Opinión: Se suponía que el centro de atención sería la reina Isabel II, no Meghan Markle

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Cuando abrí Twitter en mi trayecto matutino al trabajo, lo cerré casi de inmediato. No porque me sintiera “harta de publicaciones del funeral”, como algunos en las redes sociales han sugerido que sintieron; incluso a pesar de que llevamos los últimos 10 días seguidos enfocados en la muerte de la reina Isabel II en la sala de redacción de The Independent.

Al contrario: he encontrado que trabajar en el homenaje de la monarca desde el momento en que se anunció su muerte fue profundamente conmovedor y bastante cautivador; desde el sorprendente y embriagador romance de las personas haciendo fila durante horas para pasar frente a su ataúd, hasta los austeros saludos ceremoniales con armas de fuego y las interpretaciones sombrías y hermosas de ‘The Lord’s My Shepherd, I Shall Not Want’ en la abadía de Westminster ayer.

Al igual que el resto del Reino Unido, he estado cautivada por la vista de tantos miembros de la realeza, dignatarios y líderes mundiales; fascinada tanto por lo insignificante (lo que vestían) como por lo importante (la notable demostración del “poder blando” de Gran Bretaña, que mi colega, John Rentoul, analizó con mucha inteligencia aquí).

Así que no, no fue por exceso de saturación por lo que me alejé de Twitter esta mañana; finalmente es el punto de reunión para el “análisis posterior al partido” de todos los periodistas (y eso incluye la conmovedora pompa y ceremonia del entierro de la reina Isabel II). Más bien fue por el odio vil con el que criticaron a Meghan Markle.

“Es obvio que está jugando un juego. Llegó la hora de prohibirle la entrada a Meghan Markle al Reino Unido”, bromeó alguien. “Harry se casó con Meghan Markle en un apuro y ya se notan las grietas”, dijo otra persona, que aparentemente no notó que la pareja se tomó de la mano hace solo unos días cuando salían del servicio de Westminster Hall en honor a la Reina.

Alguien más criticó que Meghan había demostrado ser una “actriz” competente en el funeral; mientras que un supuesto “experto en lenguaje corporal” para un medio estadounidense de derecha declaró a Meghan “un pez fuera del agua”. Mucho se ha dicho sobre el hecho de que (cuánta flojera, mejor despiértenme cuando terminen los chismes ociosos) Harry y Meghan se sentaron en la segunda fila durante el funeral de la reina Isabel, mientras que el príncipe y la princesa de Gales, William y Kate, se sentaron en la primera.

Un periódico británico declaró que el atuendo de Meghan fue un intento de “congraciarse” con la realeza; como si vestirse de negro en un funeral fuera algo nuevo y diferente. También escuchamos la declaración: “La única persona por la que creo que Meghan está llorando en este momento es por ella misma. Ciertamente, no por la reina” en la entrevista en Good Morning Britain de Dan Wootton con Tom Bower. Dan Wootton es un periodista que fue objeto de burlas por su “luto performativo” después de que le pidió a un amigo que lo filmara poniendo flores de manera conmovedora en el memorial de la Reina, mientras que al parecer fueron necesarias cuatro tomas para retratar el mejor lado de su duelo.

Mientras tanto, Piers Morgan consideró oportuno criticar a Meghan por el hecho de asistir al funeral. “Cuando la veo en todos los eventos de esta semana, creo que a muchos británicos les resulta muy difícil de digerir porque piensan: oye, le hiciste la vida a la reina Isabel muy difícil los últimos dos años de su vida”, dijo a Fox News. Esta declaración hizo eco del despecho expresado por la periodista Petronella Wyatt, quien tuiteó: “Que Dios perdone a Harry y Meghan por causar tanto dolor a la reina, porque yo nunca lo haré”.

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Vi tuits tristes, deprimentes y sin fundamento alguno que acusaban a Meghan de “intimidar” a la princesa Charlotte. Otros comentarios calificaron a la duquesa de Sussex de “bruja” y la acusaron de “sonreír” al salir de la abadía de Westminster. “Vete a casa, Meghan Markle” fue, de forma impensada, una tendencia en Twitter, junto con todas las connotaciones sorprendentes que ese sentimiento representa para alguien que ya había hablado sobre ser tratada de manera diferente porque es birracial.

Yo no fui, en lo más mínimo, la única que notó la salvaje lluvia de veneno verbal en dirección a Meghan. Un comentarista político tuiteó: “Meghan Markle no es perfecta, ni el príncipe Harry (aunque arriesgó su vida por su país y defendió a las personas que luchan con su salud mental). Pero la maldad y la perversidad dirigidas a ella (y a Harry) provienen de un lugar muy oscuro. El racismo abunda”. Otros estuvieron de acuerdo, y lo han criticado con justa razón.

Meghan, por su parte, ignoró estas críticas. En cambio, ella era la viva imagen de la gracia y la elegancia; mantuvo una compostura perfecta y desempeñó un papel de apoyo al lado de su esposo, el príncipe Harry, quien acaba de perder a su abuela. Ella hizo todo lo que cualquiera podría haber esperado de ella, no diferente a Kate, ni diferente a Camila.

No se puede criticar su atuendo, como dijo un tuitero: “Ningún miembro de la realeza, además de la princesa Diana, ha tenido un aspecto tan icónico”. Su capa negra, sus guantes y su sombrero se adaptaron perfectamente al procedimiento; incluso usó aretes que le regaló la reina Isabel. Su duelo también fue discreto; se limitó a un simple secado de lágrimas mientras acompañaba a otros miembros de la familia real fuera de la abadía de Westminster después del servicio. Sin embargo, los sabuesos vinieron por ella, y no dejarán de hacerlo.

Si el funeral de la reina Isabel II va a ser siempre una fuente de orgullo británico, entonces el trato público de Meghan Markle será nuestra vergüenza. No tenemos absolutamente nada de lo que estar orgullosos.