Murió Gino Strada, el médico y filántropo italiano que ayudó a miles de víctimas de guerra

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Médico y humanista, Strada fue considerado para el Nobel de la Paz
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ROMA.- “Yo no soy un pacifista, yo estoy en contra de la guerra. Si uno de nosotros, uno cualquiera de nosotros, seres humanos, en este momento está sufriendo como un perro, está enfermo o tiene hambre, es algo que nos interesa a todos. Nos tiene que interesar a todos, porque ignorar el sufrimiento de un hombre es siempre un acto de violencia y de los más cobardes”.

Es una de frases sin anestesia que solía disparar Gino Strada, reconocido médico cirujano y filántropo que murió inesperadamente este viernes a los 73 años, creando gran conmoción en Italia. Strada estaba enfermo del corazón y murió en Normandía, donde se encontraba con su segunda esposa, Simonetta Gola, según medios italianos.

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Saltó la fama por haber fundado en 1994 en Milán junto a su primera mujer, Teresa Sarti, Emergency, una asociación humanitaria que ayuda a las víctimas civiles de las guerras, con la que construyó hospitales y lugares de primeros auxilios en 18 países periféricos del mundo, curando a 11 millones de personas.

Autor de diversos libros que se convirtieron en best sellers -entre los cuales Buskashí, viaje adentro de la guerra, en el cual narraba su experiencia como único testigo occidental de la guerra en Afganistán luego del 11/9, y Papagayos verdes, que cuenta su extraordinaria vida como cirujano de guerra-, Strada era una de esas figuras que suelen dividir aguas.

Era muy amado, pero también odiado. Llegó a ser propuesto para el Premio Nobel de la Paz y era una voz muy presente en debates televisivos que solía molestar por ser muy frontal y decir verdades incómodas.

Quien escribe este artículo conoció uno de los hospitales que levantó Strada en Kabul. Y jamás olvidará cuando lo conoció de persona en Irak en abril de 2003, pocos días después de la caída de Bagdad. En ese momento de caos absoluto, cuando tuvo lugar un dramático accidente a raíz del cual necesitaba que alguien me acompañara hasta Ramadi -uno de los vértices del temible triángulo sunnita-, porque creía que allí estaba aún con vida una colega argentina, Verónica Cabrera, acudí a él, que paraba en la embajada italiana de Bagdad, en ese momento sin autoridades.

Strada en Kabul, donde vivió siete años
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Strada en Kabul, donde vivió siete años (Archivo/)

Después de haber recibido tajantes negativas de ayuda de parte de algunos interlocutores importantes, entre otros la Cruz Roja Internacional, que explicó que era demasiado peligroso ir a Ramadi, una zona de guerra, Gino Strada fue el único que enseguida decidió ayudar, sin siquiera pensarlo. Cuando, junto con el colega Gustavo Sierra, de Clarín, le explicamos la situación, enseguida tomó su maletín médico, medicinas, teléfono satelital, se subió a su camioneta blanca con el logo rojo de Emergency, y partimos rápidamente hacia Ramadi. No era cuestión de pensar en los riesgos, sino de salvar una vida humana.

Si bien finalmente el destino quiso que halláramos a Verónica Cabrera ya muerta en la morgue del hospital de Ramadi, el gesto de Strada -que enseguida advirtió que estábamos en territorio hostil y aconsejó regresar velozmente a una Bagdad humeante y en ruinas- refleja qué tipo de persona era.

La sorpresiva muerte de Strada, cuya labor era también conocida por muchísimos chicos de escuelas primarias y secundarias italianas que solía visitar para hablarles del horror de las guerras, causó mucho pesar. “Ha pasado su vida siempre de parte de los últimos, operando con profesionalidad, coraje y humanidad en las zonas más difíciles del mundo. La asociación Emergency, fundada junto a su mujer Teresa, representa su legado moral y profesional”, destacó el primer ministro italiano, Mario Draghi, que al enterarse “con tristeza” de la noticia de su muerte, envió las condolencias del gobierno a su hija Cecilia y demás colaboradores de la asociación humanitaria.

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Justo este viernes el diario La Stampa publicó un último artículo de Strada sobre la terrible situación de Afganistán, con los talibanes a punto de controlar todo el país. Con mucha amargura y conocimiento de causa -vivió siete años en Afganistán-, recordó que hace 20 años fue una de las voces que se salió del coro y advirtió que la invasión del país por parte de una coalición militar internacional, luego del ataque del 11 de septiembre a las Torres Gemelas, iba a ser “un desastre para todos”.

“Hoy el resultado de esa agresión está ante los ojos: un fracaso desde todo punto de vista”, denunció, indignado. Señaló que en estos 20 años hubo más de 241.000 muertos y cinco millones de refugiados, entre desplazados internos y solicitantes de asilo. Y consideró que si los cientos de miles de millones de dólares que financiaron esta fallida aventura militar, que enriquecieron a fabricantes de armas, se hubieran utilizado en serio para Afganistán, el país, que se encuentra destruido, “sería una gran Suiza”.