El movimiento HAES y por qué podemos tener buena salud con diferentes tallas

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HAES se aleja de la idea de que todos podemos ser saludables solo si pertenecemos a un patrón físico
HAES se aleja de la idea de que todos podemos ser saludables solo si pertenecemos a un patrón físico - Créditos: @Gentileza Kachet bikinis

MADRID.– Desde hace tiempo vemos modelos más diversos de salud, cuerpos diferentes a lo normativo, más reales, y esto no es producto de la casualidad ni de la dejadez: es resultado de un movimiento que se plantó frente a la jerarquía de la delgadez. Hartos, pero principalmente hartas, de someternos a dietas, restricciones, deporte excesivo, ayunos, operaciones estéticas, y de empequeñecer nuestro cuerpo y modificarlo para conseguir encajar, surgió una mirada que pone en el centro la salud fuera de los cánones estéticos.

HAES (Health at every size) es un movimiento pacífico que pretende evidenciar que la salud está íntimamente relacionada con factores sociales, económicos, ambientales y que, por lo tanto, requiere de una respuesta social y política. Se aleja de la idea de que todos podemos ser “saludables” solo si pertenecemos a un patrón físico. Reivindica la salud en todos los cuerpos y todas las tallas, ya que la salud es algo integral y el peso no dice nada sobre ella. Históricamente, la delgadez ha sido la abanderada de la salud, sin saber qué escondía esa delgadez y, por supuesto, dejando fuera y acusando de enfermedad o malos hábitos a todos los cuerpos que no cumplan esos cánones.

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Solamente por el hecho de ver un cuerpo de un tamaño mayor suponemos que no tiene unos buenos hábitos alimentarios, que no hace deporte, que es sedentario y que tiene análisis clínicos que asustan al miedo. ¿De dónde sale tal afirmación? ¿Cómo sabemos todo eso simplemente viendo un cuerpo? En realidad no lo sabemos, pero al poner el peso en el centro del paradigma de la salud, todo lo que se aleje de ese rango de peso ideal está enfermo o descuidado. ¿Cuántos delgados se ven en clínicas y hospitales con valores en sangre bastante mejorables? Pues los mismos que personas con cuerpos más grandes: los hay con análisis clínicos perfectos y con análisis regulares.

Health at every size muestra diversidad, visibiliza distintos tipos de cuerpos sin etiquetarlos
Health at every size muestra diversidad, visibiliza distintos tipos de cuerpos sin etiquetarlos - Créditos: @Gentileza Limay Denim

Como digo, no es patrimonio de la delgadez tener un colesterol perfecto. De hecho, pacientes que padecen anorexia restrictiva tienen un perfil lipídico exagerado y tienen una ingesta muy limitada de grasa, pero su colesterol y sus triglicéridos están por las nubes, ya que su propio cuerpo los genera para favorecer su supervivencia. Estoy segura de que si hiciéramos una cata ciega de análisis, el de una persona que pasa por una anorexia se le atribuiría a una persona de gran tamaño corporal.

Además, la salud parece ser el último privilegio para adquirir. Se acuñó el término “salutismo” para describir la creencia o el valor moral en lo que se convirtió la salud, y la consecución de esta. Casi que el objetivo principal de la vida es conseguir salud y disfrutar de ella, y para lograrla se pone en el centro a la fuerza de voluntad y perdemos los contextos personales. No todos tenemos los mismos recursos económicos, ni sociales, no tenemos el mismo acceso a una alimentación saludable, por lo que se crea un estatus: yo soy saludable y tú no. Ahora la salud da prestigio.

HAES busca que la salud sea accesible para todos y se procuren los mismos recursos para todos, o al menos que se tengan en cuenta y no se haga una tabla rasa desde el privilegio.

¿Qué reivindica este movimiento?

  • Lo primero, que la salud no es algo único en cuerpos delgados o normativos. La salud es posible en todas las tallas: ningún peso asegura estar sano ni, por el contrario, estar enfermo.

Proponen que los médicos no prescriban pérdida de peso, ni pautas de adelgazamiento, sino cambio de hábitos hacia otros saludables
Proponen que los médicos no prescriban pérdida de peso, ni pautas de adelgazamiento, sino cambio de hábitos hacia otros saludables - Créditos: @Getty Images
  • No romantiza la obesidad, ni hace apología de esta: solo muestra diversidad. Visibiliza otros tipos de cuerpos sin etiquetarlos. Es importante sentirse representado y tener referentes. Pocas mujeres nos sentimos representadas en las modelos hiperdelgadas de los ‘90 y por eso, entre otros motivos, crecimos en la insatisfacción corporal. Si solo se visibiliza ese tipo de cuerpos, se asume que no estamos bien y que hay que modificar los nuestros para estar lo más cerca del canon. Puede ser que creas que ahora es excesivo, que parece que solo hay cuerpos grandes y muy grandes. Propongo mirar hacia atrás y preguntarnos si era normal que solo hubiera cuerpos tan sumamente delgados. Ahora hay de todo, pero nos llaman la atención los novedosos. Es importante saber que la OMS ya no contempla la obesidad como una enfermedad, sino como un factor de riesgo. ¡La ciencia avanza!

  • Promueve que no se haga una medicina “pesocentrista”, es decir, que ante un cuerpo grande el primer diagnóstico no sea la pérdida de peso. De esta manera parece que toda dolencia que sufra una persona gorda es causada por sí misma. Lo mismo es necesario desde la nutrición: no podemos prescribir pérdida de peso, ni pautas de adelgazamiento, ni desviar la atención de la consulta sobre el peso (que es algo que voluntariamente no podemos controlar, no se puede pesar determinados kilos porque sí). Debemos centrarnos en lo que se puede cambiar y sostener en el largo plazo, como los hábitos alimentarios, la actividad física, la mejora de la calidad del sueño, poner el foco en la mejora de la calidad de vida del paciente y sacar de la consulta la báscula. Si el paciente pierde algo de peso será como consecuencia de los cambios anteriores, pero nunca será el objetivo de la consulta.

  • Que el peso haya sido el epicentro de cualquier consulta de nutrición tuvo graves consecuencias. Existen los dietantes crónicos, aquellas personas que van de una dieta en otra, porque al ser pautas muy restrictivas, no adaptadas a su vida, metidas con calzador y no individualizadas, no pueden hacer cambios de hábitos reales y periódicamente van de una a otra, pasándose la vida a dieta. Sin olvidar los casos más graves, no hay que perder de vista que al menos un 10% de los trastornos de conducta alimentaria (TCA) comenzaron con una dieta.

Este movimiento retomó la semilla del fat activism de la década de los 70 y hace menos de tres meses, la Universidad de Harvard presentó un programa de salud en todas las tallas. Es un movimiento nuevo e imprescindible. Se vienen cambios. Se le acusa de anticiencia, cuando es la misma ciencia –pero sin sesgos esta vez– la que lo avala.

Por Azahara Nieto

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