Murió Hans Küng, el teólogo suizo “rebelde” sancionado por criticar la infalibilidad papal

Elisabetta Piqué
·4  min de lectura
El teólogo suizo Hans Küng
Michael Probst

ROMA.- A los 93 años, murió hoy Hans Küng, el famoso teólogo suizo “rebelde”, que en su juventud fue amigo de Joseph Ratzinger, con quien participó en el Concilio Vaticano II y que fue sancionado por la Congregación para la Doctrina de la Fe –el organismo del Vaticano que custodia la ortodoxia católica- en tiempos de san Juan Pablo II (1978-2005) por sus cuestionamientos al dogma de la infalibilidad papal.

La noticia de la muerte de Küng, que ya estaba muy enfermo de Parkinson, fue dada por la Fundación Fundación Etica Mundial (Weltethos) que creó en marzo de 2001 en Baden Baden, Alemania.

Abanderado del ala progresista disidente de la Iglesia católica, Küng solía escribirse con el papa Francisco, a quien hace un mes y medio le había contado en una epístola que se encontraba muy mal de salud, al borde de la muerte, según contaron a LA NACION fuentes del Vaticano.

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Nacido el 19 de marzo de 1928 en Sursee, pequeño pueblo del cantón suizo de Lucerna, se ordenó sacerdote en Roma en 1954, después de estudiar teología en la Pontificia Universidad Gregoriana. Después de un breve período de actividad pastoral en su diócesis de origen, se dedicó a la investigación teológica.

Küng fue colega de Joseph Ratiznger –hoy papa emérito, Benedicto XVI, que cumplirá en abril 94 años-, en la Universidad alemana de Tubinga, así como en el Concilio Vaticano Segundo (1962-65). Para este evento eclesial central, fue el teólogo más joven nombrado por Juan XXIII como “perito”, es decir, consultor de los trabajo, junto a Ratzinger, un año más grande. Con Ratzinger También fueron colegas en Tubinga hasta 1969, cuando estalló el período de contestación estudiantil y Ratzinger prefirió mudarse a la más tranquila Ratisbona.

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Lo cierto es que los dos eximios teólogos siempre mantuvieron posiciones irreconciliables en varias cuestiones doctrinales. En distintos libros, algunos “best-seller”, Küng criticó duramente el dogma de la infabilidad papal y otras doctrinas. “Infalible? Una pregunta”, libro en el que el teólogo examinaba críticamente el dogma de la infalibilidad papal decretado con el Concilio Vaticano I en 1870, en 1970 desencadenó una oleada de fuertes polémicas que desde la Universidad de Tubinga, donde Küng enseñaba, y desde el mundo académico alemán, enseguida llegaron a Roma.

Tanto es así que en 1975 la Congregación para la Doctrina de la Fe le llamó formalmente la atención y, cuatro años más tarde, le retiró el título de “teólogo católico”, necesario en Alemania para enseñar en las facultades de teología de la universidades públicas.

La sanción tuvo entonces una repercusión mundial y Küng ya no pudo dar clases en la facultad donde se había vuelto profesor en 1960, con tan sólo 32 años. No obstante, mantuvo la cátedra en el Instituto para la Teología Ecuménica que había fundado después del Concilio Vaticano II.

Enfoque ecuménico

La mirada de Küng, de todos modos, fue mucho más allá de los dogmas y del cristianismo: trasladó su enfoque ecuménico a las religiones del mundo, delineando la idea de una alianza ética e intelectual entre todas las religiones en defensa de la paz y de la dignidad humana.

Después de muchas polémica, el reacercamiento de Küng con la Iglesia católica se dio en septiembre de 2005, cuando se reunió con su viejo colega Ratzinger, que se había transformado en Benedicto XVI, en la residencia pontificia de Castelgandolfo. Se trató de un encuentro que hizo historia y que en su momento se interpretó como un gesto importante del recién electo Pontífice conservador, al ala progresista de la Iglesia.

Antes de la elección de Benedicto XVI –luego de la muerte de san Juan Pablo II-, Küng llegó a comparar a Ratzinger -durante casi un cuarto de siglo prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe, el ex Santo Oficio-, a un “jefe de la KGB”.

El 30 de marzo de 2005, cuando Juan Pablo II agonizaba, Küng publicó un artículo en el Corriere della Sera –publicado en LA NACION-, en el cual hizo “un sincero análisis” de la Iglesia católica. En once puntos, explicitó lo que para él fueron las más grandes contradicciones del pontificado de Karol Wojtyla: en síntesis, un excesivo cierre de la Iglesia ante la modernidad (especialmente, en cuestiones de ética sexual), y, en consecuencia, la traición de las nuevas perspectivas abiertas por el Concilio Vaticano II.

Cuando el 19 de abril del mismo año, tras un cónclave relámpago resultó electo Ratzinger, Küng manifestó una “profunda decepción”. Aunque reconoció que podía haber esperanza en el caso de que “el Gran Inquisidor” (como también lo definía) hubiera decidido “seguir una línea de acción moderada”. Después de su clamoroso encuentro con Benedicto en Castelgandolfo, Küng no ocultó su felicidad: “es una señal de esperanza”, afirmó, en declaraciones al Süddeutshe Zeitung.

Aunque nunca llegó a reunirse con Francisco, entre ellos hubo una relación epistolar, sobre cuestiones teológicas, que Küng desde el principio apreció y destacó: las cartas del papa del fin del mundo empezaban siempre con un “querido hermano”.