El misterio de los soldados caídos en Waterloo podría tener respuesta

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La batalla de Waterloo, óleo de William Sadler II, imagen Wikipedia
La batalla de Waterloo, óleo de William Sadler II, imagen Wikipedia

El 18 de junio de 1815, cerca de la pequeña población belga de Waterloo, a unos 20 kilómetros al sur de Bruselas, el ejército del emperador Bonaparte se enfrentó a las tropas aliadas comandadas por el duque de Wellington. Napoleón regresaba de su primer exilio en la isla de Elba sin sospechar que aquel campo de batalla significaba el final de su carrera política y militar. Los aliados se hicieron con la victoria en Waterloo e iniciaron una incursión en Francia que acabó con la toma de Versalles y el segundo (y definitivo) exilio de Napoleón en la isla de Santa Elena.

Waterloo representa un momento decisivo en la historia de la humanidad pero no hay que olvidar que también fue una batalla multitudinaria y cruel. Las bajas son difíciles de precisar pero se estiman en docenas de miles de caídos, 28 000 muertos y heridos por parte de los franceses y cerca de 14.000 bajas en el bando aliado… y es aquí donde llega uno de los misterios más curiosos de este pasaje histórico. A pesar de que el lugar de la batalla es bien conocido, los diferentes proyectos arqueológicos apenas han encontrado restos de aquellos soldados caídos.

Por ejemplo, en 2015 se descubrió un esqueleto durante la construcción del nuevo museo y aparcamiento en el sitio. Más tarde, en 2019, el proyecto Waterloo Unconvered desenterró huesos amputados de piernas humanas en una excavación del principal hospital de campaña aliado. También hay constancia de un esqueleto de procedencia incierta en el museo de Waterloo… pero no son restos muy significativos y, por supuesto, no se corresponden con la cantidad de bajas que las crónicas históricas describen. De hecho, existen testimonios y relatos que indican las ubicaciones exactas de tres fosas comunes que, en teoría, albergaban los restos de hasta 13.000 cuerpos. No se han encontrado restos, por lo que muchos historiadores e investigadores siguen preguntándose dónde han ido a parar los restos de aquellos soldados muertos en batalla.

Esta semana, un nuevo estudio realizado por el célebre historiador Tony Pollard, Director de Arqueología en la Universidad de Glasgow, sugiere que los restos óseos de los fallecidos en Waterloo habrían terminado convertidos en abono y polvo de hueso usado como fertilizante. “Muchos venían a robar las pertenencias de los muertos, algunos incluso robaban dientes para hacer dentaduras postizas, mientras que otros venían simplemente a observar lo que había sucedido y también había “comerciantes de huesos”, explica el autor principal del estudio. Era habitual que los campos de batalla europeos terminaran convertidos en fuente conveniente de hueso que podría triturarse en harina de hueso, un fertilizante eficaz y muy utilizado por toda Europa, donde las islas británicas eran uno de los principales mercados para esta materia prima.

En el estudio, publicado en el Journal of Conflict Archeology, el arqueólogo de Glasgow reúne datos originales que comprenden descripciones y dibujos del campo de batalla, realizados por personas que los visitaron en los días y semanas posteriores a la derrota de Napoleón. Ofrece diferentes testimonios y relatos de aquella fecha y muestra “al menos tres artículos periodísticos de la década de 1820 en adelante que hacen referencia a la importación de huesos humanos de los campos de batalla europeos con el fin de producir fertilizantes”.

El estudio menciona también las cartas y memorias personales de un comerciante escocés que vivía en Bruselas en el momento de la batalla, James Ker, quien visitó Waterloo los días posteriores a la batalla y describe a los hombres muriendo en sus brazos. La localización de las fosas donde enterraban a los caídos eran bien conocidas y Pollard apunta a que, en los meses posteriores a las batallas, los buscadores de huesos llegaban discretamente al lugar en busca de estos enterramientos para lograr su particular botín.

La hipótesis de Pollard tiene sentido, es congruente con los testimonios y relatos de la época y podría ser una explicación lógica al misterio de los restos de los soldados de Waterloo. No obstante, la teoría se basa en testimonios, artículos y relatos por lo que el siguiente paso del arqueólogo escocés es “intentar identificar áreas de alteración del suelo para probar que las fosas comunes se alteraron para desenterrar los huesos, así como más investigaciones documentales y más excavaciones que proporcionarán una información más definitiva sobre el destino de los muertos de Waterloo.”

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Referencias científicas y más información:

Pollard, Tony. «These spots of excavation tell: using early visitor accounts to map the missing graves of Waterloo». Journal of Conflict Archaeology, junio 2022, DOI:10.1080/15740773.2021.2051895.

University of Glasgow “New stydy suggests mystery still surrounds what happened to the bodies of Waterloo militaries

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