Opinión: El mundo está desesperado por obtener más vacunas contra la COVID-19

James Krellenstein, Peter Staley y Wafaa M. El-Sadr
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El mundo está desesperado por obtener más vacunas contra la COVID-19 (Adam McCauley/The New York Times).
El mundo está desesperado por obtener más vacunas contra la COVID-19 (Adam McCauley/The New York Times).

HACE DOS DÉCADAS, ESTADOS UNIDOS LANZÓ UN PROGRAMA PARA AYUDAR A SUMINISTRAR MEDICAMENTOS CONTRA EL VIH EN EL MUNDO. SE DEBERÍA ADOPTAR UN ENFOQUE SIMILAR PARA LA COVID-19.

La pandemia de COVID-19 ha sido mal manejada durante meses. Ahora las vacunas están aquí, pero son escasas. La mayoría de los estadounidenses esperarán meses para vacunarse, y los países más pobres están luchando para encontrar alguna vacuna disponible.

Hay otra manera. El presidente electo Joe Biden puede resolver la escasez de vacunas en Estados Unidos y en el mundo usando una estrategia inspirada en la que usó nuestro país para enfrentar la crisis del sida. Biden puede reunir los recursos del gobierno federal para fabricar suministros de vacunas adicionales y combinar ese movimiento con esfuerzos vigorosos para impulsar la distribución.

Hace casi dos décadas, Anthony Fauci, que entonces llevaba casi veinte años como director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, ayudó a convencer al presidente George W. Bush para que estableciera el Plan de Emergencia del Presidente para el Alivio del SIDA (PEPFAR, por su sigla en inglés). El objetivo del PEPFAR, era asegurar que las personas de países con recursos limitados pudieran obtener medicamentos para tratar el VIH. PEPFAR ha recibido un apoyo bipartidista constante y está reconocido como una de las iniciativas de salud mundial más exitosas jamás implementadas, responsable de salvar un estimado de 18 millones de vidas hasta la fecha, según el gobierno de Estados Unidos.

Biden puede ayudar a abordar el urgente desafío de salud mundial en la actualidad al establecer el Plan de Emergencia del Presidente para el Acceso y el Alivio en Materia de Vacunas (PEPVAR, por su sigla en inglés) y construir rápidamente instalaciones para fabricar vacunas y sus componentes a escala. La fabricación podría coordinarse utilizando un modelo similar al que usaron los laboratorios nacionales del Departamento de Energía, en el que una instalación de propiedad gubernamental es operada por una organización privada con experiencia en el sector pertinente.

La promesa y la posibilidad del PEPVAR tienen su origen en el tipo de vacunas contra la COVID-19 que se distribuyen actualmente en Estados Unidos. Las vacunas Pfizer-BioNTech y Moderna utilizan material genético llamado ARNm, y su tecnología se basa en enseñar a las células humanas a fabricar proteínas que desencadenan una respuesta inmunitaria fuerte y protectora contra un virus u otro patógeno. Las otras candidatas principales a vacunas contra la COVID-19 utilizan diferentes tecnologías, como el adenovirus modificado y el coronavirus inactivado.

La producción planificada de estas vacunas de ARNm altamente efectivas cubrirá a cerca de 1500 millones de personas en 2021. Los otros 6200 millones de personas en el mundo tendrán que depender de vacunas que utilicen otras tecnologías, que no han demostrado ser efectivas o carecen de estudios arbitrados sobre su seguridad y eficacia.

Es posible hacer que las vacunas de ARNm estén más ampliamente disponibles. Son más fáciles y rápidas de fabricar que la mayoría de las demás tecnologías de vacunación. La insuficiencia del suministro se debe a la escasez de capacidad para fabricar y ensamblar componentes específicos de la vacuna. En lugar de depender de las cadenas de suministro de Pfizer y Moderna, que están al límite, Estados Unidos podría crear más capacidad de fabricación a través de asociaciones público-privadas.

La vacuna Moderna es un candidato particularmente atractivo para el escalamiento rápido, ya que puede mantenerse a temperaturas normales de congelador y refrigerador, lo que facilita su almacenamiento y transporte. Si bien estos requisitos de almacenamiento pueden limitar su uso en algunos entornos, el aumento de los suministros de la vacuna Moderna podría contribuir en gran medida a satisfacer las necesidades urgentes. Y como fue desarrollada en asociación con los Institutos Nacionales de Salud, el gobierno podría aprovechar su relación existente con Moderna. De manera fundamental, añadir la capacidad de la fábrica propiedad del gobierno para producir vacunas de ARNm ayudaría a Estados Unidos a combatir otras pandemias después de que la crisis de COVID-19 haya terminado.

El primer objetivo del PEPVAR debería ser apoyar la producción de suficientes dosis para vacunar a todo el mundo en un año. Se eestima que la creación de esa cantidad de dosis para una vacuna de ARNm como la de Moderna costaría menos de 4000 millones de dólares —eso es significativamente menos de lo que el gobierno estadounidense ya gasta cada día en el alivio para la COVID-19— con un costo de casi 2 dólares por dosis. Por supuesto, hacer las vacunas es solo el primer paso: PEPVAR también debe proporcionar a los países, incluido el nuestro, los recursos necesarios para distribuir y entregar las vacunas con gran urgencia.

Después de todo, los virus no conocen fronteras. Proteger a los estadounidenses de la COVID-19 requiere proteger a todas las personas de la enfermedad. No superaremos la pandemia hasta que todos, en todo el mundo, puedan recibir vacunas altamente efectivas. Además, Estados Unidos puede ayudar al mundo con mayor rapidez esta vez. El PEPFAR fue lanzado siete años después de que los tratamientos efectivos contra el VIH estuvieran disponibles en los países ricos.

Como dijo Bush sobre el PEPFAR en 2003: "Rara vez la historia ha ofrecido una mayor oportunidad de hacer tanto por tantas personas". Esa oportunidad está frente a nosotros de nuevo.

This article originally appeared in The New York Times.

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