Opinión: Podrías estar pasando por alto el punto sobre el drama Adam Levine - Behati Prinsloo

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Escribe el nombre Behati Prinsloo en Twitter y, junto con una radiante fotografía de la supermodelo namibia y el respaldo de 16.600 likes, las primeras palabras que lees son de incredulidad, tras la supuesta infidelidad de su marido, Adam Levine. “Demuestra que no importa cuán bonita, sexy o flaca seas, los hombres igual te van a engañar. Chicas, ámense a sí mismas”.

Para cualquiera que no haya encendido su teléfono en las últimas 24 horas, este tuit se refiere, por supuesto, a la serie de acusaciones encabezadas por la modelo de Instagram de Los Ángeles, Sumner Stroh, de 23 años, de que el líder de Maroon 5, de 43 años, ha tenido múltiples aventuras y ha coqueteado con otras mujeres a pesar de estar casado con uno de los ángeles de Victoria's Secret, de 34 años de edad, desde hace ocho años (Prinsloo también es la madre de sus dos hijas pequeñas, y hay un tercer hijo en camino).

La respuesta de las redes sociales al creciente escándalo ha sido predecible. Replicando la consternación provocada por la reciente separación de Emily Ratajkowski y Sebastian Bear-McClard (un tweet decía: “Todavía no puedo creer que engañaron a Em Rata. No hay esperanza para el resto de nosotras”), la opinión general parece ser de total incredulidad de que mujeres estéticamente atractivas puedan ser víctimas del flagelo de la infidelidad. Porque seguramente, esa es una agonía reservada para los simples mortales que no han sido bendecidos con los marcados abdominales y los pómulos simétricos conferidos por la lotería genética.

Excepto que no es así. Lo que el lugar común que va de boca en boca no reconoce es que la infidelidad tiene menos que ver con la belleza o el éxito de la parte abandonada y mucho más que ver con las inseguridades, el deseo de validación y la falta de autoestima del infiel.

Solo necesitas echar un vistazo a los escándalos de relaciones más prolíficos de los últimos meses para ver cómo surge el patrón. Tomemos como ejemplo a Prinsloo y Levine, Ratajkowski y Bear-McClard, y los problemas perpetuos de Khloe Kardashian y Tristan Thompson. Las mujeres, todas madres, tienen un gran éxito en sus respectivos campos.

Prinsloo ha disfrutado de una brillante carrera en la pasarela desfilando para una larga serie de los diseñadores más buscados del mundo, así como cabildeando a favor de los rinocerontes en peligro crítico de extinción en su Sudáfrica natal. Ratajkowski es actriz, modelo y autora de best-sellers del New York Times, además de ser una defensora abierta de los derechos de las mujeres.

Kardashian ha mantenido el interés del mundo a lo largo de 20 temporadas de Keeping up with the Kardashians y múltiples series derivadas del reality, muchas de las cuales hizo mientras dirigía su marca de ropa Good American, cuyo valor estimado actual es de US$7,65 millones. Han conseguido sus objetivos, son glamorosas y más ricas de lo que la mayoría de nosotros puede siquiera soñar ser.

Y, sin embargo, las tres han estado rodeadas de rumores de infidelidad. Ya sea un rumor o la realidad (Tristan Thompson ha admitido su inclinación por ser un infiel en serie, pero el jurado sigue deliberando sobre Levine y Bear-McClard), el punto es que quien eres y cómo te ves no significa nada si la persona con la que estás en una relación es infeliz o está insatisfecha con ella misma.

Los psicólogos del comportamiento han hablado extensamente sobre el impacto mental de la traición romántica, un acto que se dice que desencadena un trauma y problemas que incluyen ansiedad, depresión y dolor. Incluso ese resumen general debería ser suficiente para disuadir a alguien de lastimar a alguien a quien profesan amar, pero lamentablemente la naturaleza humana no siempre funciona de esa manera.

Adam Levine ya ha rechazado las afirmaciones de Stroh, admitiendo que “cruzó la línea” con sus mensajes coquetos y negando categóricamente cualquier tipo de aventura física. Desde entonces, han surgido acusaciones de otras mujeres, aunque se ha demostrado que al menos una de ellas falsificó los textos que supuestamente Levine le había enviado.

El resultado de esta historia aún está por verse, pero incluso una pareja sólida del mundo del espectáculo como Prinsloo y Levine no pudo evitar sentirse sacudida por acusaciones tan sensacionalistas.