EEUU, el país que hace campaña contra el matrimonio infantil en todo el mundo y lo sigue permitiendo en 45 estados

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Durante años, Estados Unidos ha hecho campaña contra el matrimonio infantil en todo el mundo, desde Guatemala hasta Zimbabue. Sin embargo, deberíamos escucharnos a nosotros mismos: cuarenta y cinco estados de Estados Unidos siguen permitiendo el matrimonio de niñas y niños menores de 18 años.

Niñas de tan solo 10 años se casan ocasionalmente de forma bastante legal en Estados Unidos. Nueve estados no han establecido una edad mínima absoluta para el matrimonio.

Un estudio realizado este año reveló que casi 300.000 niños —es decir, personas de 17 años o menos— se casaron en Estados Unidos entre 2000 y 2018. Una abrumadora mayoría eran chicas de 16 o 17 años, que se casaban en promedio con un hombre cuatro años mayor. No obstante, más de 1,000 tenían 14 años o menos, y cinco solo tenían 10 años. Algunas se casaron con personas mucho mayores.

“Nadie me pidió mi consentimiento”, recordaba Patricia Abatemarco, que siendo alumna de octavo grado se casó justo después de cumplir 14 años con un hombre de 27. “No había nada romántico en ello. No estaba enamorada de él. No estaba prendada de él. Le tenía miedo”.

Un juez de Florence, Alabama, casó a la pareja en el juzgado, y luego la pareja se fue al parque de afuera, donde la recién casada vio una zona de juegos y dejó al novio para irse a jugar a los juegos.

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Abatemarco, que ahora tiene 55 años, dijo que el camino hacia este matrimonio comenzó cuando ella tenía 12 años y vivía en un hogar de clase media. Sus padres eran laicos, pero ella se había vuelto bastante religiosa y, durante una crisis personal, buscó ayuda en una línea telefónica cristiana evangélica. Apareció un consejero, Mark, que le ofreció servicios de asesoramiento gratuitos; estos se volvieron cada vez más intensos, según ella, y él empezó a violarla en repetidas ocasiones.

A los 13 años, quedó embarazada a causa de estas violaciones. No sabía qué hacer, pero Mark y su madre se inclinaron por el matrimonio. Eso resolvió sus problemas: para la madre de Abatemarco, evitaba el estigma de un bebé fuera del matrimonio en la casa y, para Mark, le permitía esquivar los cargos de violación. Abatemarco quería desesperadamente quedarse con el bebé, con la esperanza de tener a alguien que la amara y la consolara, y su madre le dijo que esa era la única manera de hacerlo.

Aunque eso ocurrió hace décadas, un razonamiento similar provoca muchos matrimonios juveniles en la actualidad.

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Llevo escribiendo sobre los matrimonios infantiles en Estados Unidos desde 2017, cuando conocí el caso de una niña de 11 años, Sherry Johnson, a quien obligaron a casarse con su violador en Florida. El matrimonio infantil estaba permitido en ese entonces de alguna forma en los 50 estados.

Ahora, gracias en parte a la heroica labor de una organización de defensa, Unchained at Last, cinco estados han prohibido completamente los matrimonios de menores de 18 años: Delaware, Minnesota, Nueva Jersey, Pensilvania y (este mismo mes) Rhode Island. Nueva York ha aprobado un proyecto de ley similar que espera la firma del gobernador.

Los estados que permiten los matrimonios de menores lo hacen en su mayoría en circunstancias particulares, como con el permiso de un padre y un juez. Estas salvaguardias no funcionan muy bien. Muchas veces en esos matrimonios hay una niña, quizá embarazada, que se casa con un hombre mayor que a lo mejor fue su violador.

El nuevo estudio revela que 60.000 de los matrimonios infantiles celebrados desde el año 2000 implicaban a parejas con una diferencia de edad lo suficientemente grande como para que bajo circunstancias normales las relaciones sexuales se consideraran un delito.

“La licencia de matrimonio se convirtió en una manera de librarse de la cárcel en la mayoría de esos estados”, dijo Fraidy Reiss, víctima de matrimonio forzado y fundadora de Unchained at Last.

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Desde luego, hay jóvenes de 17 años que se enamoran profundamente y pueden afrontar un matrimonio. Podemos entender que, si una chica está embarazada, la pareja prefiera casarse enseguida. Sin embargo, es complicado: el sistema legal niega muchos derechos a los menores de 18 años, por lo que un joven de 17 años casado puede quedar atrapado en una pesadilla kafkiana.

Si el matrimonio se estropea, una menor de edad no suele ser aceptada en un centro de acogida para mujeres. Tendrá dificultades para conseguir un abogado que la asista. Sorprendentemente, podría incluso tener dificultades para divorciarse, porque los menores a menudo no pueden iniciar un procedimiento legal sin pasar por un tutor. Además, si una menor huye de un marido violento, la policía quizá la envíe de vuelta con su agresor.

Eso es lo que le ocurrió a Abatemarco.

Su matrimonio a los 14 años no funcionó. Al cabo de unos meses, dijo Abatemarco, Mark empezó a golpearla casi a diario y a veces también al bebé. (Mark murió en 2008, así que no conozco su versión de los hechos).

Una noche, dijo, huyó de una paliza y caminaba por la carretera casi a la medianoche con su bebé en una carriola. Un agente de policía la detuvo por violar el toque de queda, la llevó a ella y al bebé de vuelta a casa, le dio una copia de la advertencia escrita a su marido y luego se marchó.

“Entonces mi marido me golpeó”, dijo Abatemarco.

Finalmente, Abatemarco huyó para siempre y dio a su hija en adopción. Con la ayuda de sus padres, pudo conseguir el divorcio, en un día de escuela, con tiempo suficiente para llegar a su clase de inglés de onceavo grado.

Estados Unidos hace muy bien en hacer campaña para acabar con el matrimonio infantil en Bangladés y Yemen. Hagamos lo mismo en casa.

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This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company

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