Opinión: 'La casa del dragón' es menos sexista y racista, pero ¿es buena?

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En el nuevo éxito de la cadena HBO “La casa del dragón”, los dragones son más grandes, más escabrosos y tienen más fuego que en “Juego de Tronos”, la épica fantasía de la cadena que cambió la cultura. Sin embargo, la misoginia habitual y los tropos raciales perturbadores de la primera serie se han atenuado.

Esto es en respuesta a la crítica generalizada de cómo la serie que inspira esta segunda historia normalizó la violencia sexual y valorizó la piel blanca, según dijeron los creadores de “La casa del dragón”, Ryan Condal y Miguel Sapochnik. Los episodios de la nueva serie que han salido al aire hasta ahora se han centrado en la valiente reina en espera Rhaenyra Targaryen, interpretada por Milly Alcock en su adolescencia (y, tras un próximo salto temporal, por la intérprete no binaria Emma D’Arcy) y su rebelión contra el patriarcado. Otro personaje importante, Lord Corlys Velaryon, es interpretado por el actor británico de origen barbadense Steve Toussaint (una elección de reparto que ha provocado algunas reacciones racistas). La actriz británica de origen japonés Sonoya Mizuno tiene un papel destacado. Hasta las escenas de multitudes y los personajes secundarios muestran más diversidad que el Poniente de “Juego de Tronos”.

Y aunque “La casa del dragón” todavía presenta numerosas muestras de barbarie contra las mujeres —una grotesca escena obstétrica en el primer episodio ejemplifica a la perfección el valor que se le da a la vida de las mujeres en Poniente—, el estilo es notablemente menos voyerista que la estrategia que motivó a Libby Hill de Indiewire a decir que “las ocho temporadas de ‘Juego de Tronos’” eran “tortura pornográfica fortuita”. En la nueva precuela, las escenas de las mujeres nobles —incluida la de una preadolescente en un caso— que se ofrecen como posibles esposas reales está enmarcada para ser perturbadora, no seductora. Todavía hay bastante sexo, violencia y estética gore (y si el programa sigue el material en el que se inspira, sí, habrá incesto), pero sin los ángulos subyacentes de la cámara y los enmarques lascivos que fueron el sello de “Juego de Tronos”.

Algunos críticos han sugerido que la nueva serie es un poco sosa —“cargada de respetabilidad” y “extrañamente tímida”. Otros han llegado a decir que es “aleccionamiento feminista” y un ejemplo del pánico de Hollywood sobre la sensibilidad (aunque, milagrosamente, nadie ha dado todavía con la frase “despertar la conciencia social del dragón”).

Vale la pena preguntar: ¿atenuar algunos de los aspectos más salaces le ha restado emoción a la serie? Al fin y al cabo, los debates sobre “Juego de Tronos” que se produjeron los lunes en las redes sociales fueron tan intensos como la intrincada trama de la serie: ¿Qué personajes femeninos habían sido sometidos a humillaciones sexuales, explotados mediante desnudos casuales o simplemente asesinados como parte del sangriento tapiz de violencia contra las mujeres de la serie? ¿Acaso apareció en pantalla alguien con un tono de piel más oscuro que el pan blanco, y si es así, qué tipo de bruto salvaje, extranjero manipulador o cortesana exótica era?

¿Un Poniente un tanto más sensible nos dará suficiente de qué hablar? Hasta ahora, es difícil decirlo. Sin duda, la nueva serie no comenzará con algo que deje tan sin aliento como dos gemelos que tienen sexo en una torre y luego arrojan a un niño por una ventana, como sucedió en “Juego de Tronos”. Y las quejas sobre la cantidad de tiempo que los personajes de “La casa del dragón” pasan “en tensas discusiones en torno a una gran mesa” resultan válidas, pero sugerir que un Poniente menos lascivo es necesariamente menos convincente desmerece a la serie original al asumir que el embrutecimiento sexual y la blancura normativa eran su principal atractivo.

También resulta una evaluación bastante condescendiente de los aficionados a la serie, muchos de los cuales no estaban allí por los desnudos frontales y la excitación. Yo diría que el éxito de “Juego de Tronos” tuvo más que ver con la compleja dinámica de su intriga política y familiar, sus actuaciones de primer nivel y su construcción del mundo tan detallada, todo lo cual “La casa del dragón” ya ha ofrecido en abundancia.

George R.R. Martin, el autor de los libros originales, que participó en la creación de ambas series de HBO, argumentó que el tratamiento de la raza y el género en “Tronos” se basa en la realidad histórica. En 2015 declaró a Entertainment Weekly: “Los libros reflejan una sociedad patriarcal basada en la Edad Media. La Edad Media no era una época de igualdad sexual”. En 2014, el autor respondió en su blog personal a un fan que preguntaba por qué no parecía haber ningún asiático en la serie: “Tampoco había muchos asiáticos en la Inglaterra yorkina”.

Por supuesto que tampoco había zombis de hielo ni gigantes ni (cof, cof) dragonesen la Inglaterra yorkina. Dado que la tierra de Poniente es una fantasía totalmente surgida de la imaginación, podría haber sido cualquier cosa que sus creadores quisieran y, en “Juego de Tronos”, su autor y sus productores caucásicos y hombres la imaginaron como un lugar donde la gente de color es mayoritariamente servil, silente o ausente.

Pero, como señalan Sapochnik y Condal, “La casa del dragón” llega en un momento muy distinto. Condal lo dijo sin rodeos en una entrevista con Entertainment Weekly: “Para Miguel y para mí era muy importante crear una serie que no fuera otro grupo de gente blanca en la pantalla”. El señor Sapochnik citó los movimientos #MeToo y Black Lives Matter en una entrevista con Jeremy Egner de The Times: “Estamos en un mundo radicalmente distinto al de hace diez años”, dijo. “Tenemos que reflejar los cambios en el mundo actual, no porque alguien nos haya dicho que lo hagamos, sino porque realmente sentimos que tiene sentido”.

Las convenciones de la selección del elenco también han sufrido una sacudida en la última década. Desde “Juego de Tronos”, los dramas de alto perfil de época como “Bridgerton” y “The Great” incluyeron entre la realeza europea a actores que no eran blancos… y se han vuelto muy populares. Lo mismo puede decirse de varios programas emocionantes que pertenecen al género de fantasía. “La rueda del tiempo”, la adaptación de Amazon Prime de las novelas que han sido un éxito editorial de Robert Jordan, incluyó en su elenco a muchos actores negros, asiáticos, indígenas y latinos como sus actores principales y ya está en marcha su tercera temporada.

La apuesta aún mayor de Amazon Prime, “Los anillos de poder”, una precuela multimillonaria del “Señor de los anillos” de J.R.R. Tolkien tiene a actores negros como hobbits y enanos y puertorriqueños como elfos, lo cual desafía la convención de que estos seres no humanos siempre eran blancos. Y es probable que “The Sandman” —que reimagina a personajes blancos como negros y a personajes masculinos como femeninos e incluye a un actor no binario cuya identidad de género es intrínsecamente necesaria para su papel en la trama— sea el programa más visto en las plataformas en este momento.

Todo lo anterior evidencia que aceptar todo tipo de opciones de talento en lugar de apegarse con rigidez a una inspiración histórica no afecta la narración ni el interés de la audiencia. De hecho, es muy probable que un elenco más diverso haya atraído a nuevas audiencias a estos polos de fantasía, haciéndolos más relevantes y accesibles para los espectadores que rara vez se han visto en el centro de historias de tal grandeza y escala épica.

Eso tiene sentido a nivel comercial: el gigante de la consultoría McKinsey and Company calcula que un Hollywood más incluyente podría generar 10.000 millones de dólares de ingresos anuales adicionales. Un informe de 2020 comisionado por el principal agente de talentos, Creative Artists Agency, demostró que las series que se estrenaron con al menos un 40 por ciento de actores no blancos entre sus protagonistas tuvieron una demanda mucho mayor que las que tenían repartos menos diversos.

Y en lo que respecta a “La casa del dragon”, después de sentar un récord de audiencia en HBO para el estreno de una serie con 10 millones de espectadores en directo y luego superar ese número con su segundo episodio, ha sido renovada para una segunda temporada. Si su historia sigue evolucionando en esta dirección, podría hacerse realidad una fantasía que muchos de nosotros hemos tenido: que los aficionados femeninos y no blancos puedan deleitarse con dragones voladores e intrigas palaciegas sin sentirse agredidos en el proceso

Este artículo apareció originalmente en The New York Times.

© 2022 The New York Times Company