Mujeres afganas que trabajaron con EE. UU. se aferran a la esperanza de un rescate

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Estados Unidos, 20 países y la Unión Europea exigieron protección a los derechos de las mujeres afganas y prometieron enviar ayuda humanitaria y otros apoyos "para garantizar que se escuchen sus voces". (Jim Huylebroek para The New York Times)
Estados Unidos, 20 países y la Unión Europea exigieron protección a los derechos de las mujeres afganas y prometieron enviar ayuda humanitaria y otros apoyos "para garantizar que se escuchen sus voces". (Jim Huylebroek para The New York Times)

Las afganas que trabajaron para grupos internacionales o estadounidenses borran frenéticamente cualquier rastro de esos vínculos por temor a ser blanco de los talibanes.

WASHINGTON — A pesar de que se aferran a la esperanza de que el gobierno estadounidense las rescate, las mujeres afganas que trabajaron con Estados Unidos en los últimos años están destruyendo cualquier pista de dicha colaboración. Trituran documentos escritos en inglés, borran aplicaciones de redes sociales y luego entierran sus celulares.

Funcionarios estadounidenses actuales y retirados así como activistas han descrito las medidas desesperadas de las mujeres afganas luego de que los talibanes tomaron el poder esta semana como un sombrío recordatorio de la mayor amenaza que enfrentan debido a su género.

Cualquier intento de contactar agencias de refugiados estadounidenses o internacionales es un riesgo que la mayoría de las mujeres afganas no están dispuestas a tomar. Incluso acudir al aeropuerto de Kabul para intentar conseguir un asiento en un vuelo estadounidense o internacional repleto de afganos angustiados se ha convertido en una decisión de vida o muerte.

“El lugar más peligroso de Afganistán ahora mismo es el aeropuerto de Kabul”, dijo el martes Rina Amiri, exfuncionaria del Departamento de Estado y las Naciones Unidas. Relató los casos de mujeres y sus familias que quedaron atrapadas entre lluvias de disparos o fueron golpeadas por partidarios de los talibanes en su intento fallido de encontrar un avión en el cual marcharse.

“Simplemente es condenable que Estados Unidos y la comunidad internacional hayan puesto a estas mujeres en una posición de tener que arriesgar no solo sus vidas sino también las de sus hijos y familiares con el fin de irse y salvarse a sí mismas y a sus familias”, dijo Amiri.

La mayor parte de los intérpretes y funcionarios culturales que trabajaron para Estados Unidos en los 20 años de la guerra son hombres y, a su vez, han recibido acceso especial para migrar. Esa es una de las razones por las que ha habido relativamente pocas mujeres entre las miles de personas que fueron evacuadas de Afganistán en el último mes, entre ellas las más de 4800 que habían salido del país desde la toma de Kabul hasta el miércoles por la mañana. Decenas de miles de solicitantes de visa siguen atrapados en el país.

Un combatiente talibán amenaza a una mujer que esperaba ingresar al aeropuerto de Kabul junto con su familia. (Jim Huylebroek para The New York Times)
Un combatiente talibán amenaza a una mujer que esperaba ingresar al aeropuerto de Kabul junto con su familia. (Jim Huylebroek para The New York Times)

En las últimas semanas el gobierno de Joe Biden amplió los programas de inmigración y reasentamiento de refugiados para permitir que más afganos —entre ellos mujeres— ingresen a Estados Unidos. Wendy R. Sherman, subsecretaria de Estado, dijo el miércoles que el gobierno estadounidense utilizaría todas las herramientas económicas, políticas y diplomáticas a su disposición para garantizar los derechos de las mujeres que permanecerán en Afganistán bajo el régimen de los talibanes.

“Esto es personal para mí”, dijo Sherman al recordar un encuentro con mujeres afganas en un campo de refugiados en 1997. “Ese recuerdo nunca se borrará de mi mente. Las sociedades no podían florecer y prosperar sin la plena participación de las mujeres y las niñas en ese momento, y no pueden florecer y prosperar sin las mujeres y las niñas ahora”.

El miércoles, Estados Unidos se unió a 20 países y a la Unión Europea para exigir que se protejan los derechos de las mujeres afganas y comprometerse a enviar ayuda humanitaria y otro tipo de apoyo “para garantizar que se escuche su voz”.

“Estamos profundamente preocupados por las niñas y mujeres afganas, por su derecho a la educación, al trabajo y a la libertad de movimiento”, dijeron los países en un comunicado conjunto difundido por el Departamento de Estado.

Pero los líderes en el Congreso comentaron que eso no era suficiente para siquiera poner a salvo a una cantidad limitada de mujeres —políticas, activistas de derechos humanos, periodistas, soldadas y defensoras de la democracia— que podrían estar entre los principales objetivos de la lista de los talibanes.

Esta semana, la mayoría de los demócratas y dos republicanos en el Senado instaron al secretario de Estado, Antony J. Blinken, y al secretario de Seguridad Nacional, Alejandro N. Mayorkas, que trasladaran con urgencia a las mujeres afganas de alto riesgo empleando un estatus temporal de Estados Unidos y que se ocuparan del papeleo una vez que ya se encontraran fuera de peligro.

“Nosotros y nuestro personal recibimos informes regulares sobre el acoso, amenaza, secuestro, tortura y asesinato de mujeres debido a su trabajo”, escribieron los senadores en una carta el lunes.

Añadieron: “También debemos proteger a aquellas mujeres que podrían pasar desapercibidas por la respuesta del gobierno de Estados Unidos”.

En su mensaje del lunes, Biden dijo que Estados Unidos “continuará manifestándose a favor de los derechos básicos del pueblo afgano —de las mujeres y las niñas— como hacemos en todo el mundo”.

Los líderes talibanes han mostrado a su grupo como más avanzado socialmente que ehace 20 años, cuando los extremistas golpeaban a las mujeres, les exigían llevar burkas de piez a cabeza, limitaban sus salidas en público, les prohibía trabajar y, en el caso de las niñas, asistir a la escuela.

“Garantizamos que no habrá violencia en contra de las mujeres”, dijo el martes a la prensa el principal vocero talibán, Zabihullah Mujahid. Prometió que “no se permitirá el prejuicio contra las mujeres” y dijo que participarían en la sociedad “dentro de los límites de la ley islámica”.

El gobierno de Biden ha advertido a los talibanes que Afganistán no recibirá apoyo económico si el grupo vuelve a sus raíces extremistas, entre ellas la opresión a las mujeres. El lunes, el Consejo de Seguridad de la ONU dejó en claro que para que los talibanes sean considerados un gobierno legítimo —y reciban asistencia— no solo deberá negarse a apoyar a las organizaciones terroristas y permitir el acceso de la ayuda humanitaria a Afganistán, sino también proteger los derechos humanos, en especial para mujeres y niñas.

“Estados Unidos debe ser cuidadoso en los términos de reconocimiento que otorgue a los talibanes”, dijo Lisa Curtis, quien supervisó la política para Afganistán y el centro y sur de Asia en el Consejo de Seguridad Nacional durante el gobierno de Trump. “Necesitamos ver ejemplos concretos de que van a brindar derechos humanos, de que van a mantener los derechos de las mujeres”.

El Departamento del Tesoro ya congeló los activos del banco central afgano que se encontraban en Estados Unidos, y se detuvo otro tipo de ayuda estadounidense directa al gobierno de Kabul para evitar que los talibanes malversen los fondos, dijeron dos funcionarios.

Hace solo dos meses, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional anunció que enviaría 266 millones de dólares en ayuda para apoyar a los afganos que luchan con la escasez de alimentos y ropa causada por el conflicto. Eso aumentó el financiamiento total de la agencia de ayuda a Afganistán a casi 3900 millones de dólares desde 2002; la mayor parte de dicha cantidad ha sido canalizada a través de agencias de ayuda.

Gran parte de ese dinero ha financiado la educación de las mujeres afganas, la capacitación para el trabajo y para asegurar el acceso a salud el cuidado materno infantil y otros servicios sanitarios. Un programa financiado por Estados Unidos conocido como Promote, capacitó a casi 24.000 mujeres que antes se quedaban en casa para unirse a la fuerza de trabajo del país y mejoró las habilidades de negociación de casi 5000 participantes para que impulsaran la equidad de género, incluso en el proceso de paz con los talibanes que ahora ha desaparecido.

Un programa de ayuda estadounidense de capacitación a parteras tuvo tanto éxito que se convirtió en un proyecto emblemático del Banco Mundial y obtuvo fondos de la Unión Europea.

Pero aunque algunas escuelas en todo Afganistán siguen abiertas, hay otras que están cerrando. En algunas zonas del país los talibanes han garantizado a las médicas y trabajadoras de la salud que sus clínicas permanecerán en funcionamiento. En otras regiones, las mujeres no están seguras siquiera si deben salir de casa sin sus maridos.

“Quiero salir, quiero manejar, me gusta manejar”, dijo Fahima Saman en una entrevista desde Kabul el martes. Pidió que no se usara su nombre completo por temor a las represalias de los talibanes. “Pero debido a esta situación no puedo, tengo miedo”.

Profesora de secundaria y madre de dos niños, Fahima, de 29 años, dijo que ella y su marido no habían solicitado migrar a Estados Unidos, ya que ambos tenían trabajo y creían que el futuro de Afganistán sería más estable que su pasado. Hace poco, al aumentar la amenaza de los talibanes, Fahima dijo que no se había acercado a la Embajada de Estados Unidos o a los diplomáticos para pedir ayuda porque tenía miedo que otros compatriotas pensara que estaba haciendo algo impropio o inmoral.

Fahima dijo que no creía que los talibanes respetarían sus derechos. “La situación es muy mala, es muy peligrosa”, comentó.

Amiri, originaria de Kabul y naturalizada estadounidense, exigió que el gobierno de Biden respalde su promesa de apoyar los derechos de las mujeres afganas y que evacúe al menos a las que se encuentran en mayor riesgo.

“No debería ser solo retórica”, dijo. “Todo es posible. Pero debe haber voluntad política y ganas de hacerlo”.

Lara Jakes es corresponsal diplomática en la oficina de Washington de The New York Times. Durante las últimas dos décadas, Jakes ha informado y editado desde más de 40 países y ha cubierto guerras y luchas sectarias en Irak, Afganistán, Israel, Cisjordania e Irlanda del Norte. @jakesNYT

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