Neurociencia: en el amor y hasta en la amistad, ¿existen las almas gemelas?

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Algunos creen que su alma gemela es una sola, pero eso impide pensar que después de una ruptura se pueda encontrar a otra persona que nos haga felices
Algunos creen que su alma gemela es una sola, pero eso impide pensar que después de una ruptura se pueda encontrar a otra persona que nos haga felices - Créditos: @Getty

WASHINGTON.- Biológicamente hablando, para los humanos las almas gemelas realmente existen. Pero el vínculo entre ellas entraña las mismas complicaciones que cualquier otra relación. Por supuesto que no existe una definición científica consensuada, pero los humanos pertenecemos al exclusivo club del reino animal que puede formas relaciones a largo plazo. Y no estoy hablando de la monogamia sexual. A lo largo de su evolución, desarrollamos circuitos neuronales que nos hacen ver a cierta persona como alguien especial: podemos identificarla fácilmente en medio de la multitud, le damos prioridad sobre todos los demás, y después pasamos décadas junto a ella.

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En otras palabras, las almas gemelas existen porque así viene cableado nuestro cerebro. Pero lo más fascinante es que todos somos únicos e irrepetibles: nuestro ADN es único, nuestra cara es única, nuestro cerebro es único. Sin embargo, el circuito neuronal de cada uno nos hace ver a determinada persona más especial que al resto, y lo que ocurre es que esa persona se vuelve más valiosa para nosotros que nadie más.

Para nosotros es lo más natural del mundo, pero en el reino animal es sumamente raro. Ese neurocircuito se llama “vínculo de pareja” (pair bonding), y hay un pequeño ratón campestre que lo comparte con nosotros. Los topillos de la pradera son unos ratones pardos sin nada de especial, excepto para otro topillo de la pradera.

Cuando un o de ellos se encuentra con otro, arman pareja y listo. Duermen acurrucados y se siguen a todas partes. Lo interesante es que hay muchos topillos muy similares, como los montañeses o de los médanos, que son promiscuos y no eligen nada. Pero las diferencias entre los cerebros de esos dos roedores se convirtió en el método clásico para estudiar la biología de la monogamia y el vínculo de pareja.

Resulta que los topillos de la pradera tienen más receptores de oxitocina y vasopresina en el cuerpo estriado, el área del cerebro que está asociada con la gratificación y la recompensa. Estas hormonas están vinculadas a sentimientos de confianza, amor y unión. Y esa diferencia en los receptores del cerebro les permite desarrollar intimidad con sus parejas.

Pero incluso dentro de su especie, los topillos de la pradera pueden formar diferentes niveles de apego. Algunos tienen más receptores de oxitocina que otros, y son más atentos con su pareja: la acicalan y lamen más en comparación con otros congéneres. Y también hay topillos solteros que tienen “aventuras”.

En los humanos se observa la misma variabilidad. La fuerza de los vínculos que generamos varía mucho. Algunos tenemos más tendencia a cuidar, y otros menos.

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Chispas y olores

La pregunta del millón es: ¿cómo surge la chispa y por qué unas personas nos atraen y otras no? Las leyes de la atracción no han sido del todo desentrañadas. Hay muchas teorías psicológicas, pero no respaldadas por la ciencia. Algunos dicen que buscamos a nuestros padres. Pero los estudios científicos apuntan en otra dirección.

Las investigaciones muestran que lo que une a los roedores que son monógamos es el olor. Para los humanos, probablemente se trate de la vista y el olfato.

Los humanos tenemos un sistema visual muy desarrollado, y las investigaciones han demostrado que la apariencia influye mucho en nuestras elecciones de pareja. Y el olor corporal del otro también nos resulta reconfortante, y hasta puede ayudar a mantener la relación.

Miramos a alguien, lo olemos, y simplemente con eso parece alcanzarnos.

Desde el punto de vista biológico, los grandes amigos también son un tipo de alma gemela. La afinidad entre personas que luego se vuelve amigas íntimas suele ser inmediata. Y está estudiado que los amigos íntimos tienen patrones cerebrales similares. Un estudio realizado este año descubrió que los amigos cercanos —los investigadores se centraron en amigos que “hicieron clic” de inmediato— huelen más parecido que las personas que no tienen una relación estrecha.

Para ese estudio, los científicos eligieron 20 grupos de amigos y recolectaron muestras de olor corporal pidiéndoles que usaran la misma camiseta durante unos días. Los científicos utilizaron una nariz electrónica para determinar la huella química del olor corporal de cada persona. Compararon amigos cercanos y pares de extraños al azar, y descubrieron que las firmas químicas de los “amigos que hicieron clic de inmediato” eran significativamente más parecidas que la de dos personas al azar.

Sí, podemos tener más de un alma gemela

El problema con las almas gemelas es que quedan grabadas en nuestro cerebro. El sistema biológico es muy poderoso y hay que respetarlo: lleva tiempo superar a alguien y sanar, ya sea una ruptura o una pérdida.

Pero ahí es donde la cosa se complica. Esta capacidad que tenemos de hacer especial a alguien, nuestro cerebro puede aplicarla una y otra vez. Por eso podemos tener más de un alma gemela en nuestras vidas.

Algunos creen que su alma gemela es una sola, pero eso impide pensar que después de una ruptura se pueda encontrar a otra persona que nos haga felices.

Esa capacidad de encontrar un alma gemela, incluso, después de la pérdida de un gran amor es una de las grandes razones para abrazar la neurociencia: porque da esperanza. Como terapeuta y neurocientífico, ayudo a las personas a lidiar con ese rasgo biológico fuerte e indeleble, porque si aprendemos a manejarlo y maniobrar en la dirección correcta, gran parte del trabajo de encontrar nuestra alma gemela ya está hecho: la biología se ocupará de lo demás.

Por Amir Levine

(Traducción de Jaime Arrambide)