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Mujeres heroínas: arriesgan su vida por el prójimo entre las ruinas del sismo

Una niña reparte abrazos a la gente que apoya en los rescates tras el terremoto ocurrido en México. REUTERS/Jose Luis Gonzalez

Mujeres heroínas: arriesgan su vida por el prójimo entre las ruinas del sismo

Por Manu Ureste y Ernesto Aroche / Animal Político

Brigadistas y bomberas que arriesgan todo por meterse entre los escombros en busca de supervivientes, ingenieras que cambiaron los planos por los guantes y el casco, paramédicas, psicólogas, veterinarias, estudiantes, y también amas de casa que ayudan a detener el tráfico cuando los topos requieren silencio absoluto en la búsqueda de personas.

Todas son mujeres que viven en la Ciudad de México, o que llegaron desde otros puntos de la República para ayudar con su profesionalismo y entrega a la capital mexicana en una de sus peores crisis, desde que otro 19 de septiembre, pero de 1985, un terremoto asolara la ciudad.

“Estoy preparada para rescatar personas”

“Soy mujer y estoy aquí porque estoy preparada para entrar a los escombros y rescatar a todas las personas atrapadas que esté en mi mano”.

Grisel Valencia sonríe tímida y habla con una voz muy queda ante la cámara. Pero sus palabras son tan contundentes como la obstinación que siempre tuvo por ser bombera: desde los 13 años quiso seguir los pasos de sus dos hermanos y ahora lleva más de 15 en el cuerpo de Baja California Sur.

Ataviada con un abrigo grueso de color caqui y un casco amarillo que le esconde el cabello rubio, Grisel explica que ella y otro equipo de voluntarios llegaron a la Ciudad de México a las 13 horas del miércoles 20 de septiembre, un día después del potente sismo de 7.1 que cimbró la capital mexicana y los estados de Morelos y Puebla.

“Cuando vimos las noticias del sismo en la televisión, yo y mis compañeros supimos que se trataba de una situación muy grave, y que aquí iban a necesitar de muchas manos aquí para ayudar”.

Y no se equivocaron.

En cuanto bajaron del avión, la bombera cuenta que se trasladaron a la fábrica textil que se desplomó en la calle Chimalpopoca, en la colonia obrera, donde hasta el momento suman 21 muertos por el temblor.

Allí trabajaron turnos de 16 horas para remover toneladas de escombro en busca de supervivientes. Hasta que las autoridades dieron por concluidas las labores de búsqueda y entonces se trasladaron el pasado viernes hasta la unidad habitacional Tlalpan, al sur de la ciudad; otra de las zonas más golpeadas por el temblor.

“Como bombera sé que es una profesión en la que estamos en riesgo constante, porque trabajamos en zonas muy inestables”, señala ajustándose los lentes sobre la nariz. “Y claro, muchas veces siento miedo cuando entro a los escombros porque nunca sabes si la estructura va a terminar de colapsar y tú puedes quedarte atrapada también”.

Pero lo peor, añade Grisel, no es el miedo por el alto riesgo que conlleva su profesión. Sino el hecho de que muchas veces las historias de rescates no tienen el final feliz que se ve en las películas.

“Lo peor es la impotencia que te llevas contigo cuando no puedes encontrar ni rescatar a las víctimas atrapadas. Eso es lo peor”, subraya.

Aún así, la bombera no duda en presumir de su profesión y recomendársela a otras mujeres que quieran dedicar su vida a ayudar a otras personas, aunque con un matiz: “Creo que cualquier mujer puede ser una buena bombera. Aunque claro, para eso se requiere de una vocación muy fuerte, porque esto es por amor al prójimo. Si aceptas eso, esta es una profesión muy bonita; que te hace sentir cosas maravillosas cuando ayudas a otra persona.

“No soy menos valiente ni arriesgada que un hombre”

Andrea Estévez, de 39 años y madre de familia, lleva desde el jueves 22 de septiembre metiéndose a las profundidades de los escombros, en lo que hasta el pasado martes era el edifico C1 de la unidad multifamiliar Tlalpan.

Antes, explica la mujer mientras se termina de ajustar el caso con linterna de minero, también estuvo tratando de rescatar supervivientes en el colegio Rébsamen.

Allí cuenta que salvo pequeños intervalos para reponer energías, trabajó 30 horas metiéndose entre los escombros, aprovechando su flexibilidad y figura estilizada.

“Somos mujeres y no por eso somos menos valientes o arriesgadas que los hombres”, recalca con una sonrisa mientras ahora se ajusta las rodilleras y los arneses de su equipo de rescate. “Al contrario, aquí estamos porque tenemos todas las ganas de hacer lo que esté en nuestras manos para ayudar a la gente que está ahí adentro”.

A continuación, la exsobrecargo observa la fatídica montaña de hierros, pedazos de madera, cables, restos de electrodomésticos, y cascotes de hormigón que tiene ante sí, y respira hondo para tratar de explicar cuál es la misión que tiene por delante.

“Sobre todo, lo que buscamos es actuar rápido, porque la gente que está ahí adentro no tiene mucho tiempo. Yo, afortunadamente, no estoy en esa situación. Pero si lo estuviera, me gustaría que alguien también se metiera a tratar de buscarme”, dice y a continuación levanta el pulgar de la mano para reintegrarse a su equipo de topos.

Y la misma motivación expresa Daniela Basurto, estudiante de Ingeniería Mecánica en el Tecnológico de Monterrey, campus Puebla, quien equipada solo con unos desgastados guantes de albañilería y un cubrebocas ayuda en la remoción de escombros con sus propias manos.

“¿Qué por qué estoy aquí ayudando?”, repite la pregunta que le hace el reportero, “Porque me motiva ayudar a las personas que más lo necesitan. Hoy por ti y mañana por mí”.

“No puedo ser indiferente ante una desgracia tan horrible”

Mientras que Esteli Peñalosa, de 27 años de edad, no entra a las ruinas en busca de personas, pero tiene otra función clave: cuidar de la salud de Titán, un perro rescatista de la Marina del que no se separa en todo el día.

Su labor, detalla junto a otras dos compañeras veterinarias voluntarias, es la de asegurar que Titán estén bien hidratado antes de entrar en acción en la unidad Tlalpan, checarle la temperatura con regularidad y vigilar su estado de ánimo, para evitar que el perro no se estrese antes ni después de intervenir.

“Es muy importante que un perro rescatista no trabaje más de 20 minutos seguidos, porque se estresan muchísimo buscando entre los escombros. Por eso, el cuidador de Titán solo lo usa cuando hay un rastro puntual. El resto del tiempo, nosotras lo cuidamos”.

En cuanto a qué la motivó a presentarse como voluntaria, Esteli señala que a los minutos del sismo sintió la necesidad de reaccionar ante la tragedia.

“Estoy aquí porque es un compromiso. Porque como mujer, como joven y como mexicana, no puedo ser indiferente ante una desgracia tan horrible como la que hoy estamos viviendo”.

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