que no te enfermes.

Sin embargo, es probable que haya gente que te grite cuando seas elegible si creen que no la mereces tanto como ellos o sus seres queridos. Y es probable que no puedas tranquilizarlos con respuestas racionales. En lo más profundo, los individuos que están enojados por una distribución injusta de las vacunas están molestas con el sistema, y eso es comprensible. En esa situación, tan solo eres un chivo expiatorio a la mano. “Creo que lo mejor en una situación como esa sería decir que te importa esa persona y esperas que también tenga una oportunidad pronto”, comentó Ferguson.

Es importante no mezclar los problemas sistémicos que plagan la distribución de las vacunas con las decisiones que tomamos como individuos dentro de este sistema fallido. Aunque sientas que es poco ético que te hayan ofrecido una vacuna, eso no quiere decir que sea poco ético aceptarla. No vas a arreglar el sistema dañado optando por no ponértela. Si acaso, tal vez empeoras la situación.

TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR

Las variantes que surgen del coronavirus podrían presentar dificultades para las vacunas

Empresa farmacéutica afirma que tiene un medicamento que evita infecciones por coronavirus en asilos

EN VIDEO: López Obrador, contrario al cubrebocas, se suma a lista de líderes con covid

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company