Opinión: Las criptomonedas siguen sin cumplir sus promesas

·7  min de lectura

Para entender la última encarnación de las colosales estafas en criptomonedas que siguen plagando internet, supongo que deberíamos empezar por todos esos simios aburridos, porque ¿cómo no hacerlo?

No me refiero a los simios reales: poco de lo que hay en esta columna tiene que ver con cosas que podrían llamarse “reales” en algún sentido tangible. Más bien, me refiero a la colección de arte digital conocida como Bored Apes Yacht Club. Creada hace un año por un cuarteto de misteriosos entusiastas de las criptomonedas con seudónimos, Bored Apes es una colección de miles de hipercoloridos dibujos “generados mediante programación” de primates desaliñados pero con onda, de esos que no le llevarías a tu mamá a su casa.

Por la simple razón de que en internet pasan cosas raras, los simios aburridos se han convertido en un producto de moda en el mercado de los tokens no fungibles, o NFTs. Hasta el jueves por la mañana, el NFT de Bored Ape más barato disponible —una especie de certificado digital que otorga a su poseedor la propiedad nebulosa de la ilustración del mono— se vendía por el equivalente a unos 340.000 dólares; el año pasado, un NFT de un mono aburrido muy raro, uno de los pocos con pelaje dorado, se subastó en Sotheby’s por 3,4 millones de dólares.

¿Vamos bien hasta ahora? La gente en internet está enloqueciendo por lo que en esencia son primates de Pokémon. Quizá se pregunten qué hacen los simios y por qué la gente paga tanto por derechos jurídicamente inciertos sobre ellos y cómo fue que ustedes se volvieron tan viejos y anticuados. Todas son buenas preguntas, pero ya estamos más allá de ellas.

En el último año, Yuga Labs, la empresa emergente con buen financiamiento que fabrica los Bored Apes, se ha embarcado en un desfile de nuevos y aún más vanguardistas derivados digitales de sus simios. Sus más recientes emprendimientos hacen gala de la vibra desconcertante, despilfarradora y como de casino descompuesto de la tendencia non plus ultra del internet. Las criptomonedas, las cadenas de bloques, los NFT y la constelación de tecnologías alabadas que se conocen como “web3” se han aclamado como una forma de liberar internet de los gigantes tecnológicos que controlan la red en este momento. En cambio, lo que está ocurriendo con Bored Apes sugiere que están haciendo lo contrario: contaminar el mundo digital con una espesa niebla de errores, estafas y especulación financiera costosa y en gran medida no regulada que acaba con la poca confianza que aún quedaba en el internet.

La más reciente venta de simios tuvo lugar el fin de semana pasado y fue un desastre de principio a fin. La enorme demanda sobrecargó Ethereum, la cadena de bloques de código abierto que alberga la criptomoneda ether y que se desarrolló para ser un criptosistema más capaz que Bitcoin. Los fallos de esta tecnología llevaron a miles de personas a pagar unos 180 millones de dólares en total por las comisiones de las transacciones. Al parecer, algunos pagaron más en comisiones que lo que pagaron por el NFT. Fueron los más afortunados; hubo quienes pagaron elevadas comisiones de transacción solo para que sus compras de simios fracasaran por razones desconocidas (Yuga afirma que reembolsó el dinero gastado en transacciones fallidas). Otros fueron víctimas de hackeo y phishing. Mientras tanto, Yuga, que cuenta con financiamiento de algunas de las mayores empresas de capital riesgo de Silicon Valley, generó al menos 320 millones de dólares en ventas. ¿Ventas de qué? Ah, pues parcelas de “tierra” en Otherside, un mundo virtual que podría lanzarse pronto.

Por supuesto, los compradores participaron en la venta por voluntad propia. Puede que te resulte difícil sentir compasión por quienes pagaron enormes sumas para especular con bienes digitales en un rincón no construido del metaverso. Participa en juegos tontos y ganarás premios tontos.

Pero Molly White, una desarrolladora de software que dirige Web 3 Is Going Just Great, un sitio web y un canal de Twitter que documenta los desastres espectaculares que al parecer ocurren todos los días en el criptomundo, me dijo que se está engañando a muchas personas para que se conviertan en conejillos de Indias de un conjunto de nuevas tecnologías que son mucho menos sólidas de lo que reconocen sus promotores.

“Por un lado, estamos viendo un problema tras otro a una escala que no se había visto en la mayoría de las tecnologías”, me confesó. Por el otro, empresas con buen financiamiento sacan al aire comerciales durante el Súpertazón para promocionar las criptomonedas entre el público y las grandes empresas financieras se están preparando para permitir que la gente invierta en monedas digitales como parte de sus fondos para el retiro. Y casi nada de esto está regulado.

“Solo habrá mucho más daño a medida que esto continúe”, comentó White.

Los objetivos nominales de la web3 son bastante nobles. El auge original del internet a finales de la década de 1990, al que podríamos denominar web 1.0, fue una época de grandes plusvalías bursátiles que crearon unas cuantas empresas duraderas y muchas puntocom muertas. La era de la web 2.0, de mediados a finales de la década de 2000, posterior al estallido de la burbuja puntocom, estuvo marcada por una explosión de nuevas tecnologías y nuevas empresas: dispositivos móviles, redes sociales, servicios de emisión en continuo y una web mucho más dinámica e interactiva. Sin embargo, en la última década, cuatro empresas —Google, Facebook, Amazon y Apple— surgieron como los principales guardianes de internet y, en un sentido más amplio, de la industria tecnológica.

Los defensores de las criptomonedas y de las innovaciones asociadas a la web3 afirman que estas tecnologías pueden revertir la tendencia monopolística de internet. Aseguran que si construimos la próxima generación de aplicaciones de internet en cadenas de bloques —en esencia, libros de contabilidad públicos que pueden registrar transacciones monetarias y almacenar datos de manera descentralizada, lo cual significa no estar bajo el control de ningún gigante tecnológico—, podremos desestabilizar a los gigantes del internet de hoy. Los promotores de la web3 también señalan una variedad de virtudes que hasta ahora no se han materializado. Dicen que las criptomonedas nos liberarán de los grandes poderes financieros como Wall Street y la Reserva Federal, que permitirán a la gente enviar y recibir dinero de forma barata o que incorporarán a los millones de personas “no bancarizadas” del mundo al sistema financiero moderno.

Sinceramente, hace tiempo que intento mantener la mente abierta a estas afirmaciones, porque me siento bastante consternado por la forma en que un puñado de empresas se ha apoderado de un internet que antes consideraba una fuente de innovación. Si realmente existe una nueva web que va a resolver todos los problemas de la vieja web, cuenten conmigo.

Sin embargo, la regularidad con la que revientan las burbujas debería echar por tierra esas expectativas. Al mismo tiempo que la cadena de bloques de Ethereum era aplastada por la venta de Bored Apes del pasado fin de semana, otra afamada red de criptomonedas, Solana, fue desconectada por bots, en una de las varias interrupciones totales o parciales que ha experimentado este año. Otras dos empresas de criptomonedas, Rari Capital y Saddle, sufrieron ataques que provocaron una pérdida combinada de 90 millones de dólares en ether. A principios de la semana pasada, Deus Finance perdió 13,4 millones de dólares en su segundo ataque en dos meses. Y así podría seguir y seguir...

Tampoco vemos mucho de la descentralización prometida. Muchas compañías de la web3 están financiadas por las mismas personas que construyeron la web que ahora estamos tratando de reformar.

El principal problema no es que estas tecnologías se conviertan en la base del futuro de la web. Está claro que no están preparadas para ello: como dijo White: “Si la web3 no puede manejar 55.000 NFT de Bored Apes, ¿cómo podrá manejar la tecnología a escala web?”.

Pero ¿cuánta gente más tiene que perder hasta la camisa para que nos demos cuenta de que la web3 no es la solución a ninguno de nuestros problemas?

© 2022 The New York Times Company

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios se conecten en relación con sus intereses. Para mejorar la experiencia de nuestra comunidad, suspenderemos temporalmente los comentarios en los artículos.